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El uso de fertilizantes, de irrigación en la agricultura, el calentamiento global y el crecimiento desmedido de la población provocará desabastecimiento alimentario a nivel internacional para 2050. Con el fin de prevenirlo, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés) impulsa políticas públicas para transitar a una producción agrícola sustentable, advierte el Centro de Estudios Internacionales Gilberto del Bosque.

En su análisis La agricultura sostenible y su contribución social y ambiental, precisó que usar fertilizantes en las siembras de productos básicos es uno de los puntos negativos, porque en su composición química se encuentran componentes como el nitrógeno y fósforo, entre otros. Aunque su utilización hace rendir la producción, quien paga el precio de su uso excesivo es la tierra, pues los químicos se filtran al agua contaminándola; además de que provoca “eutrifización de lagos, embalses y estanques”; así como perdida de flora y fauna.

El documento señala que además del cambio climático, la agricultura provoca afectaciones ambientales derivadas de la irrigación empleada para esta actividad. Debido a que países dependen cada vez más de la conducción de agua dulce, se corre riesgo de que el líquido vital escasee: hasta ahora, la irrigación representa el 70 por ciento del consumo humano del agua dulce, método que podría incrementar un 15 por ciento o más para 2050.

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Lo anterior da cuenta de que “la agricultura tiene enormes efectos sobre la tierra” como lo señala la FAO en Agricultura mundial: hacia los años 2015/2030. Asimismo, el pastoreo de ganado también repercute de manera negativa en el ambiente. Debido a que “una gran cantidad de territorio usado para el cultivo de alimentos se emplea como pasto para el ganado y alimento para otros animales”. La ganadería agrícola es responsable de una cantidad considerable de emisiones de gas de efecto invernadero, “sobre todo del gas metano”.

Es por eso, que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación  incentiva la transición a una agricultura sostenible  -que debe tener en cuenta la rentabilidad, la salud ambiental y la equidad social y económica- “apoya a productores en la adopción de prácticas y tecnologías innovadoras para incrementar la productividad de manera sostenible, al tiempo que considera las compensaciones”.

Entre las medidas recomendadas por el organismo internacional para la reducción de gases de efecto invernadero está la mejora en el uso de fertilizantes, desarrollar variedades de arroz con emisiones menores de metano, restaurar tierras degradadas; mientras que las medidas para reducir la “inseguridad alimentaria” están: la introducción de sistemas de uso de la tierra para estabilizar pendientes y reducir el riesgo de erosión del suelo, reducir la pobreza rural y urbana,  elaborar planes de auxilio y rehabilitación, entre otros.