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El riesgo de mortalidad por la enfermedad por coronavirus (Covid-19) se ve incrementado por la comorbilidad de enfermedades cardiovasculares y pulmonares y, sobre todo, por la contaminación del aire, advierte el informe Contribuciones regionales y globales de la contaminación del aire al riesgo de muerte por Covid-19.

“El análisis de los primeros resultados del coronavirus del síndrome respiratorio agudo severo (SARS-CoV-1) en 2003, y las investigaciones preliminares de los del SARS-CoV-2 desde 2019, proporcionan evidencia de que la incidencia y la gravedad están relacionadas con la contaminación del aire ambiental”, destaca el documento de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC).

Subraya que la fracción de la mortalidad por Covid-19 es atribuible a la exposición prolongada a la contaminación del aire por partículas finas en el ambiente, con base en datos satelitales y cálculos de la fracción antropogénica con un modelo de química atmosférica.

El informe, elaborado por Andrea Pozzer, Thomas Münzel, Francesca Dominici, Andy Haines, ChristianWitt y Jos Lelieveld, señala que el grado en que la contaminación del aire influye en la mortalidad por Covid-19 se obtuvo a partir de datos epidemiológicos en Estados Unidos y China.

“Estimamos que la contaminación del aire por partículas contribuyó en un 15 por ciento a la mortalidad por Covid-19 en todo el mundo, 27 por ciento en Asia oriental, 19 por ciento en Europa 17 por ciento en América del Norte”, apuntan los expertos.

A nivel mundial, entre el 50 y el 60 por ciento de la fracción antropogénica atribuible está relacionada con el uso de combustibles fósiles, hasta entre el 70 y 80 por ciento en Europa, Asia occidental y América del Norte.

Concluyen que los resultados sugieren que la contaminación del aire es un cofactor importante que aumenta el riesgo de mortalidad por Covid-19. Esto proporciona una motivación adicional para combinar políticas ambiciosas para reducir la contaminación del aire con medidas para controlar la transmisión de Covid-19.

La exposición a la contaminación del aire ambiente supera la de las enfermedades infecciosas y es comparable a la del tabaquismo. La mortalidad por Covid-19 depende de las comorbilidades, incluidas las condiciones que aumentan los riesgos cardiovasculares, como hipertensión arterial, diabetes mellitus, obesidad y enfermedad arterial coronaria establecida, así como enfermedades respiratorias, condiciones como el asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), siendo similares a las que se ven influenciadas por la contaminación del aire.

Se demostró que las lesiones pulmonares, incluido el síndrome de dificultad respiratoria aguda potencialmente mortal y la insuficiencia respiratoria, así como el síndrome coronario agudo, la arritmia, la miocarditis y la insuficiencia cardíaca, son clínicamente dominantes, lo que conduce a complicaciones críticas de Covid-19.

De la información disponible, se deduce que la inflamación inducida por la contaminación del aire conduce a una mayor vulnerabilidad y menos resiliencia, y las condiciones previas aumentan la vulnerabilidad del huésped.

La contaminación del aire causa eventos adversos a través de infarto de miocardio y accidente cerebrovascular, y es un factor adicional capaz de aumentar la presión arterial, mientras que hay evidencia emergente de un vínculo con la diabetes tipo 2 y una posible contribución a la obesidad y una mayor resistencia a la insulina.

Es posible que la investigación futura revele vías adicionales que median la relación entre la contaminación del aire y el riesgo de muerte por Covid-19.

La contaminación también es un cofactor pero con menor contribución de las actividades humanas. Al relacionar las anomalías de la contaminación del aire con los resultados de salud a corto plazo durante el bloqueo social inducido por Covid-19, se descubrió que sólo en China se pueden haber evitado más de 4 mil 600 muertes.

“Una lección de nuestra perspectiva ambiental de la pandemia de Covid-19 es que debe acelerarse la búsqueda de políticas efectivas para reducir las emisiones antropogénicas, que causan tanto la contaminación del aire como el cambio climático. La pandemia termina con la vacunación de la población o con la inmunidad colectiva a través de una infección extensa de la población. Sin embargo, no existen vacunas contra la mala calidad del aire y el cambio climático. El remedio es mitigar las emisiones”, subraya el informe.

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