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Son al menos 17 las mineras canadienses que han dañado a comunidades mexicanas, denuncia la Red Mexicana de Afectados por la Minería (Rema) con base en datos del Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina. No obstante, destaca el caso de First Majestic Silver Corp que también ha evadido impuestos y que recientemente fue reconocida por el Centro Mexicano para la Filantropía como empresa socialmente responsable cuando la realidad es que es lo contrario, según considera la organización.

Al respecto, señala que desde su llegada a México en 2004, First Majestic acumula un adeudo en impuestos por más de 500 millones de dólares. Esto derivado de mantener artificialmente bajos los precios de la plata y de no pagar por la exportación de la plata extraída. Pero eso no es lo peor, sino la secuela de daños que deja a su paso por las comunidades.

La extractora de plata y oro, refiere la Rema, cuenta con tres minas en funcionamiento en este país: la mina de oro y plata San Dimas, Durango; la mina de oro y plata Santa Elena, Sonora, y la mina de plata La Encantada, Coahuila, además de tener otros ocho proyectos en distintas fases de desarrollo.

Como ejemplo de los daños ambientales en los que la canadiense ha incurrido en México, cita el derrame de cianuro en la Encantada en 2016; también recuerda un accidente laboral del 1 de mayo de 2017, que produjo la muerte de cuatro trabajadores: Waldemar García Pérez, Juan Raúl Diego Cedillo Arredondo, Manuel Colunga Oñate y Jesús Alberto Sánchez Montoya.

Otros ejemplos, indica, son: la contaminación del río San Rafael y las enfermedades en la población derivadas la por su mina Del Toro en Zacatecas; la tala de más de 2 mil hectáreas de bosque, el derrame y entierros de residuos tóxicos, que han contaminado ríos y manantiales provocados por sus minas La Guitarra y El Coloso, en el Estado de México.

Para la Rema, hay un daño implícito al patrimonio cultural con la adquisición de una concesión minera para la empresa canadiense en Real de Catorce, San Luis Potosí, ya que la zona se localiza sobre el santuario natural de Wirikuta, destino de peregrinación inmemorial del pueblo wixárika (huichol). (Augusto Peña)