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En México las mujeres viven la defensa de la tierra “con una gran desigualdad, con criminalización, descalificación, indiferencia, intolerancia, persecución, obstrucción de justicia, impunidad, inacción, omisión, detrimento de nuestra salud física y mental, inseguridad, con secuelas, con fracturas. Vivimos deconstruyéndonos: somos víctimas de un patriarcado tradicional que nos llama terroristas”, consideró Claudia Zenteno Zaldívar, activista de Xochimilco.

Defensoras de la tierra, el territorio y los recursos naturales de los pueblos viven su lucha sometidas al silencio y, por ello, son obligadas a luchar dentro del propio movimiento social del que participan para lograr que su voz se escuche. “Las mujeres salen a pelear por la relación que se tiene con el agua, con la lluvia, con el ojo de agua. Empiezan a tener una vida política en el espacio público que les genera riesgos: en primer término, a nivel familia con los reproches del esposo, del papá, del hermano y de la propia mamá, porque se están rompiendo paradigmas; después, en el espacio comunitario, en la asamblea –donde las mujeres están para escuchar, no para participar, no para proponer, no para cuestionar–, en este nivel se generan agresiones muy fuertes por parte de integrantes de la misma comunidad. Se está rompiendo este modelo de ser mujer y se sienten amenazados en su masculinidad. El siguiente nivel donde las mujeres defensoras de tierra y territorio están mas vulnerables, es cuando pasan a la interlocución con los agentes estatales”, explicó Gloria Flores, Co-coordinadora de la Red Nacional de Defensoras.

Itzel Silva Monroy, abogada litigante en Fundar, y actualmente parte del Programa de Territorio, Derechos y Desarrollo. Con más de 18 años de experiencia en la documentación y defensa integral a nivel nacional e internacional en casos de violaciones graves a derechos humanos y de derechos de pueblos indígenas. La abogada homenajea a otras defensoras: “Sol, por ejemplo, decía: ‘el agua para nosotras es sagrada’; Tere decía: ‘no vamos a permitir que otros se lleven nuestra agua, ni que se lleven el territorio que nos dejaron nuestros antepasados’. Imanola decía: ‘agua, de ti es que vivimos. Nosotros sólo somos pasajeros en esta vida, caminamos por ti: si no fuera por ti no tendríamos vida. Nadie te puede destruir, nadie te puede llevar. Tú no eres de ayer, eres de hace muchos años, tú le diste la vida a nuestros antepasados, nadie tiene derecho a llevarte’”.

Luego se enfrentan al silencio de los medios de comunicación. América del Valle Ramírez –una de las líderes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra de San Salvador Atenco– habló de su lucha y la invisibilidad de la mujer: “surgieron voces de mujeres en los medios de comunicación, sin embargo se subrayaban las de los líderes, como se suele adjudicar a las presencias masculinas en la mayoría de los movimientos sociales. Poca importancia le dábamos si nos mencionaban o no: para nosotras, lo central era luchar y conseguir el objetivo: echar a bajo el aeropuerto de muerte”.

De acuerdo con el Observatorio de Medios –elaborado por la organización Comunicación e Información de la Mujer, AC–, los medios de comunicación se reducen a la repetición de discursos oficiales masculinos y a la cobertura coyuntural. Realizado del 4 de junio al 6 de julio de 2019, éste reveló que la agenda mediática cubre en un 30 por ciento la categoría de defensa de la tierra y el territorio: la invisibilización de las mujeres es evidente.

Liliana Velázquez Fuentes, indígena Náhuatl y activista contra la termo termoeléctrica de Morelos, estudió contabilidad en un Centro Escolar de Izúcar de Matamoros. “En la comunidad de Amiltzinco han sido las mujeres las que han ido por delante, las que se han enfrentado en las ocasiones que han entrado a golpear. La lucha por defender nuestras tierras, defender el agua, de defender todo lo que es de los campesinos. Estos megaproyectos lo que han venido a hacer es romper el tejido social de las comunidades: la gente se divide”.

En su informe sobre su visita a México de 2018, Michel Frost –relator especial de las Naciones Unidas sobre la Situación de los Defensores y Defensoras de los Derechos Humanos– indicó que “las mujeres encabezan a menudo las luchas en el ámbito de los derechos humanos, aunque su papel no goza del reconocimiento y difusión que merece”.

Ello, a pesar de que en la vida de la comunidad, “las mujeres demuestran mucho arraigo a la tierra y al territorio, hay una conexión muy particular. Tienen un sentido de comunidad, hablan mucho de unidad. Está muy presente en ellas esa intención de transmitir los valores y cosmovisión que tienen como mujeres indígenas hacia otras generaciones”, aseveró Itzel Silva Monroy, abogada de litigante de Fundar, Centro de Análisis e Investigación, AC.

Claudia Zenteno Zaldívar, defensora del medio ambiente de Xochimilco, se enfoca en el rescate y protección de los ejidos de Xochimilco y San Gregorio Atlapulco. “Como activistas nos enfrentamos a acasos verbales, a acoso sexual para que dejemos la lucha, a secuestro que lo llamaron desaparición forzada de parte de uno de mis familiares, a tratar de derribar mi casa para que me estuviera quieta, a lesionar y dañar la vida de mi familia y mis bienes. A robar y golpear a toda mi familia, a atentar contra mi vida simulando un accidente vehicular hace más de un año. Lo enfrento con el apoyo de estas grandes mujeres: deconstruirnos no ha sido nada fácil.

De acuerdo al Observatorio –que respeta la metodología internacional del Proyecto Mundial de Monitoreo de Medios (GMMP)­–, el asesinato de defensores es la noticia más publicada y en esa temática las voces masculinas también predominan.

Además, ese monitoreo reveló que hay una marca de género sobre quien escribe las noticias: un 50 por ciento de los textos sobre defensa del medio ambiente fueron escritos por hombres. Empero, hay diferencias: las reporteras cubren la defensa de lo local; mientras los reporteros cubren lo nacional.

América del Valle Ramírez, originaria del pueblo de San Salvador Atenco e integrante del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra. Tras los enfrentamientos del 3 y 4 de mayo de 2006 entre los pobladores y la fuerza publica, ese mismo año la Procuraduría General de Justicia del Estado de México (PGJEM) emitió una orden de aprehensión en su contra por el delito de secuestro equiparado, este la mantuvo en exilio forzado durante 4 años. “La mujeres tenemos muchas batallas por dar y ganar, no tenemos opción, las tenemos que ganar.

*Este trabajo se realizó previo a la pandemia de Covid-19, durante la presentación del Observatorio de Medios, elaborado por la organización Comunicación e Información de la Mujer, AC.