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La radicalización de una facción de mujeres detonó la fractura entre las diferentes colectivas que tomaron las instalaciones de la CNDH. Dos organizaciones demandantes de justicia abandonaron la “Okupa Casa Refugio Ni Una Menos” entre acusaciones de amenazas

 “Me voy muy molesta porque amenazaron a mi familia: a mi hija y mis nietos. Todo el tiempo me han estado agrediendo. Dicen que soy ratera. Ya me mataron a una hija y amenazaron a. Voy a entregar las instalaciones a Segob [Secretaría de Gobernación] y a mí que me endosen”, dice a Contralínea Yesenia Zamudio –líder del Frente Nacional Ni Una Menos– al abandonar la toma de las instalaciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) el pasado 18 de septiembre.

La radicalización de una facción de mujeres detonó la fractura entre las diferentes colectivas que tomaron la sede de la CNDH, ubicada en la calle de Cuba número 60, en el Centro Histórico. Acusaciones encontradas de mal manejo de dinero –incluso de saqueo– llevó a dos organizaciones demandantes de justicia a retirarse de la renombrada “Okupa Casa Refugio Ni Una Menos”. Al tiempo se señalaron amenazas supuestamente proferidas por algunas mujeres que permanentemente ocultan sus rostros.

La hija de Yesenia Zamudio dice que cuando quiso entrar a la CNDH para encontrarse con su madre, integrantes de la colectiva Okupa Bloque Negro le impidieron el paso: “me dijeron que no podía grabar, pero no grababa. Me preguntaron quién era y les contesté que era hija de Yesenia. Me dijeron que nada más por ser hija de ella podían hacerme algo. No sé quién fue, están encapuchadas”.

Ante ello, Yesenia Zamudio decidió abandonar las instalaciones de la CNDH, junto con su hija y sus dos nietos. “Dicen que están con el movimiento y que nos ayudan, pero las encapuchadas nos agreden. Amenazaron a mi hija y a mis nietos. No tengo por qué estar soportando esto. El Frente Nacional Ni Una Menos se va”, expresa.

Posteriormente, alrededor de 30 personas, provenientes de La Montaña de Guerrero salieron del lugar con sus pertenencias. Todo esto, mientras se realizaba una asamblea a puerta cerrada entre las integrantes del Bloque Negro.

“Nos vamos por muchas situaciones: algunas personas van a ver a sus familias y regresan, pero otras nos vamos en apoyo a Yesenia. Además de que nosotras también fuimos agredidas el Día del Grito, cuando sacaron a dos compañeros del edificio porque dijeron que ese lugar era de puras mujeres y tuvieron que pasar la noche en la calle. Después se fueron a un hotel”, explica María Guadalupe Rodríguez Narciso, representante del colectivo Padres y Familiares de Desaparecidos, Secuestrados, Asesinados en Guerrero y el País.

“Nos molesta que critican cómo trabajamos. No venimos a que nos enseñen y menos que mañana me griten que por ellas conseguimos la solución a los familiares de las víctimas”, agrega.

Por su parte, las integrantes del Bloque Negro se deslindaron de las acusaciones de Yesenia Zamudio y aseguraron que ellas habían sufrido agresiones por parte de la representante de Ni Una Menos: “recibimos muchos insultos. Llegó a decirnos que éramos una bola de pendejas, que no teníamos nada que opinar, nada más acuerpar”, afirman a Contralínea.

“Intentamos dialogar con ella muchas veces pero no se logró. Nos deslindamos de cualquier cosa que diga. Si se quieren retirar ellas, que lo hagan. Ya se están yendo las personas que venían con Yesenia”.

La toma del órgano nacional garante de derechos humanos inició el 2 de septiembre, cuando Marcela Alemán –madre de una menor de 7 años agredida sexualmente en 2017– se amarró a una silla dentro de las oficinas de la Comisión, como protesta por la inatención que se le ha dado al caso de su hija por parte de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas.

Tres días después –el viernes 4 de septiembre–, diversos colectivos feministas y víctimas de desaparición y feminicidio tomaron la CNDH y anunciaron al personal que la Comisión se convertiría en un refugio para las familias que han sido abandonadas por las autoridades.

Desde ese momento, las principales demandas fueron: el reconocimiento público por parte del gobierno federal de la gravedad de la violencia feminicida y de género que existe en el país; que las personas titulares de las Secretarías de gobierno no emitan discursos que minimicen dicha violencia y que las instancias encargadas de investigar los casos de las víctimas actúen con perspectiva de género, como lo establece la Corte Interamericana de Derechos Humanos. 

Origen de las fricciones

“Aquí no hay protagonismos. Este lugar es para las madres. Háganme el pinche favor de quedarse calladas cuando hablan las madres. Les pido respeto para ellas, que vinieron de la Sierra […]. Esta lucha no es individual, es para todas y con todas. La chamba no la han hecho las feministas, nosotras nos quedamos bien pendejas. La lucha la están haciendo las madres, las de la Sierra, las que rascan, las que están sacando con sus uñas los restos de sus hijas e hijos”, manifestó Yesenia Zamudio, líder del Frente Nacional Ni Una Menos.

“El Bloque no viene a hablar. El Bloque se queda callado, como siempre, ‘acuerpando’ a las familias. El Bloque no se tiene que nombrar. No sean pendejas. El Bloque es acción, no piche bla bla bla […]. Aquí no es un grupo nada más, ya dejen de hacerle a la mamada. Por eso nos matan: por las pinches divisiones”, agregó Zamudio, durante la “antigrita” realizada el pasado 14 de septiembre.  Éste fue el punto de quiebre entre el Frente Nacional Ni Una Menos y Okupa Bloque Negro. Sin embargo, las fricciones se intensificaron cuando integrantes del Bloque Negro demandaron la transparencia de los donativos recibidos por la representante del Frente. Aclaraciones que, de acuerdo con coordinadoras de la organización, se realizarían el jueves 17 de septiembre. Ello no sucedió porque las redes sociodigitales del colectivo habían sido bloqueadas.

“Las fricciones se intensificaron cuando integrantes del Bloque Negro demandaron la transparencia de los donativos recibidos por la representante del Frente”

Rosalinda Pimentel Bermúdez, quien acompaña legalmente los casos de las familias del Frente Ni Una Menos, explica el contexto en el que Yesenia pidió a las integrantes del Bloque que se callaran: “mientras muchas de las madres de las víctimas hablaban, porque a muchas se les dificulta hablar el castellano, las compas [del Bloque estaban] en el desmadre absoluto, abajo. Nadie estaba oyendo lo que decían las víctimas”.

Dice también que cuando la líder de Ni Una Menos dijo: “no nos hagamos pendejas”, se refería a todas aquellas personas que insinuaban que las integrantes del Frente se enriquecían con los donativos recibidos.

La abogada Pimentel expone que otra de las razones del desacuerdo interno es que El Bloque Negro no quería a ningún elemento policiaco dentro del Refugio, pero ellos acompañaban a madres de víctimas que contaban con medidas cautelares interpuestas para su protección. “Las compañeras no pueden renunciar a las medidas de protección en la capital del país: si renuncian aquí, renuncian en su estado y en su estado las matan”.

Y agrega: “no las podemos obligar a que renuncien a lo poquito que han ganado. Y eso es algo que no queda claro: el no tomar decisiones por las otras y replicar lo hecho por el sistema patriarcal”.

¿Y las donaciones?

Tras los desacuerdos, las colectivas feministas exigieron a Zamudio transparentar los gastos de las donaciones recibidas a partir de la toma de las instalaciones; sin embargo, aseguraron que ella se rehusó.

“Cuando intentamos organizarnos con ella, hacer un inventario o tratar de que fuera transparente lo de las donaciones, no se logró. Siempre reaccionaba mal. Muchas veces nos agredió, incluso, hay testigos”, afirman integrantes del Bloque Negro.

Además, durante la asamblea realizada para informar lo ocurrido en la reunión que tuvieron las familias con la Secretaría de Gobernación el 17 de septiembre, las miembros de El Bloque Negro reclamaron, entre gritos, “querer cuentas claras” sobre los estados de cuenta de Yesenia Zamudio. Ello, como respuesta a la petición de Zamudio de “tener control sobre medicamentos”.

En un video difundido en redes sociales, las demandantes gritaron a Yesenia Zamudio: “¡Queremos cuentas, queremos cuentas!”, mientras ella se retiraba del lugar. “Los donativos han sido para todas, no para tu familia nada más”, señalaron a la dirigente y a su hija.

Al respecto, dicen a Contralínea que siempre que abordaban el tema económico “Yesenia se va”.

 

De acuerdo con la abogada Rosalinda, el total de donaciones y gastos se harían públicos durante la asamblea, pues no tenían los estados de cuenta de Zamudio. Sin embargo, al haberle negado la entrada, los datos los transparentaría en las redes sociales de la organización.

“A Yesenia le exigen cuentas del apoyo que ha llegado, pero el apoyo es para nosotras y en nosotras está haciendo el gasto. A nosotras nos da de comer, nos compra ropa porque la que traen a veces no nos queda. Ella solventa todos los gastos y a quien tiene que dar cuenta es a nosotras [las familias] no a ellas”, asegura a este semanario María Guadalupe Rodríguez.

La también integrante del Frente Guerrero por Nuestros Desaparecidos añade que la colectiva feminista demandante de cuentas preguntó a las familias si la lideresa les había pagado el transporte, a lo que todas respondieron que sí.

“El dinero que ha llegado es para nosotros y estamos viendo cómo gasto el dinero en nosotros. Quienes le vamos a hacer cuentas somos nosotros. Ellas no tienen legitimidad para luchar porque ni son víctimas, sólo dicen que están ahí para que no les pase. Por todo eso nos vamos [del refugio]”, reitera.

En contraste, una representante del Bloque Negro asegura en entrevista –sin aceptar revelar su nombre– que la fundadora de Ni Una Menos México había tergiversado los datos de las donaciones efectuadas por el Bloque y que lo había hecho específicamente contra Érika Hernández, integrante de la colectiva feminista. “Ella en todo momento estuvo haciendo públicos todos los datos. A lo que nosotras teníamos acceso lo hacíamos público. Al final, ella [Yesenia] quedó como la que se chingó el varo”.

Las integrantes del Bloque indican que se quedarán en lo que seguirá siendo un refugio para las víctimas de violencia feminicida y de género, así como para familiares de afectados por desaparición forzada. Dicen que no entregarán las instalaciones pese a la salida de algunas familias.

“Las miembros del Bloque indican que se quedarían en lo que seguirá siendo un refugio para las víctimas de violencia feminicida y de género, así como para familiares de afectados por desaparición forzada”

Ello, pese a lo declarado por la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, el 10 de septiembre respecto a que las demandas de las quejosas ya habían sido resueltas, por lo que las instalaciones de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos ya tendrían que estar liberadas.

“Yo creo que si ya se está atendiendo su reclamo y se va a atender de manera profesional y adecuada, no tendrían porque estar dentro de las instalaciones si sus legítimas preocupaciones y reclamos están siendo debidamente y puntualmente atendidos desde la Secretaría de Gobernación, con todas las instancias que nosotros tenemos para atender violencias”, señaló en la conferencia presidencial de aquel día.

Intentos de acuerdos

Tras el discurso Yesenia Zamudio en “la antigrita” sobre limitar al Bloque Negro a sólo “acuerpar” la lucha, Jenny Godínez –también abogada del movimiento feminista– explica que la activista por los derechos de las mujeres ofrecería una disculpa pública, pero que El Bloque se negó.

En opinión de Godínez, el rechazo de la disculpa pública representa una división. “Lo que quieren es romper el pequeño paso histórico que habíamos dado juntas de unir fuerzas para que vinieran mujeres de otros estados. Ya se rompió con esto”.

La licenciada Rosalinda Pimentel coincide en la descomposición del movimiento de mujeres que ocupaban la CNDH y reconoce un punto de quiebre en la organización interna.  “Las formas de Yesenia no han sido las más adecuadas, y nunca las hemos disculpado. Incluso, es un tema señalado a Yesenia”.

“Descomposición del movimiento de mujeres que ocupaban la CNDH y un punto de quiebre en la organización interna”

Además, resalta la “falta de cordura” por parte del Bloque Negro, puesto que quienes forman parte de esa colectiva tienen métodos de exigencia distintos, “y no es que creamos que romper y quemar no sea una opción. Nosotras lo hemos hecho, pero no se vale que no se entienda que tu lucha es tan digna como la mía y que tu rabia es tan digna como la mía. Peleamos de maneras diferentes, pero lo más importante es preservar la vida de nuestras compañeras”.

El Bloque Negro es un grupo de mujeres que “acuerpan” la toma del “Okupa Casa Refugio Ni Una Menos”. Vestidas de negro, supuestamente buscan promover solidaridad entre las manifestantes, para no ser identificadas por las autoridades y así accionar como una masa homogénea. Su fin no es ejercer violencia contra otras personas sino contra símbolos del poder político.

En las manifestaciones, este grupo contiene la represión policiaca y cualquier otra situación que ponga en riesgo quienes participen. De acuerdo con la activista  Nat Saxosa, “jamás se vulnera a una encapuchada, jamás porque cuando una lleva la capucha, es todas. No han entendido. Feministas es lo que hace temblar al gobierno. Si ustedes le tiran al Bloque, están jugando del lado del sistema. Nosotras cerramos filas. Nadie que se deslinde o vulnere al Bloque Negro es o será aliada”.

Ante los señalamientos entre las organizaciones de mujeres, Pimentel lamentó que no se tenga conciencia de clase en el movimiento feminista, “porque la de género no nos alcanza y la victimológica tampoco. Estamos hablando de gente que tiene que escoger entre comer e ir a ver cómo está su carpeta de investigación. A esas alturas estamos”.