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México enfrenta tres grandes riesgos derivados del aceleramiento del proceso de vacunación contra la Covid-19, advierte Francisco Franco Quintero Mármol, maestro en Inteligencia y Seguridad Internacional, por el King’s College London. Éstos son: que se favorezca la idea de que “cualquier cosa es mejor que nada”; que se desperdicie dinero público, y que se privilegie la economía a la salud pública nacional.

“Es un hecho que hay intereses políticos, económicos y sociales para acelerar el proceso de vacunación en todo el mundo. Sin embargo, con la necesidad de hacerlo rápido, dado el contexto mexicano, se podrían generar una serie de riesgos que afectarían la confianza de la gente en el proceso mismo de vacunación”, subraya en su análisis ¿Qué riesgos habrá al acelerar el porceso de vacunación contra el Covid-19?, publicado por el Centro de Inteligencia y Seguridad.

El coordinador ejecutivo del diplomado de Seguridad Internacional, Operaciones de Paz y Resolución de Conflictos en la Universidad Iberoamericana, explica que el primero de esos riesgos –que se privilegie el “cualquier cosa es mejor que nada”– se deriva de que las vacunas son críticas en la salud pública porque previenen enfermedades, protegen a las personas vacunadas y frenan la transmisión comunitaria. Sin embargo, ese importante objetivo se produce sólo si la vacuna aprobada funciona bien.

Agrega que en este caso no se tendría claridad sobre el tiempo de vida de la inmunidad que genera en las personas vacunadas ya que incluso puede ser menor o no funcionar correctamente de acuerdo con la información proporcionada por la farmacéutica.

Respecto del segundo riesgo –que se desperdicie dinero público–, observa que la primera generación de vacunas probablemente no sea tan efectiva como las de próximas generaciones y eso sería un riesgo muy importante ya que el gobierno se quedaría sin recursos para adquirir vacunas mejores que podrían aparecer en el segundo trimestre del 2021.

Añade que si eso sucediera podríamos esperar que el gobierno presionará aún más a empresarios, instituciones y servidores públicos para conseguir esos recursos. Pero el riesgo más importante es que si las inversiones iniciales no logran un impacto significativo en la salud de la población, depende en gran medida de lo que esperan obtener.

En este sentido, explica que se puede esperar que, por el lado de las personas vacunadas, que serán pocas en un primer momento, pueden pasar por alto que la efectividad de la vacuna es de 95 por ciento y entonces, a los que no les hará efecto, podrían tener un comportamiento que ponga en riesgo al resto de la población.

Por el lado de los no vacunados, por las expectativas que tendrán de que en el algún momento accederían a la vacuna, podrían relajar las medidas de higiene y ponerse en riesgo ya que probablemente las siguientes vacunas no llegaran a tiempo.

Es poco probable que la vacuna sea igualmente eficaz en toda la población mexicana. En cambio, es posible que necesitemos diferentes tipos de vacunas que induzcan diferentes tipos de inmunidad, aunque eso no sucederá en el corto plazo en México.

Respecto del tercer riesgo –que se privilegie la economía a la salud pública nacional–, indica que éste radica sobre todo en la esperanza de tener en el futuro una “normalidad” más parecida a 2019 pasa necesariamente por lo que hagamos en estos momentos.

El uso generalizado de una vacuna de primera generación que tiene una inmunidad de solo meses o la desinformación sobre las consecuencias, puede alterar permanentemente la capacidad de desarrollar y probar mejores productos y sobre todo minar la confianza de la población en ser voluntarios para nuevas pruebas o el hecho de rechazar vacunarse.

En otras palabras, lo que podría ser bueno para los negocios y los intereses políticos del gobierno, podría resultar fatal para la salud pública mexicana.

Estos riesgos pueden disminuirse si el gobierno diseña una campaña de vacunación clara, planeada con métodos científicos y transparente. Sobre todo, tendrá que destacar que aun a pesar de tener vacunas es importante no disminuir las medidas de seguridad aun entre las personas vacunadas.

El reto es grande dado que no ha sido el fuerte de la administración federal el comunicar con eficacia sobre la Covid-19 y las medidas necesarias para evitar un mayor contagio.