jueves 3, diciembre 2020

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En las postrimerías del sexenio de Peña Nieto, Contralínea reveló el contenido del Plan Militar de Defensa Nacional Conjunto, el documento oficial con mayor nivel de secrecía que resguardan las Fuerzas Armadas Mexicanas. Los militares advertían de una embestida de Estados Unidos. En el documento, las firmas de los entonces secretarios de Marina, Vidal Soberón, y de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, quien fue detenido el jueves pasado por autoridades estadunidenses acusado de narcotráfico

Seis “amenazas”, siete “riesgos” y 11 “desafíos” eran lo que más preocupaba a los altos mandos de las secretarías de la Defensa Nacional (Sedena) y de Marina (Semar) al final del sexenio de Enrique Peña Nieto. Los entonces titulares de las dos dependencias militares estamparon sus firmas al final de un legajo de 60 páginas, antes de los anexos: el general de división Salvador Cienfuegos Zepeda (matrícula 6416991) y el almirante Vidal Francisco Soberón Sáenz (matrícula S-6605839).

El documento lleva por título Plan Militar de Defensa Nacional Conjunto, considerado por las autoridades militares como “secreto”, el más alto nivel de reserva de los documentos clasificados, por encima de aquellos con el sello de “cerrado”, “restringido” y, aún, “confidencial”.

La principal amenaza enlistada es una intervención militar extranjera ejecutada o provocada por Estados Unidos, país siempre al acecho de los intereses nacionales, advertía el archivo que estuvo bajo custodia del hoy procesado por narcotráfico ante el Poder Judicial estadunidense Salvador Cienfuegos Zepeda, máxima autoridad militar de México durante el sexenio de Enrique Peña Nieto.

“El hecho de que una nación poderosa como los Estados Unidos de América se perciba amenazada en sus intereses desde nuestro país, ésta podría emprender acciones diplomáticas y económicas e incluso llegar a efectuar una intervención militar”, señala textualmente el documento.

Tal estrategia estadunidense incluye propiciar que se considere a México como un “Estado fallido” y, con ello, justificar “una intervención militar para proteger sus intereses”, explica.

Fuentes militares consultadas por Contralínea señalan que hoy esta amenaza es mayor no sólo por la postura del actual titular del Poder Ejecutivo estadunidense, Donald Trump, sino también por los problemas que está provocando a nivel mundial.

El Plan Militar de Defensa Nacional Conjunto no sólo es un diagnóstico. También, una estrategia que evalúa las capacidades militares para defender y asegurar la permanencia del Estado mexicano. Las tres Fuerzas Armadas Permanentes (el Ejército Mexicano y la Fuerza Aérea Mexicana, organizadas y administradas por la Sedena; y la Armada de México, organizada y administrada por la Semar) se coordinan y delimitan sus campos de acción para enfrentar los “antagonismos” que acechan a México. Además, refleja las precariedades militares para hacerles frente: falta de equipo; deterioro de instalaciones militares; déficit de tropas, armamento y presupuesto, y una legislación inadecuada.

El Plan Militar de Defensa Nacional Conjunto se define a sí mismo como el “documento militar reservado que establece las estrategias para la articulación, el desarrollo y el empleo de las capacidades de las Fuerzas Armadas, a fin de responder efectiva y coordinadamente contra amenazas, riesgos y desafíos que se opongan a la consecución y/o mantenimiento de los intereses y objetivos de defensa”.

La versión que publicó Contralínea el 22 de octubre de 2018 data del 30 de julio de 2013, cuando luego de 5 meses concluyeron los trabajos intersecretariales Sedena-Semar, ordenados por el presidente Enrique Peña Nieto para restructurarlo. La anterior versión databa de 2004. A decir de la Sedena –en respuesta a una solicitud de información presentada por Contralínea en 2013–, “el documento se encuentra resguardado en una caja fuerte, cuyo acceso está restringido a determinados elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional”.

En cinco partes, la investigación periodística dio cuenta de qué decían proteger los militares a los mexicanos y del porqué, como señala el propio documento, las Fuerzas Armadas Mexicanas son “fuertes para la seguridad interior, pero vulnerables en la defensa exterior”.

El Plan Militar de Defensa Nacional Conjunto, documento secreto elaborado por la Sedena y la Semar, desnuda la fragilidad del Estado mexicano ante seis amenazas –la intervención militar extranjera, la primera de ellas– y reconoce la incapacidad de las Fuerzas Armadas para enfrentarlas.

Las otras cinco amenazas enlistadas son el empleo de armas de destrucción masiva; el terrorismo; la delincuencia organizada trasnacional; los grupos antisistémicos armados, y los ataques cibernéticos.

El Plan Militar de Defensa Nacional Conjunto, diagnóstico que sintetiza las principales amenazas, riesgos y desafíos al Estado mexicano, así como las capacidades militares para hacerles frente, coloca a la intervención militar extranjera en primer lugar de las amenazas.

El mismo documento explica que tal peligro recibe la principal atención no porque sea inminente, sino porque el escenario internacional es cada vez más complicado y las capacidades de reacción militar del país son muy limitadas. Por ello, las Fuerzas Armadas llaman a construir fortificaciones que eventualmente puedan servir de sedes alternas de gobierno y de coordinación para la defensa de la nación.

Contralínea posee copia del documento secreto elaborado durante el sexenio que está por concluir. Está firmado por los titulares de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y de la Secretaría de Marina (Semar): el general de división Salvador Cienfuegos Zepeda y el almirante Francisco Soberón Sáenz.

Además, el escrito cuenta con la aprobación del presidente de la República, Enrique Peña Nieto, en su calidad de comandante supremo de las Fuerzas Armadas.

Se definen las amenazas al Estado como “antagonismos intencionales generados por el poder de otro Estado o agentes no estatales, mediante acciones violentas en los campos político y militar que ponen en peligro la seguridad interior y la defensa exterior”. De las seis amenazas, una la define como “tradicional” y las otras cinco como “emergentes”.

Los “riesgos” que se establecen en el documento son: la migración a gran escala; los desastres naturales, ambientales, sanitarios y antropogénicos; la situación geoestratégica; la ausencia de alianzas en aspectos de defensa; la pérdida de gobernabilidad y gobernanza; la vulnerabilidad en las fronteras, y los conflictos regionales.

Por su parte, los “desafíos” que, según el Plan Militar, obstaculizan la salvaguarda, seguridad y permanencia del Estado mexicano son: la situación geopolítica; la dependencia tecnológica del extranjero para el sector defensa; la inobservancia de los derechos humanos; el sector educativo rezagado; la falta de oportunidades para el desarrollo humano; la deficiente identidad nacional; la falta de inversión en defensa; el deterioro del tejido social; el crecimiento económico limitado; la desconfianza mutua entre Estados, y el deficiente sistema de procuración de justicia.

Humberto González Arroyo, especialista en inteligencia para la seguridad nacional por el Instituto Nacional de Administración Pública (INAP), fue consultado por Contralínea al revelar el documento en octubre de 2018. Entonces explicó que: “El Comando Norte de Estados Unidos, dentro de sus planes y agenda, considera a México como una parte muy importante para su seguridad. Sin embargo, somos la parte más vulnerable, lo cual obliga a combatir las amenazas asimétricas regionales y fortalecer el sistema de justicia”.

También consultado al respecto, el general brigadier y quien fuera preso político en cárceles militares, José Francisco Gallardo Rodríguez, señalo en aquellas fechas que México tiene una posición geopolítica importante pero, al mismo tiempo, “muy vulnerable” frente a la hegemonía global de Estados Unidos, que cuenta con un ejército de 2 millones de efectivos, tecnología secreta y que necesita recursos de México.

Al preguntarle sobre una eventual agresión militar de Estados Unidos a México, el también doctor en administración pública por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), señaló que esta posibilidad está siempre presente entre las Fuerzas Armadas Mexicanas.

Gerardo Rodríguez Sánchez de Lara, posgraduado en el Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional (Francia), el Institute on National Security de la Universidad de Delaware (Estados Unidos) y el Konrad Adenauer Stiftung (Alemania), dijo entonces que “la seguridad nacional de México se encuentra apalancada con la seguridad y defensa de Estados Unidos y Canadá”.

El también maestro en políticas públicas comparadas por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) explicó que “la hipótesis de agresión entre México y Estados Unidos se eliminó desde la Segunda Guerra Mundial; más bien, México tiene que cooperar con Estados Unidos, el cual se ha visto obligado a reconocer que las amenazas son regionales [y no sólo nacionales]”.

Experto en seguridad nacional, seguridad regional y geopolítica, Rodríguez Sánchez de Lara reconoce que México ha importado la agenda de seguridad de Estados Unidos desde la Primera Guerra Mundial. Y ahora que se adelantó el conflicto comercial entre Estados Unidos y China –previsto por el Consejo de Inteligencia estadunidense para 2030, cuando las capacidades militares y económicas del país asiático rebasarían a Estados Unidos–, México no puede negar que sus intereses están directamente relacionados con su geografía.

“Por eso los enemigos de Estados Unidos son potencialmente también nuestros; no sólo en el ámbito comercial, sino en el de seguridad y el ciberespacio”. Señala que, incluso, con el acuerdo comercial que sustituye al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, México se ve impedido legalmente para ampliar sus niveles de cooperación de seguridad y defensa con potencias como Rusia y China.

Ante la amenaza real de una intervención militar de Estados Unidos o provocada por este país, el Plan Militar de Defensa Nacional Conjunto señala como una necesidad a mediano plazo, “edificar instalaciones fortificadas que resistan los efectos de una posible guerra para el establecimiento de sedes alternas de gobierno y mando de la defensa nacional, que cuente con sistemas de comunicaciones y enlace, que permitan llevar a cabo oportunamente la toma de decisiones en la capacidad de respuesta del Estado ante una intervención extranjera”.

De la misma geopolítica de México y su relación con Estados Unidos, se derivan otros riesgos: el que se cometan actos terroristas en territorio nacional y se utilicen armas de destrucción masiva.

Añade que este tipo de acciones, perpetradas por un Estado u otras organizaciones terroristas que pudieran emplear el territorio nacional para realizar ataques contra la infraestructura mexicana o de Estados Unidos, “podría provocar una intervención militar estadunidense con afectaciones graves a la infraestructura y economía del país […] creando psicosis en la población y en el Poder Nacional, y tendría como consecuencia una parálisis del país [y un escenario de] terrorismo”.

Gerardo Rodríguez Sánchez de Lara señaló que los atentados del 11 de septiembre de 2001 catapultaron el tema del terrorismo y la protección de Estados Unidos como los principales temas de una agenda de seguridad regional.

“El perímetro de seguridad de América del Norte pasó del Río Bravo al Suchiate [es decir, de la Frontera Sur de Estados Unidos a la Frontera Sur de México], mediante un trabajo importante de contrainteligencia para evitar la infiltración de terroristas por México”. Tal política se profundizó durante el sexenio de Felipe Calderón y se mantuvo en el de Enrique Peña Nieto. Una condición preponderante fue la de “contener la migración centroamericana”, explicó el especialista.