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La pandemia en México no frenó la tasa de homicidios dolosos ni redujo las disputas entre los cárteles de la droga por el control territorial; al tiempo, la migración sigue desbordada sin importar el riesgo de contagio

La pandemia del coronavirus aumentará la inseguridad y no detendrá al crimen organizado, que va a seguir operando en un campo abonado ante la situación de crisis generada en México, asegura Carlos Barrachina Lisón, experto en seguridad nacional por la Universidad Anáhuac. Agrega que por ello en el país ha iniciado una nueva espiral de violencia relacionada con la guerra de grupos del crimen organizado y la trata de personas.

Además, destaca que la pandemia de Covid-19 plantea una oportunidad de negocio para el crimen organizado, que va a buscar satisfacer la demanda de estructuras de apoyo, a través de México, para que los migrantes centroamericanos sigan desplazándose y cruzando hacia Estados Unidos.

Ese país ha anunciado que el crimen organizado va a aprovechar esta crisis para seguir con el tráfico de migrantes y para responder a esta amenaza se ha desplegado un importante número de fuerzas militares tanto en el Caribe, como en el Pacífico.

“La relación de Estados Unidos con la región es de ida y vuelta. En buena medida, el mercado estadunidense de las drogas y la libre disposición de armas en ese país es el que ha alimentado a los grupos del crimen organizado. También la política de repatriación de centroamericanos acusados por diferentes delitos hizo aumentar de forma muy relevante el número de delincuentes en la región”, destaca en entrevista.

El análisis Crimen organizado y pandemia: ¿cómo afecta el SARS-CoV2 a los mercados de metanfetaminas?, publicado por el Instituto Real Elcano, observa que la violencia criminal en México podría agravarse aún más como consecuencia del coronavirus y los factores desencadenantes múltiples, como el grado de penetración estatal e impunidad del narco en las instituciones del país y el papel de las Fuerzas Armadas en el control de la calle durante la pandemia.

El análisis de Ludmila Quirós, investigadora del Centro de Estudios sobre el Crimen Organizado Transnacional de la Universidad Nacional de La Plata, agrega que la pandemia está obligando a ser cautelosos a la hora de hacer estimaciones sobre las consecuencias que puede tener sobre el crimen organizado y la violencia criminal, que apunta directamente a las economías ilegales.

Señala que, si bien no representa la totalidad de las ganancias del crimen organizado, la baja de la demanda, la interrupción del tráfico de metanfetaminas y fentanilo a causa del cierre de fronteras y la consecuente paralización de envíos de precursores químicos desde China afecta gravemente la economía de algunos cárteles, como el de Sinaloa.

La especialización del Cártel de Sinaloa en drogas sintéticas –con preponderancia del fentanilo y la metanfetamina por sus bajos costes de producción comparados con los de la heroína– obligó a la organización a importar precursores químicos desde China, donde a pesar de las presiones de Estados Unidos para prohibirlos, su venta sigue siendo legal en China.

Sin embargo, destaca que la irrupción del SARS-CoV-2 impuso un cierre total que paralizó las exportaciones, obligando a duplicar el precio de los stocks de reserva de metanfetaminas circulante de forma estrepitosa. Sumado a esto, la imposibilidad de mover a través de las fronteras la hoja de coca desde los países productores andinos hacia México complicó aún más la economía del cártel, volviendo más factible la violencia entre narcotraficantes.

La pandemia no debería ser analizada sólo a través de las ventajas y desventajas que podría dar al crimen organizado en relación a su capacidad o no de adaptarse al medio, sino sus efectos a partir de cómo la misma hace visible las falencias que afrontan los actores criminales y explorar cuál será el camino que estos grupos podrían tomar para subsanar sus fallas en la era post-Covid-19.

“El peligro que viene es que una vez que sepan dónde fracasaron, exploren y adopten mejoras que, en definitiva, tenderán a incrementar su eficiencia y su peligrosidad en términos de seguridad estatal”, subraya la especialista en crimen organizado trasnacional de la Universidad Nacional de La Plata.

Crisis migratoria

Un problema asociado en esta crisis de la pandemia es el tema migratorio. Al respecto, el investigador Barrachina Lisón sostiene que en las últimas semanas las críticas que ha recibido el presidente Trump, en relación con reducir las detenciones de migrantes, para no aumentar la población y contagios en los centros de detención, ha llevado a un nuevo endurecimiento de la posición del gobierno estadunidense frente a los migrantes.

Desde marzo, Donald Trump rechazó la entrada al país de solicitantes de asilo, y desde el 21 decretó el cierre parcial de la frontera entre Estados Unidos y México. Por otra parte, se suspendieron las actividades de los juzgados, por lo que el aproximado de 60 mil centroamericanos que están esperando sus resoluciones en diferentes puntos del Norte y del Sur de México, tendrán que seguir gestionando trámites de asilo en condiciones muy precarias, y de gran vulnerabilidad frente a la epidemia.

El cierre formal de las fronteras no tiene mucho efecto en la voluntad de migrar de muchas personas, como se está mostrando en diferentes partes del mundo. Sin embargo, cada día se desplazan cientos de migrantes hacia Estados Unidos a través de México, cruzando las porosas fronteras de la región y el crimen organizado es un actor relevante en este tránsito.

La gran pregunta es, cuál será la capacidad que tendrán Estados Unidos y México para gestionar la crisis generada por la pandemia, y al mismo tiempo seguir con sus políticas de neutralización de la migración, cuestiona el también experto en seguridad nacional.

“Los migrantes no se desaniman por la gran presencia del virus en Estados Unidos, o por la previsible fuerza que pueda adquirir en México. Por una parte, tienen la esperanza de que sea pasajera la situación. Por otra parte, que los sistemas sanitarios, en todos sus países de origen son muy débiles, y que una situación sanitaria complicada no se va a superar de una mejor forma en sus lugares de origen que en el camino hacia el norte”, resuelve Barrachina Lisón.

Paradójicamente, dice, a pesar de que el pico de la epidemia se encuentre en estos momentos en Estados Unidos, si éste se eleva en Centroamérica, serán los familiares que se encuentran en Estados Unidos o Europa, los que pudieran promover la movilidad a un espacio más seguro.

El presidente estadunidense tiene claro que el crimen organizado va a tratar de aprovechar esta oportunidad. De hecho, señaló que había recibido alertas del sistema de inteligencia en el sentido de que, aprovechándose de esta coyuntura, diferentes grupos criminales iban a aumentar el tránsito de drogas hacia Estados Unidos.

¿Qué capacidad van a tener Estados Unidos y México en este contexto, para seguir manteniendo una política de neutralización tanto de los diferentes grupos delincuenciales, como del paso de migrantes en los próximos meses? De momento el número de homicidios por la violencia derivada de la tensión entre grupos criminales no ha descendido en México y ello preocupa al presidente Andrés Manuel López Obrador.

Barrachina Lisón considera que dependerá en mucho de la evolución y de los efectos de la pandemia, pero es más plausible considerar un escenario cercano en el que se abran posibilidades para el paso organizado de migrantes, a través de México, que el de un control ordenado de fronteras y territorios por parte del Estado.

Es previsible que se dificulte el paso individualizado espontáneo de ciudadanos centroamericanos, sin estructuras de apoyo a lo largo del viaje, con albergues saturados y comunidades encerradas en sus casas. Sin embargo, el interés y la necesidad de paso van a seguir existiendo. Va a ser más peligroso y más caro, pero el flujo difícilmente se va a detener.

Estados Unidos, México y Centroamérica forman parte de una región que se retroalimenta, y que difícilmente puede escapar de situaciones complejas, sin la cooperación de todos sus actores. La pandemia de Covid-19 y su control, en una u otra dirección es un claro ejemplo de ello. A pesar del cierre formal de fronteras y de la estrategia de la contención, el virus ya se encuentra presente en todos los países de la región.

Se expulsa migrantes indocumentados, con el estigma de que éstos pudieran incrementar el número de casos de contagiados en Estados Unidos, sin los protocolos debidos y sin la atención médica requerida. No se considera con estas acciones que el posible aumento de contagios en México o Centroamérica, pone en riesgo una segunda o una tercera ola futura de contagios en Estados Unidos.

Por otra parte, apunta el investigador de la Universidad Anáhuac, ante la debilidad del Estado frente a la pandemia, Donald Trump reconoce la posible amenaza del crimen organizado, y recurre al despliegue de la fuerza militar, amenazando de forma directa al régimen bolivariano de Venezuela y a las organizaciones delictivas que trafican con estupefacientes.

El despliegue militar en el Caribe y el Pacífico no plantea un escenario tranquilizador, ni constructivo en este sentido, aunque tampoco rompe con la tradicional presencia de Estados Unidos en la región. Por otra parte, las actitudes autoritarias de muchas autoridades locales tampoco generan un escenario ideal de gestión de crisis.

Los diferentes grupos del crimen organizado no van a cesar en sus actividades. Se van a encontrar con un Estado desbordado y débil, tratando de sobrellevar la situación con medidas autoritarias, y a muchos ciudadanos desempleados, con necesidad de proveer recursos y alimentos para llevar a sus hogares.

Y la corrupción y mal gobierno que se han cebado en los últimos años van a allanar el terreno a la informalidad y la inseguridad, generando el caldo de cultivo ideal para el fortalecimiento del crimen organizado, concluye.

Javier Ulises Oliva Posada, en tanto, refiere que la seguridad regional ha sobrepasado a México, el Caribe, Centroamérica y Estados Unidos por parte de la delincuencia organizada, atribuida a que, según datos de las Naciones Unidas, México es el tercer productor de goma de opio y segundo a nivel mundial en la producción de fentanilo.

El catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), observa drásticos cambios del presidente de Estados Unidos Donald Trump. “La problemática del mercado de las drogas, en la medida en que el propio presidente Trump declaró que el consumo de fentanilo es un asunto de emergencia nacional y con esto darle una preponderancia o una visibilidad a esta problemática, pasa a ser parte de la agenda de seguridad nacional de Estados Unidos”.

Refiere que es muy interesante observar que el presidente de Estados Unidos anunció que tenía lista la orden ejecutiva para declarar a las organizaciones de nueva generación y al grupo de Joaquín Guzmán e Ismael Zambada como organizaciones narco-terroristas. Y creó una fiscalía especial en donde se establece como objetivo el hacerle frente, en términos jurídicos y policiales, al pandillerismo centroamericano de la Mara Salvatrucha y la Mara 19 que se han extendido a otras partes de Centroamérica y a México.

La fiscalía servirá para hacerle frente al grupo Hamás, calificándolo de grupo terrorista, no obstante que es el partido gobernante en Palestina y con presencia importante en el Líbano, al Cártel de Jalisco Nueva Generación y el de Sinaloa.

“Significa que desde la perspectiva jurídica de Estados Unidos el homologar el narco-terrorismo como una expresión del terrorismo significa que para perseguir terroristas no hay fronteras. Esta problemática regional, en plena epidemia, el plantearse la no existencia de fronteras para perseguir este tipo de delincuentes es como la expansión de la propia epidemia”, sostiene Oliva Posada.

Entonces, dice, esta difuminación de lo que se refiere a las actividades y bajo las cuales los gobiernos pueden hacer frente a estas dinámicas, la forma en la que se ha enfrentado, por ejemplo, al virus es muy parecida a lo que se ha hecho en contra del crimen organizado, cada país ha respondido como ha podido con una mínima coordinación hacia el exterior.

En la forma improvisada, sorpresiva, en la que el virus asalta a las sociedades del Continente Americano porque tuvimos suficiente tiempo debido a que el proceso de expansión fue de Oriente a Occidente, después llegó al Continente Americano y ni así la mayor parte de los gobiernos tuvieron la previsión para poderlo atender.

Pero una vez extendida la epidemia, y si esta se sustituye por tráfico de drogas o delincuencia organizada trasnacional, veremos que las respuestas, incluso en la Unión Europea, tuvieron la capacidad de atender de manera análoga a los antagonismos sobre todo procedentes de las actividades ilícitas.

Bajo estas circunstancias -expresa el catedrático de la UNAM-, demanda de los gobiernos buscar los protocolos de intercambio de información oportuna y sensible para poder atender problemáticas, antagonismos que inoculan a una sociedad. Hoy no hay duda que un tema, que puede ser interno como lo es la epidemia, pero en la medida que es regional se convierte en un tema de seguridad a nivel global.

“De manera análoga podemos hacerlo extensivo a las demás temáticas de las agendas que componen la seguridad regional e internacional porque de esta manera, por lo menos a nivel del intercambio de información, tener este centro de lecciones aprendidas podemos construir la plataforma de algo que hasta la fecha no se ha hecho”.