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La explosión ocurre durante un periodo de desestabilización interna y una profunda crisis económica y tensión exacerbada ante la expectativa de la sentencia por el asesinato del exprimer ministro Hariri.

¿Accidente o ataque? Es la pregunta que surge espontáneamente al mirar las imágenes de la gigantesca explosión que conmocionó el corazón de Beirut el martes por la tarde. Un enorme hongo de fuego y escombros golpeó la zona del puerto, no lejos del centro histórico reconstruido después de la guerra de las décadas de 1970 y 1980, que había reducido a escombros gran parte de la capital libanesa.

De manera oficial, se ha dicho que todo apunta a un accidente en bodegas que albergaban  desde 2014 nitrato de amonio sin las medidas de seguridad adecuadas. Pero las sospechas de un ataque no terminan ante las noticias, aún confusas, que surgen de lo que parece haber sido una segunda explosión, que tuvo lugar después de la principal, en el puerto, cerca de la residencia del exprimer ministro sunita Hariri. Algunos videos muestran, en el puerto, dos explosiones muy cercanas entre sí.

El número de víctimas aún es incierto. Los primeros presupuestos son al menos 73 muertos y un número mucho mayor de heridos, miles, según el Ministerio de Salud. El número de decesos está, con toda probabilidad, destinado a aumentar.

Los testigos en las redes sociales hablan de autos en llamas, gritos de civiles atrapados bajo los escombros y colapsos de muchos balcones debido a la gran ola de choque. El cielo de la ciudad se ha oscurecido. La tierra tembló hasta Chipre, unos 200 kilómetros más al este.

“Nunca antes tal explosión había sido tan grave, ni siquiera en los momentos más serios de la guerra civil”, dicen muchos.

Según el Ministerio del Interior, el cobertizo donde tuvo lugar la deflagración contenía explosivos, tal vez armas confiscadas y municiones. Los agentes químicos peligrosos también pueden haber sido almacenados. Pero la noticia debe ser confirmada.

Lo que es seguro es que el país está experimentando un período muy grave de desestabilización interna y una crisis económica sin precedentes. La tensión se ve agravada por la espera de la sentencia del juicio organizado por el Tribunal Internacional de la Organización de las Naciones Unidas contra los supuestos instigadores y perpetradores del asesinato del exprimer ministro sunita Rafiq Hariri, muerto con un coche bomba que el 14 de febrero de 2005 que también causó el deceso de unas 20 personas entre transeúntes y guardaespaldas.

Los cuatro acusados principales están vinculados al frente chiíta de Hezbolá (las milicias pro iraníes), a su vez aliados con el régimen sirio y parte del eje de la Resistencias árabes. En los últimos tiempos, el colapso del sistema bancario y la devaluación de la libra libanesa han arrodillado al país. Los medios locales ahora hablan abiertamente de un “Estado fallido”. Tanto es así que recientemente incluso los hospitales públicos habían comenzado a dar de alta a los pacientes por falta de fondos.

Es decir, un contexto perfecto para armar una operación bajo falsa bandera por parte del servicio secreto israelí, el Mossad, que tienen interés de culpar a Hezbolá de las explosiones e incendiar aún más una región donde confluyen los diferentes destacamentos de la resistencia árabe en Siria y de las protestas populares en Cisjordania y Gaza, asuntos que preocupan no poco a Tel Aviv.

La marcha del retorno del pueblo palestino que se está dando desde más de 50 semanas en Palestina contra las políticas sionistas de Israel están fortaleciendo la Resistencia Palestina. Junto con el eje de la resistencia árabe en Siria está frenando la guerra sin límites del imperialismo. ¿Acaso todo esto no son razones suficientes para que no se active el sionismo con sus asesinos de profesión, es decir el Mossad?

No sabemos aún qué fue lo que realmente pasó. ¿Un accidente causado por tales niveles de negligencia de supuestamente almacenar un explosivo altamente destructivo sin ningún tipo de seguridad? No sabemos si fue un hecho fortuito o provocado. Lo que sí sabemos es que Israel resulta beneficiado.

Alessandro Pagani*

* Historiador y escritor; doctorante en teoría crítica y psicoanálisis en el Instituto de Estudios Críticos; autor del libro Desde la estrategia de la tensión a la Operación Cóndor