viernes 10, julio 2020

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La pandemia del coronavirus SARS-CoV-2 ha hecho sinergia con problemas económicos, políticos, de inseguridad, de infraestructura de salud. Un coctel que puede generar ingobernabilidad en el país, advierten expertos en seguridad. Sobre todo por el conflicto entre el gobierno federal y gobiernos estatales de oposición

Si bien la pandemia de Covid-19 es global, la falta de un sistema de salud adecuado en México ha afectado los recursos humanos requeridos. En ese contexto, la escasez creciente de recursos económicos y una visión de futuro limitado han alterado la vida de la sociedad y el gobierno, sumado a problemas previos a la pandemia, pueden provocar un clima ingobernabilidad, asegura el doctor Emilio Vizarretea Rosales.

“Las consecuencias trágicas del coronavirus en México: caída del empleo, caída de los ingresos fiscales, caída de ingresos petroleros, recesión económica y conflictos sociales y políticos, podrán a prueba los alcances y límites de la gobernabilidad”, señala el catedrático de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“La crisis de salud se vinculó a la inercia que venía de una crisis económica-financiera, de seguridad, de petróleo y de confianza social. Las prioridades gubernamentales chocaron con la salud y se perdió un tiempo fundamental en la atención de la pandemia”, destaca el académico, autor del libro Poder y Seguridad Nacional, publicado por el Centro de Estudios Superiores Navales.

A ello se suman conflictos políticos entre el gobierno federal y los gobiernos estatales, quienes han planteado la revisión del pacto fiscal, debido a la inexistencia de un programa de apoyo para sus actividades locales, en particular los referentes a salud, empleo y obras en proceso.

“Esta situación ha generado falta de coordinación en la atención a la población que está siendo contagiada por la Covid-19 y que tiene problemas agregados ante la falta de actividades laborales y productivas”, destaca Vizarretea Rosales.

Otro factor de inestabilidad es el acuerdo inexistente entre los tres niveles de gobierno y entre los tres poderes de la Unión, con el respaldo a los sectores sociales y productivos, es una necesidad fundamental para disminuir el impacto de la crisis de salud y económica actual de la pandemia, argumenta.

Aclara que las posiciones dentro del gobierno, en particular en el Poder Ejecutivo, no son homogéneas y en algunas cuestiones son contradictorias. Por ejemplo: mítines contra quédate en casa; salgan, dénse abrazos contra sana distancia; estamos preparados desde hace meses contra no tenemos infraestructura médica ni personal de salud suficiente; hay recursos contra descuentos a servidores públicos y cero aguinaldo, entre otras.

Paralelamente, dice en entrevista, la inseguridad pública, producto de un empoderamiento de la delincuencia organizada, sigue en ascenso con mayor número de muertes, violencia, delitos dolosos y feminicidios.

Los principales cárteles –del Noroeste, de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación– en sus áreas de control e influencia reparten despensas con la aquiesencia de la población en pobreza extrema y la ausencia de autoridad, situación que incrementa su influencia, su control territorial y social, y una posible intervención en los futuros comicios de 2021.

Apunta que el sector educativo ha sido uno de los más afectados por la pandemia, y aunque el gobierno mantiene la intención de que no se pierda el año escolar, considera que la calidad educativa disminuirá sensiblemente.

La realización de actividades académicas por la vía digital o virtual ha sido complicada para el nivel escolar básico y medio, pues no existen los elementos tecnológicos suficientes en las instituciones educativas, ni la preparación y disposición necesarios en los docentes, ni recursos en todos los hogares o la disciplina familiar para apoyar a los estudiantes.

El catedrático de la UNAM critica que, a pesar de los estragos de la pandemia, el gobierno no actúa aún bajo el modelo de riesgos y amenazas a la seguridad nacional, contenidos en la Agenda Nacional de Riesgos (ANR).

“La prevención y la disuasión –contenidos en la ANR– fueron superadas por un sentido tradicional burocrático, con un discurso público fuera de tono, que llevó a perder el sentido de oportunidad ante la crisis. Se buscó evitar pánico social, así como imponer medidas de control que mostraron la ausencia de un plan emergente”, sostiene.

El catedrático expone que, ante este panorama, la posibilidad de construir una política de Estado y readecuar el Plan de Seguridad Nacional en México es fundamental, para la unidad nacional, donde el gobierno es el primer respondiente, es una necesidad vital para el país.

Aseguró que en el Programa de Seguridad Nacional que en breve verá la luz pública la palabra fuerte es resiliencia, que incluirá redistribución de la riqueza, fiscalidad más justa, reforzar el Estado de bienestar; revalorar oficios discriminados, como niñeras, asistentes y trabajadores sociales, sirvientes, cuidadores de ancianos “y quizás se observe que los profesores y las enfermeras son más valiosos que los banqueros de inversión y los gestores de fondos especulativos”.

Los retos de seguridad nacional vinculados con la agenda de salud pública también pueden ser generados por condiciones de vulnerabilidad de carácter interno: en el ámbito urbano e industrial existe un incremento importante en la movilización y transporte de grandes cantidades de materiales tóxicos y peligrosos, pueden convertirse en factor de riesgo para los asentamientos humanos que rodean a centros industriales.

Es necesario considerar la posibilidad de que actores no estatales busquen poner en riesgo la seguridad de instalaciones vitales como el Sistema Nacional de Salud, como sucedería en el caso de ataques a las fuentes de abastecimiento de agua u otros actos dirigidos contra instalaciones estratégicas en medio de la pandemia.

En ese sentido, Vizarretea Rosales plantea que el Estado mexicano debe aspirar a fortalecer la capacidad institucional necesaria para hacer frente a contingencias sanitarias y epidemiológicas bajo condiciones de desastre. Propósito que debe ser acompañado por un sólido programa de inversión para la investigación y la prevención de enfermedades.

“A los esfuerzos nacionales en la materia, deberá sumarse la colaboración internacional como parte de una política permanente de intercambio de información que permita identificar y prevenir amenazas específicas, contribuyendo así a reducir la morbilidad y mortalidad generadas por enfermedades transmisibles epidemiológicas”, subraya.

Se requiere que el gobierno federal y de los estados actúen más coordinadamente en lo nacional y local, con ambición de resolver. De otra manera, se afectará el ahorro, las pensiones y el bienestar de la población. “Urge una renta básica o una forma de distribución similar que dé protección y calma a la gente en tiempos de emergencia”, enfatiza.

Vizarretea Rosales asegura que, si bien México va en la tercera fase de la pandemia, a la espera pronto la cuarta y la quinta etapas de su evolución, refleja un escenario poco optimista, sobre todo ante la situación crítica del sistema de salud y la escasez de recursos suficientes para atenderla desde el lado del gobierno.

Y es que, dice, bajo condiciones de desastre, el número de riesgos sanitarios suele elevarse, permitiendo la configuración de brotes epidemiológicos que pueden extenderse con rapidez en aquellas zonas donde los servicios públicos y la infraestructura de salud han sido destruidos.

Los problemas en conjunto han devenido un riesgo y una amenaza a la seguridad nacional de los países del mundo. “El desafío es global pero las acciones son locales, por lo que en México habrá que hacer un esfuerzo de participación internacional”, destaca.

El mundo postpandemia no será igual y México tampoco. En todos los campos o expresiones del poder nacional de cada Estado, en cada individuo hay una resonancia darwiniana en el ambiente: No sobrevive el más inteligente o el más fuerte, sino el que mejor se adapta”, sentencia.

Más pobreza y tensiones sociales

México no ha estado exento de críticas internacionales, no solamente por el colapso de las instituciones de salud sino también porque el modelo mexicano probablemente esté sub-registrando el número de contagios y de fallecimientos, asegura por su parte Gerardo Rodríguez Sánchez Lara, coordinador académico del Centro de Estudios sobre Impunidad y Justicia.

Los datos para México son terribles, además de la pandemia, la recesión económica, la inactividad económica, se prevé que puedan caer en pobreza y en pobreza extrema cerca de 2.5 y 4 millones de mexicanos, respectivamente; “eso va a agravar la situación de tensiones sociales en el país”, alerta el experto en seguridad nacional y Fuerzas Armadas.

Sánchez de Lara matiza respecto del fenómeno de la pobreza endémico del país: “obviamente está medido, la pobreza no causa violencia ni criminalidad, pero sí las desigualdades y sobre todo en zonas urbanas, donde la desigualdad de la pobreza es más lacerante que en zonas rurales”.

El catedrático de la Universidad de las Américas de Puebla (UDLA) sostiene que en México, gobiernos locales se han estado saltando las medidas del gobierno federal, con políticas, decretos de estado de emergencia, alertas y medidas de excepción.

Y es que, dice Sánchez de Lara, probablemente desde la Segunda Guerra Mundial o desde las décadas de 1960 y 1970 en el mundo no veíamos decretos de estado de emergencia, cierre de fronteras, cancelación de vuelos, restricción de movilidad, excarcelamiento de presos.

Agenda Nacional de Riesgos, formulismo

Para el catedrático de la UDLA, la pandemia obligará al Estado mexicano a repensar y replantear su agenda nacional de riesgos, la cual incluye a las pandemias como una de las principales amenazas a la seguridad nacional.

Sin embargo, ante de la crisis sobre algunos tópicos en el manejo de la pandemia, el especialista en política públicas cuestiona: ¿qué ha ocurrido, solo es un formulismo la elaboración de esa agenda de riesgos?

Enfatiza que las agendas de riesgo van cambiando “y una buena agenda de riesgos se debe de actualizar al menos dos veces por año y presentarse al consejo de seguridad nacional del país, a instancias legislativas, a comités de inteligencia o de seguridad nacional”.

Y es que, a 18 meses del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, no se ha hecho público la agenda de riesgos a la seguridad nacional e instituciones del Estado, tarea que otrora realizada el extinto Centro de Investigación y Seguridad Nacional, hoy Centro Nacional de Inteligencia.

Empero, considera que seguramente las pandemias estarán en las agendas de riesgo de los países los próximos años para después, “cuando se encuentren las vacunas contra el coronavirus volverán a bajar”. “Así son las agendas de riesgo”.

Ante los problemas de fortaleza institucional de las áreas de salud del gobierno mexicano, las Fuerzas Armadas han tenido que salir en auxilio de las políticas sanitarias en muchas áreas multidimensionales, argumenta el investigador de la UDLA, en su análisis Las Fuerzas Armadas de México frente a la pandemia Covid-19, publicado por el Centro de Estudios Estratégicos del Ejército del Perú (mayo 2020).

“La pandemia de Covid-19 claramente está siendo manejada como una amenaza a la seguridad nacional. En este sentido, las Fuerzas Armadas son de las pocas instituciones del Estado mexicano que están recibiendo recursos adicionales dentro de la política de austeridad anunciada por el presidente” López Obrador, destaca el catedrático.

Sin embargo, advierte que los retos para las instituciones militares son mayores que los que se pueden vislumbrar en medio de esta crisis. “Es fundamental que las secretarías militares gestionen los impactos negativos sobre sus instituciones, por ejemplo: las bajas mortales de efectivos operativos y de salud militares, gastos extraordinarios no previstos y costos políticos compartidos de las decisiones tomadas al interior del gabinete”.

Expresa que las Fuerzas Armadas no han sido requeridas, de manera auxiliar, para atender ningún escenario de estado de excepción para decretar la suspensión de derechos. Sin embargo, es poco probable que el actual gobierno utilice la fuerza militar para controlar situaciones no deseadas de violencia producto de esta crisis pandémica.

En caso de que se puedan complicar los escenarios de incumplimiento a los ordenamientos gubernamentales para atender esta crisis, será la Guardia Nacional quien apoye a las instituciones policiales locales de gobierno.

Sánchez de Lara subraya que México no es la excepción en el mundo, en el uso de sus fuerzas militares, para atender este tipo de amenazas multidimensionales a la seguridad nacional.

Enumera las características de las Fuerzas Armadas, -que no tienen otras instituciones civiles: capacidad de planeación y soporte logístico-: coordinación con todos los niveles de gobierno, recursos humanos disciplinados, instalaciones físicas y capacidad de despliegue en todo el territorio, facultad de ejercicio de presupuestos en caso de seguridad nacional y personal e instalaciones médicas de primer nivel.

Era inminente que las instituciones militares auxiliaran a las civiles en el manejo de las políticas de gestión de la crisis proyectada por la expansión de esta pandemia, en la que la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) dividió en tres fases su participación: preventiva, auxilio y recuperación.

Fase preventiva, activación del Plan DN-III-E a nivel nacional con especial énfasis en la coordinación con autoridades estatales y municipales, y todos los niveles de autoridades de salud. Fase de auxilio, activación y empleo de las instalaciones hospitalarias militares, unidades operativas adaptadas y hospitales pertenecientes al sector salud. Y fase de recuperación, cuando se determine que la crisis pandémica terminó, limpieza y desinfección de instalaciones hospitalarias, equipo especializado, vehículos y artículos empleados en la emergencia.

El especialista en políticas públicas elaboró una tabla de seis medidas gubernamentales con las que considera posible enfrentar las amenazas este 2020, que son, dijo, entre un 70 y 80 por ciento, medidas que están tomando los países del mundo.

El catedrático Sánchez de Lara reflexiona cómo va a afectar la pandemia al gobierno de López Obrador en temas como economía, migración, y su impacto en las elecciones del 2021.

“En México sí le va a impactar de manera negativa al gobierno de López Obrador la pandemia, sin lugar a dudas, por el tema de la economía. Unos 10 millones de mexicanos de clase media afectadísimos por el coronavirus, ya no van a salir a votar de nuevo por el gobierno de López Obrador. El partido del gobierno que lo llevó está en los niveles más bajos, cerca del 18 por ciento, aunque el presidente todavía tiene márgenes de confiabilidad de opinión pública magníficos”.

En este escenario será el partido de derecha el que más atraiga votos de la clase media, enojada porque no hubo un paquete de rescate importante para las empresas medianas y pequeñas, va a haber una caída en la medición de la confianza a las instituciones, sobre todo sociales y al gobierno.

Cuestiona que no se haya acortado el flujo de migrantes, ni siquiera en cantidad tomando en cuenta que nuestras fronteras están cerradas y sobre todo en una actividad en la que está implicado el crimen organizado.

La oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito está muy preocupada sobre la relación de la Covid con el tema del tráfico de personas, en el que Estados Unidos presiona a México y a los países centroamericanos, a pesar de que migrantes no pueden traer la Covid a México, al contrario, se podrían infectar aquí y regresar a sus países de origen con el coronavirus.

Finalmente, Sánchez de Lara considera que después del periodo álgido de la pandemia todas las instituciones civiles y militares, “pasaremos por el escrutinio de cómo reaccionamos, cómo manejamos la crisis, y estas (tabla) son algunas de las variables que serán estudiadas y por las que se evaluará a las instituciones de sanidad, de seguridad, de justicia, militares y a la cancillería”.