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Estados Unidos de América presume de ser el modelo democrático. Hablan del “sueño americano” y presumen del “american way of life”. Se dicen defensores de los “derechos humanos”. Pero no hay nada mas falso que la “democracia” estadunidense. Manejan el país las grandes corporaciones controladas por la oligarquía financiera.

Podemos hablar de que lo que existe en el país vecino es una “corporacracia”. Para imponer sus intereses usan a dos partidos, Republicanos y Demócratas, que defienden al Imperio y su hegemonía y al sistema capitalista, el sionismo, la política antiinmigrante, la sujeción de México y de toda América Latina y el Caribe, el ataque a todo gobierno popular y a quien se le oponga a las corporaciones estadunidenses y a la oligarquía mundial.

En Estados Unidos no hay “democracia representativa”, sino “representación corporativa”. Las elecciones las gana el dinero. Nadie puede competir en este sistema sin invertir cientos de millones. Este año se tuvo la elección más cara de la historia. Costó 14 mil millones de dólares. Cada vez se gasta más. En la última elección presidencial de 2016 se gastaron “sólo” 7 mil 400 millones de dólares. Es claro que son las elecciones del dinero.

Y los donantes que determinan el gasto de cada candidato son las grandes corporaciones y los millonarios más ricos. En realidad invierten para conseguir grandes contratos. El promedio de riqueza de los congresistas es de 1 mil millones de dólares y sólo representan a los grandes capitales. Compran anuncios en los medios de comunicación, hacen propaganda, mandan correos, telefonazos, viajan y la mayor parte se gasta en anuncios en la televisión. Las campañas no promueven un proyecto de nación ni la solución a los problemas, no hablan de los cambios necesarios. Sólo prometen, insultan, mienten, atacan al oponente, lo ensucian, incluso hasta en su vida personal. Se promueve la lucha entre personalidades y no entre proyectos.

La lucha facciosa de las elites de la cúpula de Estados Unidos enfrenta sus intereses al grado que actualmente se ha desarrollado una guerra civil soterrada. Y las contradicciones entre demócratas y republicanos, Federación, estados y alcaldías, agencias de inteligencia y fuerzas militares se agudiza más que nunca. Siempre por intereses cupulares mezquinos.

En Estados Unidos puede ganar quien recibe menos votos. En las elecciones presidenciales de 1824 1876, 1888, 2000, y 2016 ganó quien no recibió la mayoría de los sufragios. En cinco ocasiones ha asumido el poder el candidato con menos votos populares, los últimos fueron George W Bush frente al ganador Al Gore y Donald Trump frente a Hillary Clinton quien obtuvo 3 millones más de votos.

En ese país cada facción representa intereses privados y ya no reconoce a las autoridades que deciden. Para la oligarquía la colectividad constituida por el pueblo no existe, no está reconocida por las instituciones que llaman “democráticas” y que son viejas y caducas. En Estados Unidos, gane quien gane, demócratas o republicanos, quien triunfa es Wall Street, el complejo militar industrial, las corporaciones y los lobbies.

Pero los problemas de la población se agudizan en “el país mas rico del mundo”. Han muerto por la pandemia de Covid-19, 250 mil personas y se han contagiado más de 11 millones, en un país con el sistema de salud desmantelado, privatizado e inaccesible para la mayoría de la población.

Los males son muchos, 18.7 millones de niños estadunidenses viven en situación de pobreza. El país enfrenta desafíos únicos que les obliga a sufrir problemas de salud, violencia, drogadicción y la falta de una educación adecuada.

En Estados Unidos existen 27 millones de adictos y 66 millones de alcohólicos. Cada 20 minutos muere una persona por sobredosis de heroína. Nixon comenzó en 1971 la “guerra contra las drogas” y cada vez aumenta más el consumo. Es un gran negocio para las corporaciones que se benefician.

Los derechos básicos son violados. California, Nueva York, Texas y Florida, son estados que, a pesar de ser de los más ricos de EU, tienen más personas viviendo en la calle. Los sin techo en EU llegan a 600 mil personas y son los más vulnerables al Covid-19. Pasan gobiernos demócratas y republicanos y el problema aumenta.

Cuarenta millones de estadunidenses viven debajo de la línea oficial de pobreza. El país más rico del mundo ha levantado su imperio primero sobre la esclavitud y hoy bajo el trabajo de migrantes y la explotación de millones de obreros. Eso ni Trump ni Biden lo resolverán.

Estados Unidos es el país del mundo con más prisioneros, tienen 2.2 millones encarcelados en prisiones federales y locales, con una tasa de 655 presos por cada 100 mil habitantes. Han privatizado las cárceles y es un negocio para ellos. Se violan derechos humanos al por mayor. De 1620 a 1860 llegaron a ese país 600 mil africanos secuestrados y esclavizados. Se abolió la esclavitud en 1865. Hoy existe la moderna esclavitud de unos 12 millones de indocumentados mexicanos, más los migrantes de otros países, también entre los 2.2 millones de presos que someten a trabajos forzados.

En Estados Unidos, los candidatos hablan de “oportunidades”. Pero los derechos: alimentación, salud, educación, vivienda, empleo, condiciones laborales, tienen que garantizarse. No basta con “oportunidades” que puedes ganar o perder, sino derechos garantizados. No debe haber “ganadores y perdedores”. En el ámbito político el pueblo debe hacer prevalecer la voluntad popular.

Desde 1804, en Estados Unidos el que vota es el Colegio Electoral. No hay voto directo, porque no les convenía a los esclavistas, ya que en el norte se votaba más que en el sur y los esclavos no votaban. Pero otorgando los votos a cada estado en relación con su población les convenía porque el esclavo valía 3/5 de persona y eran muchos, y sólo votaba el amo.

Los padres fundadores de Estados Unidos eran esclavistas. George Washington y Thomas Jefferson tenían esclavos. Su independencia fue en 1776 y hasta 1865 liberaron a los esclavos. Pero a los afroamericanos los segregaron hasta 1965. Y hoy, como vemos, sigue el racismo.

En Estados Unidos vemos una situación caracterizada por la anarquía, representada no sólo por los que vemos en la calle, sino también porque las instituciones constitucionales ya no funcionan para resolver los problemas entre las facciones dirigentes y menos los del pueblo. La Constitución de 1787 establecida en la Independencia sirvió para acomodar a las clases dirigentes y para preservar el sistema esclavista asalariado y el racismo.

Trump ha ordenado al Fiscal General Barr autorizar al departamento de Justicia para impugnar el resultado de los comicios. Seguirá presentando demandas y recurriendo a todos los métodos de recuento posibles. Hablan de votos ilegales en Pensilvania, Michigan, Georgia, Wisconsin, Nevada, Carolina del Norte. Todavía el 10 de noviembre se estaban recontando los votos de Pensilvania, Wisconsin, Michigan, Arizona y Nevada. La elección en Estados Unidos puede ser impugnada en 2020. No es algo nuevo, en 1800 fue impugnado Jefferson, en 1824 Jackson, en 1860 a Lincoln, en 1876 Hayes, en 1960 Kennedy. Ahora Trump se ve decidido a judicializar el proceso. Ya está hablando de irse a la Suprema Corte.

Para México muy en el fondo son iguales los demócratas o los republicanos. El muro lo comenzó Clinton en 1994 con la Operación Guardián. Construyó 600 kilómetros. Bush avanzó. Obama votó por el muro y construyó 156.1 kilómetros en Tucson. Cuando llega Trump ya alcanzaba 1 mil 50 kilómetros. Él ha alardeado mucho pero sólo ha construido 450 kilómetros. Barack Obama prometió en campaña reforma migratoria. No hizo nada y tenía mayoría en el Congreso para hacerlo, y peor aún rompió récord en deportaciones y redadas. Él comenzó separando familias y enjaulando niñas y niños.

Hoy la anarquía va de la mano con la violencia en Estados Unidos. Los métodos para resolver los problemas ya no funcionan más. La cúpula política está dividida y puede ser que la cúpula militar también. Hay riesgo de guerra civil. Este año se han comprado 17 millones de armas y la polarización se agudiza.

Ante esta situación, el pueblo de Estados Unidos se prepara para echar por la borda la vieja Constitución y construir un nuevo sistema democrático donde el pueblo tenga la palabra, se resuelvan pacíficamente los conflictos y se armonicen los intereses individuales con los colectivos. En el que se respeten los derechos de todas y todos. Es un fenómeno objetivo y demuestra la necesidad de una renovación democrática. Es hora de una Nueva Constitución en Estados Unidos construida por su pueblo y en su interés.

Hoy el pueblo se mueve por un cambio. Este año 20 millones de personas se han movilizado en 13 mil 500 acciones desde el asesinato de George Floyd. Hay quien dice que son “manipulados”, como si el pueblo no pudiera defender sus intereses. De hecho hay movimientos en ascenso en la última década: en 2010-2011, Ocupa Wall Street, Black Lives Matter; a partir de 2014, la resistencia en Standing Rock con los indígenas sioux, al movimiento MeToo, y este año el movimiento actual contra el racismo y la brutalidad policiaca.

Se multiplican los movimientos sociales a nivel nacional a favor de los migrantes, contra las guerras, la violencia hacia la mujer, por un control en la venta de armas, en relación con el cambio climático, exigiendo derechos, de tal magnitud no tienen precedentes en la historia del país. Son multirraciales, con gran participación de jóvenes y se desarrollan en todo el país. Una gran red de organizaciones progresistas busca rescatar la democracia estadunidense, durante y después de las elecciones federales.

El pueblo de Estados Unidos está movilizándose: sindicatos, movimientos antirracistas, veteranos por la paz y organizaciones antiguerra, ambientalistas, defensores de migrantes se han organizado en coaliciones y coaliciones de coaliciones como “Proteger los Resultados”, dispuestos a defender la democracia. Los trabajadores se organizan, exigen democracia ya, laboran en el sector transporte, postales, de la salud, industria de la carne, aviación, maestras y maestros, de comunicaciones y servicios, automotrices, alimentos. Sindicatos como AFL-CIO, TWU, AFT. De hecho este año ha habido 1 mil 160 huelgas.

Parece que luego de una elección en medio de la pandemia de Covid-19 y con una participación sin precedentes en el país, todo está en vía de resolverse a favor de Biden. Pero si el 14 de diciembre el Colegio Electoral no logra concretar la elección y el congreso a partir del 3 de enero no ratifica la decisión, será el congreso el que decida. Por otro lado se habla de aplicar la 25 Enmienda de la Constitución. que le permite al Congreso remover al presidente. La moneda no deja de estar en el aire, aunque Biden va de gane.

Se vive enorme tensión y son muchos los escenarios que pueden desarrollarse en el país vecino. Sólo una cosa es clara a los ojos del país y del mundo: la urgencia de un profundo cambio al que aspira y por el que lucha su pueblo, que ama la democracia. El creativo, capaz y noble pueblo de Estados Unidos que ya no quiere guerra, ni racismo, inequidad, ni violación de derechos o violencia sabrá construirse un sistema democrático y justo, adecuado al Siglo XXI en el que no manden las corporaciones; que sea el pueblo sea el que decida.

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Pablo Moctezuma Barragán*

* Doctor en estudios urbanos, politólogo, historiador y militante social

 

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