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Por la pandemia de Covid-19, el déficit financiero para lograr en 2030 el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 Educación de Calidad (ODS 4) de la ONU aumentará a 205 mil millones de dólares anuales en los países de ingreso bajo y mediano, indica el reporte Impacto de la pandemia en el sector educativo y estrategias de reapertura.

Elaborado por el Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques, órgano dependiente del Senado, el reporte señala que a inicios de 2020 el déficit financiero anual para cumplir el ODS 4 era de 148 mil millones de dólares anuales, lo equivalente al 29 por ciento del total del presupuesto necesario. En 2015 el déficit económico era sólo del 11 por ciento. Sin embargo, agrega, las naciones podrían reducir en 75 por ciento el citado costo adicional derivado de la pandemia de Covid-19 mediante la instrumentación de programas de recuperación y rematriculación educativa.

“La educación permite la movilidad socioeconómica ascendente y es clave para salir de la pobreza y, para lograrlo, el financiamiento a la educación es imprescindible. Por otro lado, con base en el Education Finance Watch, la Unesco ha reportado que dos tercios de los países de ingresos bajos y medianos han recortado sus presupuestos educativos, en un momento que no se lo pueden permitir”, señala el Centro de Estudios.

Asimismo, de acuerdo con datos de la Unesco, 1 mil 600 millones de estudiantes, desde prescolar hasta educación superior, han sido afectados por las medidas de confinamiento impuestas tras la actual emergencia sanitaria, de los cuales 160 millones pertenecen a Latinoamérica.

Además, cerca de 826 millones de los estudiantes que vieron suspendidas sus clases presenciales por la pandemia –alrededor del 50 por ciento– no tienen en su casa acceso a una computadora, 706 millones de alumnos no cuentan con Internet y 56 millones viven en regiones sin redes móviles, abunda el reporte.

“El giro hacia lo virtual visibilizó la falta de herramientas digitales en general y su impacto en el esquema educativo, ya sea en la metodología del aprendizaje, en las relaciones interpersonales de niños y adolescentes, en acrecentar la pobreza educativa, la brecha tecnológica, la violencia intrafamiliar, la inseguridad alimentaria y la no conciliación entre la vida familiar y laboral de los padres”, asevera el instituto.

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