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El encuentro entre el ministro de Defensa italiano, Lorenzo Guerini, y su colega francesa, Florence Parly, en Roma, no tuvo desperdicio.

Italia y Francia son dos países fundadores de la Unión Europea y de la Organización del Tratado del Atltántico Norte (OTAN), así como dos de las principales potencias europeas con propulsión imperial y neo-colonial. Ambos observan con interés y atención el proyecto europeo de defensa y el desarrollo de iniciativas conjuntas de seguridad y defensa, aprobado en la Cumbre de Bruselas (16-20 de julio de 2020). Además, los dos países son proyectados hacia el Mediterráneo, con importantes intereses en el así llamado frente sur de la OTAN, en África y Oriente Medio.

Italia, también en el marco de los compromisos de sus misiones internacionales, observa con creciente atención no sólo a los países de Oriente Medio, el Golfo y la zona del Cuerno de África, donde el compromiso imperial se consolida desde hace varios años y décadas, desde Líbano, Irak, Afganistán, Somalia y Océano Índico, pero cada vez más también hacia el Sahel y el norte de África, zonas donde el enfrentamiento interimperialista entre Roma y París es estratégico y decisivo.

Por estas razones, las relaciones bilaterales entre los dos países son muy importantes, pues nos llevan a comprender sobretodo los últimos acontecimientos que se están dando en Líbano y en el Sahel. El juego geopolitico, entre el Mediterráneo, África y Europa, especialmente en la época de la nueva dictadura viral-digital de la pandemia Covid-19, es cada vez más relevante y los resultados estarán determinados por los activos estratégicos de los dos países. También para evitar errores, como en el pasado, el enfrentamiento y el diálogo entre ambos países europeos y más implicados en el delicado partido que se desarrolla en el Mediterráneo, es por tanto fundamental para entender la guerra sin límites y el papel de otros actores de la región con miras imperiales como es el caso de Arabia Saudita, la entidad sionista de Israel, Turquía, sin olvidarnos de Estados Unidos, con su OTAN. Pero también lo es en lo que se refiere al relanzamiento del proyecto y el camino común en Europa que, a través del pretexto de la crisis determinada por la pandemia y la reconstrucción post-Covid, se decretó fortalecer aún más una perspectiva política imperial más fuerte para la Unión Europea en la contienda interimperialista con la águila fascista del Norte de América. En este sentido hay que entender la pasada cumbre de la Unión Europea en Bruselas, ahí los así mal llamados fondos de recuperación, 705 mil millones de euros, serán utilizados únicamente para fortalecer la industria tecnológica militar dentro de los que son los compromisos atlánticos y en la supuesta lucha contra el terrorismo y la defensa europea.

Tras el cierre, que entre sus efectos había determinado también la suspensión de reuniones bilaterales y diplomáticas “presenciales”, apenas regresó de otra importante misión en Turquía, el ministro de Defensa italiano Lorenzo Guerini se reunió en Roma, en un encuentro bilateral, con su colega francesa Florence Parly, recientemente confirmada ministra de Defensa en el nuevo Ejecutivo.

Desde la apertura del encuentro, ambos ministros expresaron “gran satisfacción por el estado de excelentes relaciones”. De hecho, los contactos entre los dos ministros se mantuvieron estables y constantes durante todo el período de la emergencia sanitaria. Italia y Francia son (junto con el Estado español) entre los países más afectados de Europa y en los últimos meses habían compartido el compromiso de fortalecer la “solidaridad” de la Unión Europea y construir una intervención masiva en apoyo de los países más afectados por la crisis. No en vano, incluso por el lado de la Defensa, Guerini y Parly habían estado entre los firmantes de una carta conjunta, junto a sus colegas de Alemania y España, que el pasado 29 de mayo fue enviada a la sede europea para llamar lo más posible la atención de la Unión Europea hacia un compromiso económico y político y la máxima atención sobre la Defensa común.

En la reunión bilateral, por supuesto, se dio mucho espacio a las cuestiones relativas al Mediterráneo y Libia. La necesidad de combatir el tráfico de armas hacia el país norafricano y la referencia a las decisiones y posiciones tomadas en Berlín para la solución del conflicto y la resolución pacífica de la crisis, se reafirmaron supuestamente en la reunión, en el que no podía dejar de abordarse el tema de la importancia de la misión en Líbano. Finalmente, se reiteró la necesidad de diálogo y cooperación a nivel internacional en referencia a la discusión que involucró el área del Mediterráneo Oriental, un área donde se concentran importantes intereses estratégicos de ambos países y en el que, desde hace meses, se están gestando tensiones entre diferentes actores.

Además del Mediterráneo, la cuestión de la seguridad en el Sahel también fue objeto de debate: un espacio fundamental para la seguridad europea, sobre el que Italia está aumentando sus esfuerzos imperiales en el contexto de las misiones internacionales y que adquiere cada vez más relevancia en términos estratégicos, especialmente en la lucha contra el terrorismo. De hecho, desde hace algunos años Italia se ha comprometido a fortalecer su posición en la región, que es una de las áreas de África donde la presencia y el papel de París también es más fuerte y más estructurada. La participación de Italia en actividades destinadas a combatir el terrorismo, para la seguridad y la estabilidad de los países de la región del Sahel, choca con los intereses de Estado neocoloniales de Francia. En la perspectiva imperial de Italia es absolutamente esencial dirigir la atención e interés hacia el norte de África y el Sahel, dada la penetración de potencias extranjeras en la región y dados los intereses crecientes presentes, pero también para prevenir cualquier amenaza a la seguridad o nuevas crisis humanitarias.

Por último, el tema de la defensa y la cooperación europea en el ámbito tecnológico-industrial. Temas estrechamente relacionados, que ven a Italia y Francia como protagonistas absolutos en el camino europeo a partir de la Permanent Structured Cooperation (Pesco) y los proyectos financiados por el Fondo Europeo de Defensa. Y por último, pero no menos importante, evidentemente, además de la defensa europea, es también la OTAN, que ratificó su máximo compromiso con su papel, y en general con el relanzamiento de las relaciones transatlánticas. Aquí Italia se destaca como vanguardia de fuego de la OTAN en el Mediterráneo, con la presencia de 115 bases militares estadunidenses y de la Alianza Atlántica presentes en la península itálica, entre éstas el portaviones de Sigonella, Sicilia, donde se alberga el centro operativo de la UAV killers de la US Force Air (para mayor informaciones, véase también mi artículo “Nuevos teatros de guerra: la base militar estadunidense en Sigonella”, en Contralinea del 2 de marzo de 2018).

Para Italia, como atestigua en los últimos meses el compromiso imperial del ministro Guerini, el relanzamiento esencial de la dimensión atlántica puede y debe implicar también el fortalecimiento de la vía común de defensa en Europa. Además, en los últimos meses, durante la crisis de Covid, mediante el trabajo realizado por el ministro de Defensa italiano, aprovechando los excelentes canales de diálogo con el Pentágono y con sus colegas europeos, Italia ha mantenido firme su colocación europea y estratégica en el Mediterráneo. Y sin duda, precisamente en el contexto de la ubicación atlántica del país, el enfrentamiento con Francia es útil tanto para relanzar los proyectos filo estadunidenses y atlánticos a nivel político, como para fortalecer la visión estratégica de una Italia cada vez más presente y protagónica también en el Mediterráneo: el sueño imperial de una Roma siempre más alejada de los pueblos trabajadores de la región mediterránea y siempre más comprometida en la guerra sin límites de la OTAN-Estados Unidos.

Alessandro Pagani*

*Historiador y escritor; doctorante en Teoría Crítica y Psicoanálisis en el Instituto de Estudios Críticos de México; autor del libro Desde la Estrategia de la Tensión a la Operación Cóndor

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