sábado 5, diciembre 2020

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Fueron las mujeres p’urhépechas de Cherán quienes hicieron frente al crimen organizado y a los talamontes que despojaban su bosque, su territorio y saberes ancestrales, y contaminaban un manantial. Son ya 9 años de que ellas, desde la acción directa, lideraron el movimiento por el que se logró la autonomía del municipio indígena ubicado en la Sierra tarasca en Michoacán; una lucha por la defensa de la vida y el territorio.

Antes del levantamiento de la comunidad michoacana, en 2011, el miedo era palpable en las calles, pues fueron privatizadas: había cobro por el derecho de piso en los mercados; los trabajos del campo se trasladaron al pueblo porque la gente tenía miedo de ir a sus trabajos agrícolas, recordó Malely Linares, miembro del Programa de Posgrado en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Durante la mesa “Territorio, mujeres y cuerpos comunales”, del Coloquio Autonomía y Emancipación en América Latina, agregó que las amenazas de ir por las mujeres, y luego de acabar con el bosque, eran latentes.

Con base en lo dicho por la antropóloga Rita Laur Segato, Linares explicó que el cuerpo de las mujeres y el feminizado tienen una dimensión arcaica territorial, por lo que “son vistos como el bastidor donde se colocan signos de pertenencia”.

Para sostener la resistencia contra “el sistema mundo capitalista”, y defender su cultura, cosmogonía y el territorio-cuerpo-tierra, los comuneros y mujeres de Cherán emprendieron un rescate de los saberes ancestrales, de la memoria, de sus prácticas comunitarias. Actividades que, de acuerdo con Linares, las mujeres se han encargado de que prevalezcan, como el cultivo de las plantas medicinales, practicar la partería tradicional por aquellas “tejidas por la defensa al territorio, por la defensa de la madre tierra”.

El “mapeo del territorio-cuerpo” fue otra de las actividades emprendidas primordialmente desde la narrativa de las mujeres de la comunidad, dado que “nos acerca a la reflexión de cómo en los contextos extractivos, la naturaleza, al igual que los cuerpos de las mujeres es considerada un territorio que tiene que sacrificarse para permitir la reproducción del capital”. Territorio que puede ser explotado, violentado y despojado. Y es que lo femenino “es considerado naturaleza sometida y subordinada, mismo que debe sostener la reproducción de la vida aún cuando los ecosistemas son destruidos”, detalló en su ponencia Malely Linares.

Lo anterior contrasta con la concepción de los cuerpos de hombres, ya que lo masculino, explicó, es relacionado con las actividades económicas de producción basadas en el control de la naturaleza.

La integrante del Posgrado en Estudios Latinoamericanos enfatizó que el papel de las mujeres en Cherán ha sido de relevancia “en la revitalización del tejido social y en la recuperación de las prácticas tradicionales” comunitarias.

Desde el Consejo de la Mujer, uno de los objetivos es reivindicar el papel de la mujer, considerando que ésta es la base de la familia, de acuerdo con los valores de los usos y costumbres purépecha, así como impulsar los derechos de la mujer indígena, indicó.

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