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Organizaciones defensoras del medio ambiente y la alimentación libre de transgénicos hacen un llamado urgente al presidente Andrés Manuel López Obrador para que emita un decreto presidencial que prohíba la presencia de transgénicos y glifosato en  el país, previo al marco del Día Mundial de la Alimentación, a celebrarse mañana 16 de octubre.

 

El 22 de agosto pasado, Contralínea documentó que el glifosato ha sido introducido a México por la trasnacional Monsanto y ha dejado un rastro contaminante en territorio nacional. El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) ha revelado afectaciones en tortillas, harinas, leche materna, sangre y orina; también Áreas Naturales Protegidas, agua y cultivos mexicanos.

A través de un comunicado, Greenpeace México y la Campaña Nacional Sin Maíz no hay  País expusieron que esto es con la finalidad de “avanzar hacia una producción agroecológica que garantice tanto la  autosuficiencia y soberanía alimentaria, como los derechos humanos de las mexicanas y los  mexicanos a una alimentación saludable, local, diversa, natural, culturalmente adecuada, que  nos permita preservar la herencia ancestral de los pueblos originarios en torno al maíz y otros  cultivos”.

Las organizaciones indicaron que es tiempo de “saldar la deuda histórica con la diversidad de semillas nativas en México”. Por  ello la urgencia de la “prohibición inmediata de los transgénicos y la prohibición progresiva del  glifosato para 2024”.

El Expediente científico sobre el glifosato y los cultivos GM, elaborado por el Conacyt –que encabeza la científica María Elena Álvarez-Buylla Roces– indica que el glifosato “tiene una correlación entre el aumento de más de 20 enfermedades: oncológicas, endocrinas, metabólicas y neurodegenerativas, así como trastornos sistémicos, y el herbicida”.

 

 

Greenpeace México y la Campaña Nacional Sin Maíz son acompañadas por numerosas organizaciones, ciudadanos, científicos, campesinos,  agricultores, investigadores, consumidores, académicos, artistas e  intelectuales que han luchado por más de 21 años contra los transgénicos y el glifosato en  México, y piden al primer mandatario a “honrar el compromiso que ha realizado públicamente de emitir un  decreto al respecto”.

El llamado también va dirigido a la titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos  Naturales (Semarnat), María Luisa Albores, a quien las  organizaciones de la sociedad civil le expresaron su preocupación por los efectos negativos en la salud y el medio ambiente, ocasionados por el modelo de producción industrial  basado en la sobreexplotación de los recursos naturales, el uso de semillas genéticamente  modificadas y el uso indiscriminado de agrotóxicos.

 

 

“Nos dirigimos a usted para consultar el estatus del Decreto Presidencial para la prohibición de  los transgénicos y del glifosato, mencionado por el Dr. Víctor Manuel Toledo Manzur en su mensaje oficial de retiro de la Semarnat, del cual usted fue testigo. Las organizaciones  firmantes reiteramos la urgencia de la publicación del Decreto Presidencial para proteger la  integridad de México como Centro de Origen del maíz y de numerosos cultivos, entre ellos el  chile, el frijol, la calabaza, la vainilla, el algodón, el aguacate, el amaranto, el chayote, el cacao  y el maguey. Estas especies de plantas son esenciales en el mundo y se tiene que buscar su  conservación para que estén disponibles en el presente y para las futuras generaciones”.

Greenpeace  México y la Campaña Nacional Sin Maíz no hay País señalaron que este Día de la Alimentación “es una  oportunidad para hacer una alerta respecto a que la alimentación, tal como es la práctica  común, con grandes cantidades de productos ultraprocesados y la forma en que estos se  producen, está teniendo efectos negativos en el ambiente y contribuyendo al cambio climático”.

El  presidente Andrés Manuel López Obrador, mencionaron, tiene la oportunidad de cumplir con sus  compromisos de campaña y promulgar dicho Decreto, que “protege los derechos humanos a la  alimentación, al medio ambiente sano, a la salud y a la biodiversidad, entre otros, de las  comunidades campesinas, indígenas, consumidoras y, en general, de todas las personas. Es momento de aprender a producir lo que necesitamos de manera que se pueda preservar la  naturaleza y los servicios ecosistémicos que ésta nos brinda, para las futuras generaciones”.

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