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La brecha de género es un tipo de violencia contra las mujeres que también se presenta en las universidades del país. Por cada 17 hombres hay dos mujeres trabajando en los institutos de investigación científica, mientras que en los de ciencias y humanidades hay dos mujeres, por cada nueve hombres, indicó Cintia Martínez Velasco, profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Otro tipo de violencia que afecta a las universidades es la falta de paridad de género. De acuerdo con cifras que me proporcionó Tamara Martínez, directora de la Coordinación de Igualdad de Género [de la UNAM] en el estudiantado ya no hay brecha de género, pero no pasa lo mismo con las académicas quienes ahí son el 45 por ciento contra 55 por ciento de hombres”, explicó.

La también doctora en filosofía resaltó que esto se debe al “techo de cristal” que persiste en estas instituciones. De acuerdo con la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres, dicho termino se refiere al conjunto de normas no escritas al interior de una organización que dificulta a las mujeres tener acceso a puestos de alta jerarquía. Esto significa un tope laboral, generado por estereotipos.

Durante el conversatorio virtual “Violencia contra las mujeres universitarias”, Martínez Velasco destacó que lo mismo sucede en los puestos de dirección, donde la brecha de género es “tremenda”, pues al frente de las facultades hay seis mujeres por cada 15 hombres.

Ante ello,  Stefanny Daniela Mora, una estudiante de maestría de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), comentó que es necesario que se renueven las legislaciones universitariasporque no están hechas para crear equidad. Son muy viejas, y eso permea en las dinámicas de violencia que se pasan por alto en las instituciones educativas”.

Violencia institucional, impedimento para acceso a educación y justicia

Además de la violencia física, psicológica, sexual y hasta patrimonial que se ejerce dentro de las universidades, la violencia institucional es el mayor impedimento que tienen las mujeres para acceder a la justicia -en caso de ser víctimas de algún tipo de agresión- y a una educación de calidad, consideraron estudiantes y profesoras de diferentes escuelas.

“A las universidades les concierne atender todos los tipos de violencia, pero que no reconozcan que existe un problema y que se deben tomar cartas en el asunto, impide el derecho a la educación de calidad. Las mujeres deberíamos poder desenvolvernos con la misma libertad que los hombres, y eso no sucede”, aseguró Sofía Cruz, participante en la creación del Protocolo para la Atención de Casos de Violencia de Género de la UNAM y Prepa Ibero.

“Que no reconozcan que existe un problema y que se deben tomar cartas en el asunto impide el derecho a la educación de calidad. Las mujeres deberíamos poder desenvolvernos con la misma libertad que los hombres”

En el mismo conversatorio, Sofía Cruz recordó que una de las recomendaciones de la organización internacional ONU Mujeres es que cuando se apliquen políticas en favor de las mujeres, se tiene que hacer un diagnóstico sobre cuáles son las formas de violencia que sufren las estudiantes, profesoras, trabajadoras y académicas en las universidades, y la frecuencia de las mismas. Sin embargo, no se acatan dichos lineamientos.

Por ello, dijo, es importante nombrar y exponer todas las violencias que se viven y que muchas veces se minimizan o pasan por alto porque no hay sanciones, pero “no nos damos cuenta que todos los tipos de violencia, por mínima que sea, conllevan al feminicidio o a la violación“.

Las universitarias también expusieron la violencia testimonial que ejercen las instituciones cuando se emprende alguna denuncia contra algún profesor, estudiante o trabajador, pues no se les reconoce como interlocutoras legítimas ; sólo se les cuestiona y revictimiza.

“Cuando ya pasó algo y no hay sanción, hay impunidad en favor de personas violentas (…) Si se está avanzando en la implementación de protocolos (, unidades de género y materias sobre el tema es porque nosotras, las mujeres, lo estamos empujando”, manifestó Stefanny Daniela Mora.

Por último, las estudiantes y profesoras determinaron que para vivir una vida libre de violencia dentro de las universidades es necesario que éstas sean conscientes de lo que ocurre dentro de sus instalaciones y apliquen normativas actualizadas que combatan la violencia de género. Asimismo, pidieron a las mujeres estar al tanto de las personas que se contratan para verificar que sean personas capaces de aplicar los lineamientos por completo.

“Las universidades son un catalizador social: lo que pasa aquí puede que se replique en otros ámbitos sociales. Esta nueva ola del feminismo en las universidades trasciende las aulas; apuntamos más lejos, a una transformación en el mundo. Es muy importante reconocernos como mujeres, aceptarnos y denunciar, pues históricamente nos han enseñado a callar y aceptar que nos violenten“, finalizó Diana Grisel Fuentes, maestra en filosofía.