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Berlín, Alemania. El conflicto entre la República Árabe Saharaui Democrática y el Reino de Marruecos tomó un nuevo giro el pasado 13 de noviembre 2020, tras 45 años de ocupación y 29 años de alto el fuego. Desde la instalación de un campamento de pobladores saharauis en la brecha ilegal de El Guerguerat a lo largo del muro de separación entre el territorio liberado y el ocupado por Marruecos el pasado 21 de octubre la situación se fue tensando, hasta la intervención militar por el Ejército marroquí para desmantelarlo de forma violenta, agrediendo a población civil saharaui desarmada. A raíz de ello el ejército saharaui intervino en su defensa, y de ahí en adelante el Frente Polisario declaró roto el Alto el Fuego, retornando en consecuencia a la segunda lucha armada por la liberación del Sahara Occidental.

Con los enfrentamientos bélicos en curso desde más de 3 semanas, la guerra no solamente se lleva a cabo en el frente de guerra, sino en los medios de comunicación. Así, en la vía de los hechos Rabat ha optado por insistir en el cumplimiento del alto el fuego y de los acuerdos militares, además de justificar la intervención en El Guerguerat para garantizar la “libre circulación” de bienes y personas. No obstante, no ha reaccionado en ningún modo a los ataques del Ejército de Liberación Saharaui.

Ningún comunicado figura en el portal del gobierno marroquí de Saadedine El Otmani al respecto, ni en la administración de facto marroquí en el Sáhara Occidental que siquiera reconoczca el estado de guerra decretado por el Frente Polisario. Tampoco el Consejo de Seguridad de la Organización de las Nacones Unidas (ONU) parece haber reaccionado hasta ahora a este cambio de statu quo en ese territorio no-autónomo africano, cuando la República de Sudáfrica tiene la presidencia rotativa del Consejo de Seguridad.

Únicamente el portavoz del secretario general de la ONU, Stéphane Dujarric menciona el tópico el pasado 13 de noviembre 2020 en un comunicado, donde llama a la desescalación y a evitar todo cambio del statu quo en vigor. También afirma que “el secretario general lamenta que estos esfuerzos hayan resultado infructuosos y expresa su grave preocupación por las posibles consecuencias de los últimos acontecimientos. El secretario general sigue empeñado en hacer todo lo posible para evitar el colapso del alto el fuego […] y está decidido a hacer todo lo posible para eliminar todos los obstáculos a la reanudación del proceso político”. A parte de llamar a las partes de cooperar con la Minurso (Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental) en el cumplimiento de su misión y su libre circulación, la cual no es otorgada justamente por Marruecos. La confianza de los saharauis hacia la Minurso es la que más ha sufrido debido a su inacción y su falta de resultados tangibles en 29 años.

Tan sólo la Unión Africana, entidad supranacional a la que pertenecen tanto la República Saharaui como Marruecos, por su lado expresó el pasado 6 de diciembre 2020 en una cumbre virtual por su presidente rotativo, el sudafricano Cyril Ramaphosa “su gran preocupación por la situación en el Sáhara Occidental, la cual exige que todo el esfuerzo sea hecho para facilitar la autodeterminación del pueblo del Sahara Occidental”. Junto a Sudáfrica, también Zimbabue y Lesotho han reiterado su apoyo a la “Hoja de ruta maestra de la Unión Africana de medidas prácticas para silenciar las armas en África a otro decenio (2021-2030)”, de la cual una parte sustancial constituye terminar de forma definitiva el conflicto, según los principios de la autodeterminación de los pueblos.

El pasado 3 de diciembre 2020 la embajada de la República Árabe Saharaui Democrática en México ofreció una rueda de prensa impartida por el embajador saharaui Ahmed Mulay Ali, director general de América Latina y el Caribe de la cancillería saharaui. Ahí el diplomático reaccionó a los acontecimientos en curso, afirmando que “desgraciadamente el Consejo de Seguridad no se movió. Sabemos que está atado por Francia. El secretario general [de la ONU] no se movió. Fue entonces la inercia de la comunidad internacional representada por este organismo [la cual] obligó a los saharauis a tomar una decisión.”. Y esta vuelta a la segunda lucha armada conlleva un fin de una etapa de negociaciones de casi 30 años y un regreso a un conflicto activo “hasta que se llegue a un acuerdo definitivo que obligue a Marruecos a salir del territorio saharaui ocupado por él”, subraya Mulay Ali.

En la medida que el Ejército Saharaui está engrosando en sus filas a conciudadanos no solamente de los mismos campamentos de refugiados, pero también de la diáspora en Europa y África, quienes han respondido al llamado del Frente Polisario para defender la causa, y están recibiendo la formación militar para poder incorporarse plenamente. Las mujeres por igual están siendo incorporadas en plena igualdad con los hombres. Disponen de una escuela militar propia, y se prevé que cumplan diferentes roles, sea en el cuidado de los heridos como enfermeras, pero también para mantener el orden público en los campamentos o en el frente de guerra mismo.

El diplomático Mulay Ali agrega que su país sigue comprometido con la paz y la resolución del conflicto. Así tanto la ONU y el Consejo de Seguridad, como la Unión Africana por medio del Consejo de Paz y Seguridad, pueden coadyuvar a la solución definitiva de este conflicto, en la medida que ésta contemple la salida efectiva de las tropas marroquíes del territorio saharaui.

En cambio, la situación de las zonas ocupadas es un tanto diferente, pues la población saharaui se enfrenta desde décadas a una presencia fáctica de fuerzas del orden marroquíes. Actualmente cuando las autoridades alauítas por un lado niegan todo enfrentamiento bélico en lo que denominan las “provincias sureñas” del reino, sí llevan a cabo una subida de la represión de la población local. Las redadas contra barrios con población saharaui, la detención de periodistas locales que buscan reportar los hechos, y un toque de queda en las principales ciudades bajo régimen de ocupación como El Aaiún, Dajla, Smara y Bojador por ejemplo. Concretamente lo más grave sería en este caso que los saharauis de las zonas ocupadas decidan atacar a población civil marroquí, procurándose las armas del mismo ejército marroquí.

Las operaciones diarias de los soldados saharauis hacia puntos militares del muro de fortificación, también conocido como “muro de la vergüenza” a lo largo de 2 mil 720 kilómetros, hasta ahora no han pasado de una táctica de desgaste por ahora. No obstante, todos los objetivos son netamente militares y nunca civiles, llevados a cabo en el territorio saharaui propiamente hablando. Ahmed Mulay recalca que “la República Saharaui no atacó ni rompíó el cese el fuego. Llevamos 30 años dando concesiones por nuestra parte para que se pueda llegar a cumplir ese plan de paz. El que estaba dando marcha atrás y está rompiendo los acuerdos es Marruecos con sus aliados”.