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La locuacidad excesiva desde Palacio Nacional está generando un fanatismo político amenazante. El no tolerar la información veraz y contrastada, con arreglo a los hechos, ha provocado una verbosidad que, mañana, tarde y noche, ya fastidia. Pues gran parte de esos discursos de “hablar hasta por los codos” no deja huella en el auditorio, ya que se dice lo mismo una y otra vez. Sin embargo, los medios de comunicación, cumpliendo con su profesionalismo, no dejan de dar a conocer esa machacana manera de la divisa de “más de lo mismo”. Todos los periódicos han de enviar a sus reporteros, no obstante el hartazgo de escuchar repeticiones para difundir lo que se dice en esos encuentros; y donde pasan lista de presentes dos uniformados: de Marina y la Defensa, junto a los que son citados para hacer bulto, mientras uno o dos hacen uso de la palabra en el mercado de la verborrea presidencial.

Y todo eso, cuando son ataques a la información y la crítica, de inmediato reciben, no réplicas, sino acuses de recibo para insultar, difamar y provocar que los fanáticos del populismo casi tomen las armas y recurran a las amenazas para sembrar el terrorismo que quiere consumar sus advertencias. Echeverría dio un golpe de mano contra el periódico Excélsior, porque Julio Scherer y sus trabajadores: obreros y periodistas, se dieron a la tarea de cuestionar, con información, análisis y crítica, los hechos del abuso presidencial.

Un sexenio antes, Díaz Ordaz hizo lo mismo: arremetió contra las libertades de expresión y difusión, particularmente teniendo en su mira a la prensa escrita. López Portillo se hizo “célebre”, con su fascista frase: “no les pago para que me peguen”. En Los Pinos, Zedillo pasaba por la mesa donde estaban los periódicos y de un manotazo los tiraba al suelo. Salinas de Gortari siempre estuvo atacando a la prensa. Fox, Calderón y Peña, despreciaban a los medios de comunicación, sobre todo, impresos. Así que es claro que el presidencialismo mexicano ha sido siempre enemigo de las libertades fijadas como conquistas en los Artículos 6 y 7 Constitucionales.

Sin excepción hasta la fecha, cuando con su postura de “replicar”, López Obrador no ha dejado de oponerse y atacar a la prensa, porque le molesta que se publique, como contrapoder, lo que deben conocer los lectores. Así como desprecia al feminismo, a los médicos, a los industriales y nunca admite una crítica; ni siquiera una petición o recomendación. Y casi nunca reconoce un error. Referente a la intimidación mediante una llamada a las oficinas del periódico Reforma, para reclamarle que deje de estar “difamando” al presidente, en lugar de reprobar el acto en términos de ultimátum, volvió a dirigirle a ese diario sus consabidos insultos.

Ya el matutino de Monterrey, filial de Reforma, El Norte, ha sido tres veces víctima de esos ataques; ahora, a nombre del cártel de Sinaloa, hicieron saber a Reforma que está “sobrepasando la línea” y, en consecuencia, lanzó el reto de “volar” el edificio para impedir que el periódico siga criticando al huésped de Palacio Nacional.

Una vez que en su conferencia matutina López Obrador dirigió en vivo sus consabidos adjetivos para descalificar el trabajo de Reforma, casi dejó en la impunidad la intimidación hecha al diario de circulación nacional, ya que no escuchamos una enérgica reprobación del amago. Así que estamos ante la llamada telefónica del aviso terrorista. Se trata de que quienes ejercen los derechos de libre expresión, publicación y difusión de las ideas, están en la mira amenazadora de quien envió una advertencia al periodismo en general, con la finalidad de ejercer la censura previa, para supuestamente impedir el desempeño del contrapoder, como ejercicio esencial en un sistema constitucionalmente democrático y republicano. El mensaje (Reforma, 14 de mayo de 2020) es que se está a punto del cumplimiento de un acto con carácter de ultimátum.

Así que ante este amenazante acto, deben todos los periodistas y medios de comunicación unir su voz en defensa de estos derechos. Porque se trata de algo más que solamente una amenaza. Pues hay quienes se han envalentonado con la impunidad prevaleciente y deciden ir más allá de simples bravatas. En el audio de la intimidante llamada, está claro lo que busca el remitente y debe ser una convocatoria a defender las libertades de prensa o estaremos a merced del poder fáctico de las delincuencias que defienden el silencio periodístico, para dejar que únicamente prevalezcan los elogios al poder presidencial. Sólo que no estamos dispuestos a ceder lo conquistado desde hace siglos, para que prevalezcan las libertades como derechos de todos los mexicanos.