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Liderazgo –y no un discurso de lamento y llanto basado en la sumisión­– es lo que caracteriza a las mujeres tzotziles de Aldama, Chiapas. Ellas hablan de su derecho a la tierra y el territorio; reiteran la necesidad de vivir en paz, luego de más de 40 años de recibir agresiones armadas provenientes del municipio vecino: Santa Martha, Chenalhó, reconoció la periodista Ángeles Mariscal en el conversatorio “Desplazadas de Aldama”.

Una entrevista realizada por el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas da cuenta del discurso de una mujer tzotzil que pelea por “lo que les fue arrebatado”: “lo que queremos es la solución inmediata del conflicto agrario, porque nosotros estamos sufriendo mucho estas agresiones armadas porque nosotros no somos los ladrones del territorio, los que nos despojaron nuestras tierras son los de Santa Martha. Ellos si son los ladrones […]. El gobierno sólo toma una parte: el lado de Santa Martha. Está protegiendo a los grupos armados. A nosotros ni nos toma en cuenta porque tenemos a varios muertos y heridos”.

La formación zapatista de algunas de las mujeres de Aldama es lo que derivó en el liderazgo que ha observado Mariscal, miembro de la Red de Periodistas de a Pie, durante el tiempo que ha documentado el conflicto agrario entre los municipios de Aldama y Chenalhó, en el que se disputan 60 hectáreas de tierra por un “error de repartición arbitrario” realizado por la Secretaría de la Reforma Agraria, como lo calificó la antropóloga Araceli Burguete.

El conflicto ha provocado oleadas de violencia que obligan a los habitantes ubicados en Los Altos de Chiapas a desplazarse –desde marzo de 2018– de manera intermitente, es decir, buscan resguardo en la montaña o, incluso, en los cafetales pueden dormirse para proteger su vida. Estos desplazamientos pueden ser de horas, días o tiempos más prolongados. “No hay una sola forma de desplazamiento”, explicó la periodista y fotógrafa feminista Marissa Revilla.

Además, especificó que son las mujeres quienes velan por el cuidado de sus familias, pues además de manejar el miedo de ser atacadas junto con sus familias en cualquier momento, tienen la preocupación de no poseer comida para sus hijos, están expuestas a los cambios climáticos a las picaduras de los moscos, con el miedo de ser atacadas en cualquier momento.

Es por eso, que en opinión de Hazalía Hernández Rodríguez, integrante del Fray Bartolomé de las Casas, las desplazadas “se han convertido en defensoras de derechos humanos, han organizado proceso independientes ante la ausencia y la omisión del Estado Mexicano que niega de manera reiterada la crisis de desplazamiento forzado”.