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Italia despliega tropas en 40 misiones internacionales: 12 de la Unión Europea, nueve de la OTAN, siete de la ONU y 13 más por su cuenta. Es fácil identificar la correspondencia de estos despliegues con las áreas en las que se concentran los intereses económicos y energéticos del imperialismo italiano y sus monopolios

Como de costumbre, el parlamento italiano aprobó el tradicional decreto del Senado del 4 de junio pasado, para la refinanciación de misiones internacionales. Las más de 40 misiones del año pasado han sido reconfirmadas, repartidas en 3 continentes (África, Asia y Europa-Mediterráneo), incluidas las de Libia, Irak, Níger, Afganistán, Líbano, los Balcanes y Letonia, para una cifra total que, en línea con los años anteriores, supera ampliamente los 1 mil millones de euros. Pero también hay algunas innovaciones importantes que llevan a 47 (unas tres más en comparación con 2019) el número total de misiones en el extranjero y a 8 mil 613 unidades de personal militar involucradas.

De hecho, hay cinco nuevas misiones decididas por el Consejo de Ministros y aprobadas por el parlamento, con un costo adicional de 47 millones 417 mil 373 euros y 1 mil 125 unidades utilizadas en los nuevos teatros operativos: entre estas, encontramos la ya conocida misión naval de la Unión Europea, Irini, en el Mediterráneo frente a las costas de Libia. El costo total de esta misión hasta el 31 de marzo de 2021 será de 21 millones de euros e implicará un contingente italiano formado por una unidad naval, tres aviones y 517 militares.

En suelo libio, donde se desata una larga guerra de partición, el imperialismo italiano también reafirma las cuatro misiones ya en marcha, incluida la misión de asistencia y apoyo bilateral en Libia (Mibil), que incluye el hospital de campaña en Misurata, con 400 unidades de personal militar, 142 vehículos terrestres y dos vehículos aéreos, por un costo de 47 millones 856 mil 596 euros.

Libia confirma, por lo tanto, el centro de los planes estratégicos del imperialismo italiano. Significativas en este sentido son las palabras del canciller Di Maio que identifica los posibles escenarios “a evitar” para Italia, es decir, “una escalada militar con la intervención directa de actores externos”, en particular entre Rusia y Turquía, lo que podría conducir a una redistribución de influencias, reservas de hidrocarburos y áreas de extracción, penalizando los intereses de los grandes lobbies imperialistas italianos, principalmente ENI, que sigue siendo el principal monopolio energético en el país, radicado en la región de Tripolitania. Hablando en la sala de audiencias de Montecitorio el 26 de junio, el ministro de Defensa Guerini dijo que es “muy importante y necesario mantener nuestra presencia en el terreno y estar preparados, en caso de que la situación empeore, para proteger nuestros intereses”.

Directamente conectada con el norte de África y, por tanto, con Libia, se encuentra la zona del Sahel, África subsahariana y el Cuerno de África, una región amplia y estratégica en la que la presencia militar italiana se refuerza con otros dos misiones de considerable importancia: una en el Golfo de Guinea y otra en el Sahel donde ya estaba presente un contingente militar italiano en Níger.

El decreto aprobado por el parlamento afirma la necesidad de una mayor participación militar de Italia en el Sahel, considerada una “zona estratégica prioritaria para los intereses nacionales”, que se hace explícita al unirse a la misión Takuba, nacida por iniciativa francesa, en Níger y Burkina Faso, con tareas de entrenamiento y apoyo a los ejércitos de la fuerza multinacional G5 Sahel (Malí, Níger, Chad, Mauritania y Burkina Faso) y las Fuerzas Especiales en la mal llamada “lucha contra el terrorismo yihadista”.

El grupo de trabajo europeo Takuba actuará en la recién creada “Coalición por el Sahel” en la operación bajo el mando francés Barkhane, presente sobre el terreno desde 2014 en un área tan grande como toda Europa en la que el imperialismo francés concentra fuertes intereses y el papel de poder preponderante. Una convergencia que viene después en la misma zona, como ya se mencionó, también hay una misión bilateral italiana en Níger (con área geográfica de intervención extendida también a Mauritania, Nigeria y Benin), reconfirmado con el despliegue de 295 unidades de personal militar (había 290 en 2019), además del uso de cinco aviones (convencionales y piloteados a distancia) y 160 vehículos terrenos por un coste de casi 44 millones de euros, misión con la que Italia se ha asentado en esta zona en competición con Francia.

Ambas misiones indican cómo esta zona, conectada con Libia, asume una renovada centralidad estratégica, extendida a una zona contigua y complementaria a la misión en el Golfo de Guinea, en las aguas internacionales entre Nigeria, Ghana y Costa de Marfil, una vez –según lo declarado por Guerini– “proteger nuestros intereses energéticos y comerciales, que consisten en la presencia de empresas y transportistas navales nacionales”. En esta zona se encuentran dos de los mayores productores de petróleo africanos, a saber, Nigeria y Angola, países en los que ENI está presente, así como en Ghana y Costa de Marfil.

El objetivo es “garantizar la protección de los intereses estratégicos nacionales en la zona, con especial referencia a las aguas frente a Nigeria”, y se expresa en la utilización de 400 unidades de personal militar, 2 buques de guerra (fragata FREMM, destructores clase Orizzonte) y dos aviones, por un costo de 9 millones 810 mil 838 euros, con los que el gobierno italiano quiere asegurar la protección de las plataformas offshore y de las plantas de extracción de ENI –como se indica explícitamente en el primer punto del decreto de la misión–, garantizar la seguridad de las rutas comerciales marítimas en la zona contra ataques de “piratería”, fortalecer las relaciones con los Estados africanos ribereños del Golfo, proporcionando una actividad de vigilancia naval que no es continua por ahora pero, como surgió en el debate parlamentario, con la “voluntad italiana de garantizar una presencia continua en la zona en el futuro”.

En el lado opuesto del Continente Africano, también se refuerza la presencia en la base militar de Djibouti, con la tarea de asegurar el apoyo logístico para la participación italiana en las misiones en el Cuerno de África y zonas vecinas. Se emplearán 117 unidades militares (había 92 unidades en 2019) y 18 vehículos terrestres, por un costo superior a los 11 millones de euros. También en esta zona es destacable la presencia de misiones y personal italiano: en la misión de la Unión Europea denominada EUNAVFOR,  entre el estratégico Golfo de Adén y frente a las costas de Somalia, con un contingente de 407 militares y el uso de dos buques de guerra y dos aviones, por un costo cercano a los 27 millones de euros; en la misión de formación de la PCSD de la Unión Europea denominada EUTM en Somalia, en el que Italia participa con 148 unidades de personal militar (había 123 en 2019) y 20 vehículos terrestres; en la misión de formación bilateral de las fuerzas de policía de Somalia y Djibouti con el despliegue de 53 unidades y 4 vehículos terrestres en Djibouti.

Otras misiones, como en Egipto, Túnez y Mali, insisten su presencia en esta zona particular del continente africano, donde ENI es el principal monopolio energético que opera en 14 países, al que Italia es uno de los principales exportadores de capital. No es casual, por lo tanto, que aquí se concentre el mayor número de misiones en el extranjero (21 en total), con el despliegue constante de más de 2 mil soldados, lo que demuestra las ambiciones y los intereses geoestratégicos del imperialismo italiano.

Mas, cabe señalar que, la zona anterior está conectada también con el Mediterráneo central y oriental y con el Oriente Medio, donde un total de más de 3 mil militares están desplegados en diversas misiones terrestres y marítimas.

En esas zonas, se reconfirmó principalmente la Misión de Apoyo Resuelto en Afganistán, con 800 soldados, 145 vehículos terrestres y ocho vehículos aéreos, similar a lo esperado en 2019, por un costo aproximado de 160 millones de euros, la misión de la Fuerza Provisional de Naciones Unidas en Líbano (UNIFIL), con un contingente de 1 mil 76 soldados, 278 vehículos terrestres y seis unidades aéreas, con un costo superior a los 150 millones de euros; y la misión Prima Parthica en Irak, con un contingente de 1 mil 100 soldados, 270 vehículos terrestres y 12 aviones y un costo aproximado de 263 millones de euros.

Irak, según los datos de 2019 de la Petroleum Union, es el principal proveedor de petróleo de Italia, con una cobertura del 20 por ciento de la importación nacional de crudo y una presencia consolidada y significativa de ENI en el gran campo de Zubair y en los nuevos campos de Nahr Bin Umar y Artawi. Aquí hay un aumento significativo de 200 unidades en comparación con 2019, con la adición de una batería de misiles Samp-T que se desplegará en Kuwait para proteger los activos nacionales “siguiendo la evolución del escenario geopolítico en el área de operaciones”. Otra misión bajo la égida de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) también está operativa en Irak, en la que Italia participa con 46 unidades de personal militar por un costo de aproximadamente 3 millones de euros. En 2019 Italia participó en esta misión con 12 unidades y ahora es candidata a su liderazgo desde 2021, en previsión de la expansión del dispositivo de la OTAN a la misión paralela de la mal llamada “coalición internacional anti-ISIS” liderada por Estados Unidos.

Sin embargo, pospuso la participación en la misión Emasoh, bajo guía francesa, en la misión en el Estrecho de Ormuz, donde se enfrentan otros más interés imperiales orquestados contra la República islamica de Irán, con Omán y Emiratos Árabes Unidos en la cabeza; encrucijada estratégica para el paso de las rutas comerciales y petroleras a las que Italia ha declarado públicamente su apoyo político. Sin embargo –declaró Guerini–, “creo que es una oportunidad a explorar en el transcurso de 2021”.

Ciertamente, no faltan misiones que involucren a las fuerzas militares italianas en Europa y especialmente en el Mediterráneo. Las principales misiones terrestres siguen siendo la de la OTAN en Letonia (presencia avanzada mejorada) con 200 unidades y 57 vehículos terrestres desplegados a las puertas de Rusia por un costo de más de 24 millones de euros y las de los Balcanes, aquí se destaca en particular la empresa conjunta de la OTAN con 628 unidades de personal militar por un coste superior a los 80 millones de euros. Cinco misiones navales están operativas en el Mediterráneo central y oriental: además de la misión naval EU Irini antes mencionada, está la misión de vigilancia naval del frente sur sur de la OTAN, que se extiende desde Mediterráneo al Mar Negro con la participación de 259 unidades de personal militar, dos vehículos navales y un avión por un costo superior a 16 millones de euros y la operación de la OTAN “Sea Guardian” en el Mediterráneo oriental, en la que Italia participa con 280 soldados, un submarino, un buque de guerra y dos unidades aéreas, por un coste de unos 15 millones de euros aproximadamente.

Este último aumentó significativamente en comparación con 2019, con la participación de 221 soldados más relacionados con los objetivos, como se indica en el decreto, relacionados con “el aumento de un activo naval para la recolección de datos y de presencia y vigilancia naval en la zona del Mediterráneo Oriental”. Un área, recordamos, donde están en curso disputas por la división de zonas económicas especiales, gasoductos, derechos de exploración y explotación de ricos yacimientos de hidrocarburos con la presencia, entre otros, de ENI. En el área de el Mediterráneo central, Italia está presente con la denominada “Operación Mar Seguro”, con el despliegue de 754 unidades de personal militar, seis buques de guerra y ocho aviones.

En total, 12 de estas misiones se encuentran dentro de la Unión Europea, nueve dentro de la OTAN y siete dentro de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), pero en esta clasificación el dato más interesante es que otras 13 tienen lugar en el contexto de coaliciones internacionales ad hoc o iniciativas nacionales, con el mayor número de personal militar comprometido en general.

En esta fase se observa la tendencia hacia una mayor búsqueda de la “autonomía” de las distintas potencias frente a los conglomerados imperialistas de los que forman parte, como resultado de la intensificación de los antagonismos y contradicciones interimperialistas que se desarrollan no sólo entre bloques opuestos, pero también dentro de ellos. Esto también se aplica en parte a la burguesía imperialista italiana, en el desarrollo de su acción diplomático-política y militar, naturalmente insertada dentro de las alianzas imperialistas a las que pertenece. Como ya es conocido, de hecho, la economía italiana ocupa una posición relevante y bien integrada en el sistema imperialista mundial, aunque con algunas “debilidades” en las relaciones de interdependencia con otras potencias más fuertes que ocupan posiciones más altas en la pirámide imperialista, debilidades que, sin embargo, ciertamente no pueden confundirse con formas de subordinación y dependencia por la chauvinista política exterior italiana de Mussolini memoria. Lo que se ha destacado hasta ahora al observar las distintas misiones italianas que son, por cierto, una confirmación más de esto.

En conclusión, estas misiones se concentran en esa gran y estratégica región del mundo, llena de tensiones y peligros, que se extiende desde el Mediterráneo central y oriental hasta los Balcanes, desde el norte y subsahariana África hasta el Cuerno de África y el Cercano y Medio Oriente, desde el Mar Rojo, el Canal de Suez y el Estrecho de Bab el-Mandeb hasta el Golfo de Adén y el Estrecho de Ormuz, al que estaremos dedicando especial atención con varios artículos en Contralinea.

Aquí chocan los intereses de las potencias imperialistas globales y regionales para rediseñar esta rica zona del mundo y dividir las zonas de influencia sobre la base de relaciones de poder económicas, militares, político-diplomáticas, para el saqueo y control de los recursos naturales, rutas de transporte de bienes y energía, cuotas de mercado, puntos geo-estratégicos cruciales, narcotráfico, trata de órganos, etcétera.

Conflictos, intervenciones, disputas, injerencias, acuerdos y negociaciones que se desarrollan en la piel de los pueblos trabajadores de esta grande región del mundo y en el interés exclusivo de los monopolios capitalistas, mientras se acumulan los factores de riesgo de una nueva conflagración mundial.

Observando las áreas y países donde se despliegan principalmente los militares italianos, es fácil identificar la correspondencia con las áreas en las que se concentran los considerables intereses económicos y energéticos del imperialismo italiano y sus monopolios. La participación militar italiana en las diversas operaciones, misiones y guerras de la OTAN y la Unión Europea, la transferencia de partes del territorio a las bases militares de Estado Unidos/OTAN y el elevado gasto militar (en un hipotético ranking mundial, Italia está ubicada en puesto 12 de esta lista) corresponden a la ambición de la burguesía imperialista italiana de incrementar su peso internacional y garantizar la participación del capital italiano en la división del botín en proporción a su fuerza económica, política y militar, promoviendo los intereses y beneficios de sus monopolios en el contexto de la hambrienta competencia interimperialista en actuar en todo el mundo, intensificado aún más por la nueva crisis de la economía capitalista, para extender o defender su participación de mercado y su posición en la pirámide imperialista.

Estas misiones, que se desarrollan bajo el pretexto de la “estabilidad”, la “paz” y el engañoso llamamiento al “interés nacional”, responden a los intereses de clase de la burguesía y sus objetivos, envuelven a Italia en peligrosas aventuras imperialistas en beneficio exclusivo de las ganancias de los capitalistas, sembrando muerte, destrucción y saqueo para los pueblos de las regiones afectadas e imponiendo más sacrificios y políticas antiobreras y antipopulares a los trabajadores de ese país. Mientras se prepara una nueva temporada de carnicería social, recortes y despidos, exprimiendo derechos y salarios, se siguen destinando enormes recursos económicos al fortalecimiento de armamentos y misiones en el exterior en lugar de utilizar estos fondos de recuperación de la pandemia de Covid-19 en gastos sociales.

No se trata de la “incapacidad” de un gobierno “supino a los intereses extranjeros”, sino de la voluntad y las elecciones precisas de la burguesía italiana, encaminadas a preservar el sistema de explotación y promover sus propios intereses en la competencia internacional.

Cuanto más evidentes son las contradicciones de este modo de producción, más su creciente obsolescencia pone en peligro el futuro de nuestras sociedades, los ecosistemas y la humanidad. Hoy más que nunca, la lucha por la justicia social, contra la implicación de Italia en los planes de la guerra sin límites de la OTAN, contra las bases militares de Estados Unidos/OTAN, por el regreso de todos los soldados italianos de las misiones en el exterior y el recorte del gasto militar, debería volver a ser parte central y fundamental de la lucha de clases de todos los trabajadores de esas regiones mencionadas y del movimiento obrero italiano también contra la burguesía en ese país, contra sus alianzas imperialistas como la Unión Euroepa y la OTAN y contra cualquier otro conglomerado imperialista, en la conciencia de que una paz duradera y el progreso social sólo puede garantizarse en una sociedad libre del yugo capitalista.

Alessandro Pagani*

*Historiador y escritor; doctorante en Teoría Crítica y Psicoanálisis en el Instituto de Estudios Críticos de México; autor del libro Desde la estrategia de la tensión a la operación cóndor

 

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