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I. En la Cámara de Diputados –que controla Mario Delgado, el as de Marcelo Ebrard Causaubón, éste el as, a su vez, del huésped de Palacio Nacional para la sucesión– se convocó a una sesión extra urgente a fin de discutir la iniciativa de ley para entregar todo el dinero al manejo de Andrés Manuel López Obrador, ya que Morena tiene mayoría con sus partidos dizque aliados, a pesar de la oposición del PAN, PRI y Movimiento Ciudadano; por lo que se veía que no habría mayor éxito de quienes la impugnaron. Unos días antes, Jesús Martín Mendoza del periódico El Heraldo y la radio de esta empresa entrevistó a Delgado y se enfrascaron en preguntas e impugnaciones del comunicador (éste siempre con la espada desenvainada contra el lópezobradorismo) y las respuestas-defensa del diputado que es el más sobresaliente servidor y servil de la Presidencia de la República, muy con su derecho y convicción. Éste ha sido su papel y lo será como obligación política partidaria y para arrimarle leña a la precandidatura de Marcelo.

 

II. Ese Luis Marcelo Ebrard Casaubón, que actualmente desempeña funciones de secretario de Relaciones, de Gobernación, de Economía y director del Aeropuerto Internacional por la organización de vuelos a China para traer “donativos”. Aquí es conveniente recordar la letra de un tango clásico argentino donde un verso reza: “vos creís ser diputado y sois un pobre diablo”. Lo que le viene como saco a la medida a Mario Delgado que, a diferencia de Martí Batres, quien siempre tiene una sonrisa en su rostro, está siempre muy serio coordinando a los legisladores de su partido para alinearlos con el lópezobradorismo. Menos a Porfirio Muñoz-Ledo y Lazo de la Vega, que se ha pasado a la oposición desde que fue desbancado y regresado a una silla del Congreso, lugar desde donde formula sus críticas. Así que Delgado no deja de dar la cara por el lópezobradorismo, mientras en el ínterin se aconseja con su jefe directo Marcelo Ebrard para continuar dirigiendo la “orquesta” legislativa.

III. Dirigiéndola de la misma manera como lo hizo para aprobar que el presupuesto de ingresos ya no tenga un reparto de las contribuciones e impuestos, con lo que las entidades del país –salvo la capital donde medio gobierna la Sheimbaun, otro as de AMLO– se quedarán sin partidas o recibirán lo mínimo, una vez que el presidente de la todavía República haga lo del que parte y reparte… se queda con la mayor parte. Así que según lo que López Obrador dijo del coronavirus, estamos en una situación “muy a la medida” para que la concentración del poder político, económico, legislativo y judicial esté en un solo hombre (la herencia ideológica del porfiriato y el priismo); y que ese hombre decida cómo usar los dineros de la sociedad. Por más que diversos sectores impugnaron que esta acción tuviera lugar, Delgado y Morena decidieron que López Obrador sea el único que determine en qué se usarán los recursos multimillonarios, sin derecho a nadie más para cuestionar ese manejo del presupuesto de ingresos.

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