viernes 10, julio 2020

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Tercera y última parte. En ninguna de las líneas de su hueca “perorata” escrita intitulada: “Decisiones Difíciles”, el expresidente Felipe Calderón Hinojosa hace mención a las razones que tuvo su gobierno para encapsular como “información reservada” por 12 años los documentos donde se contenía todo el proceso oficial con qué se ejecutó la arbitraria desaparición de Luz y Fuerza del Centro (LyFC) y se envió al desempleo, sin trámite legal alguno, a 44 mil trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) el 11 de octubre del 2009.

En la vana autoexpiación del exmandatario se entiende el porqué no menciona este doloso encubrimiento; en el pasado los archivos del movimiento de 1968 y de la Guerra Sucia de los años 70s merecieron el ocultamiento a la sociedad por los autoritarios y represores gobiernos priístas, pero para el narcopresidente resultó de vital importancia, casi razón de Estado a su cuestionada imagen, no dejar huellas de su papel como consumado pillo y mentiroso.

Como señalamos en anteriores entregas, Calderón Hinojosa insiste en argumentar que la extinción de LyFC obedeció a la necesidad de taponar una sangría de 55 mil millones de pesos a las finanzas públicas, ocasionada por el Contrato Colectivo del SME, pero se guarda de decir que apenas se ejecutó el ruin y autoritario golpe en contra de los electricistas, aparecieron en las calles las siglas WL-Comunicaciones, empresa propiedad de sus compañeros de partido, Ernesto Martens y Fernando Canales, curiosamente ambos secretarios de Energía en el gobierno de Vicente Fox, y que recibieron de tiempo atrás la concesión de la fibra óptica de LyFC de manera secreta.

El expresidente destaca haber intentado imponer convenios de productividad en la relación contractual del gobierno con el SME, siendo titular de la Sener, pero su obsesión enfermiza por atacar a una organización que califica de “marxista”, lo tuvo tan entretenido para no enterarse que desde entonces ya se fraguaba el despojo a la fibra óptica, lista a ser operada a través de los 1 mil 100  kilómetros de las redes de electricidad de LyFC, y que hubiera llevado a todos los hogares de la zona centro del país el servicio de voz, imagen y datos.

Calderón no solo le mintió al país en negocios ocultos de los panistas como el antes descrito; además, engañó a buena parte de los 44 mil agremiados al SME que aceptaron liquidarse bajo la oferta del gobierno de otorgarles 33 meses de salario y la promesa de recontratación en la CFE, a los primeros 10 mil que acudieran a traicionar a su ideología y su sindicato. Como todos saben, tal ofrecimiento de un nuevo empleo no se dio, como otras muchas ofertas de campaña, entre ellas, crear un millón de empleos por año y acabar con la desatada inseguridad.

En su mamotreto, tampoco economiza tinta y papel en ensalzar a los miembros de su gabinete -elevándolos casi al altar de los héroes nacionales- por haber logrado una felonía de tales proporciones, como haber utilizado más de 30 mil elementos de las fuerzas policiales federales al mando de Genaro García Luna, exfuncionario ahora preso en Estados Unidos, a quien se le confirió el control absoluto del país e, incluso, se le permitió disfrazar a miembros del Ejército de policías para sacar a punta de fusiles a los trabajadores del SME, en un despliegue de fuerza sólo visto en décadas pasadas por la brutalidad de las dictaduras latinoamericanas.

Millones de mexicanos miraron absortos en los medios de comunicación el despliegue de fuerza del operativo y se preguntaron porqué el cuestionado mandatario no utilizaba tal estrategia para combatir a los cárteles que no solo retaron a su gobierno, sino que terminaron haciéndolo quedar en ridículo y bañando en sangre los cuatro puntos cardinales del país.

Con la aprehensión de García Luna queda demostrado que la estrategia de Calderón fue una burda faramalla para timar a la nación, gastar miles de millones de pesos del presupuesto por nada y terminar siendo empleado de los cárteles, al igual que el entonces secretario de Seguridad Pública que mutó de funcionario a gerente de los intereses de los poderosos capos.

Con la cadena perpetua que con seguridad le espera a su represor estrella en la Unión Americana, también quedarán aprisionadas sus ambiciones por retornar al poder a través de la figura de su esposa Margarita Zavala.

Pero del “alhajero” de corruptos y traficantes de poder magnificados en su libelo, hay otras “joyas” como Javier Lozano Alarcón, su secretario del Trabajo que jugó un papel de primer orden en la estrategia de escalonados ataques el SME y tampoco son referidos por el expresidente.

Lozano trató de quitar de en medio a una dirigencia que estorbaba a los planes del gobierno neoliberal de Calderón, para desmantelar al sector eléctrico, utilizando como títere al entonces tesorero Alejandro Muñiz, quien recibió del gobierno cuantiosos recursos e incluso el aval para sustraer fondos sindicales a espaldas de los trabajadores y financiar su campaña a la Secretaría General.

En las urnas su plan se derrumbó al no lograr el voto mayoritario de los electricistas, por lo que el secretario del Trabajo aseguró que la elección había presentado “irregularidades” y se negó a otorgar la toma de nota y ordenar el congelamiento de la entrega de cuotas sindicales. Calderón dice que un mes antes del 11 de octubre de 2009, dio inicio la confección de la estrategia para liquidar a LyFC, pero esto es mentira porque como el mismo afirma, desde marzo de 2018 ya había publicado en el Diario Oficial un decreto en este sentido, pero decidió dar marcha atrás.

Lozano trató sin éxito de entrometerse en la vida interna del SME; haber dejado sin sustento a 44 mil familias le fue recompensado por Calderón al incluirlo en las listas al Senado; proclive a la traición, Lozano buscó montarse en un nuevo barco al traicionar al PAN para convertirse en vocero de José Antonio Meade, candidato presidencial del PRI en 2018.  Más reciente ocupó, sin pena ni gloria, la vocería de la Coparmex por solo unas horas.

Georgina Kessel, titular de Energía de Calderón, se atrevió a acusar de sabotaje a los trabajadores en resistencia del SME, pero nunca pudo comprobar sus infundios. Y no transcurrió mucho tiempo para mostrar de qué lado había estado en su papel de funcionaria, al aparecer en 2018 como consejera independiente de Iberdrola, la misma empresa que resultó beneficiada con millonarias concesiones otorgadas de su puño y letra, con la autorización de su jefe el narcopresidente.

Al terminar su mandato y luego de fracasar como impartidor de cursos en universidades del extranjero, el propio Felipe Calderón Hinojosa fue designado consejero externo de Avangrid, filial nada menos que de Iberdrola. Pero de este descarado tráfico de influencia y pago de favores por haber sido junto con su gabinete, lacayos de trasnacionales y capos de la droga, no habla en su extenso panfleto.

La historia se está encargando de colocar a cada quien en su sitio; a los trabajadores del SME que se mantuvieron en la resistencia, en el papel de protagonistas de una nueva época en el renacer de su organización y a Calderón y sus secuaces en el basurero de la política. Desde aquí vale recordar aquella frase de lucha que retumbó centenares de veces por las calles y plazas públicas de México: ¡El SME se queda y Calderón se va!

Martín Esparza*

*Secretario general del Sindicato Mexicano de Electricistas

 

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