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Ginebra, Suiza (Inter Press Service). Por efectos de la Covid-19 aparecen indicios de una transformación del modelo de comercio implantado por la globalización y sostenido por las cadenas mundiales de valor, para suplantarlo por una integración de ámbito más reducido, las cadenas regionales de suministro, que ya se comienzan a experimentar en África.

En el movimiento sindical se levantan voces críticas de ese modelo averiado por la pandemia y reclamos de una revisión de la división internacional del trabajo surgida de las políticas neoliberales de las últimas décadas.

Un informe de la Organización Mundial del Comercio (OMC) reconoció el miércoles 20 que el volumen internacional de intercambios de mercancías tiende a caer de manera precipitada en la primera mitad de este año.  En la última medición, el barómetro de ese comercio se ubicó en 87.6 comparado con la base ideal de 100 puntos.

Un veterano consultor comercial independiente, Stuart Harbinson, durante muchos años representante de Hong Kong ante la OMC, diagnosticó que “en la esfera comercial, la Covid-19 ha dejado al descubierto la fragilidad de las cadenas globales de suministro”.

La pandemia obligó al cierre de fronteras, puertos y aeropuertos y también al confinamiento de poblaciones enteras. Así, se paralizaron casi todo el comercio y la mayoría de los servicios, con la excepción más notoria de los digitales.

Las presiones políticas de la OMC, la Organización Mundial de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura abrieron el tráfico para dos renglones esenciales: los productos sanitarios y los alimentos. Una decisión avalada por la sociedad pero que despertó reproches.

La Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación, Agricultura, Hotelería, Restaurantes, Catering, Tabaco y Afines denunció “irresponsable omisión” porque esa apertura no fue acompañada por medidas de protección de las vidas, seguridad y medios de sustento de trabajadoras y trabajadores agrícolas, que suman 500 millones de asalariados en todo el mundo, dijo.

Otros dirigentes del campo laboral, la australiana Sharan Burrow, secretaria general de la Confederación Sindical Internacional, la central única mundial, y el británico Stephen Cotton, secretario general de la Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte, sumaron críticas a la estructura tambaleante del comercio.

“Esta pandemia pone trágicamente de manifiesto la inhumanidad de un modelo de cadenas de suministro que explota despiadadamente a los trabajadores, en particular a las mujeres y los migrantes, mediante la denegación delos derechos humanos y laborales, la imposición de salarios de miseria y la precariedad laboral”, declararon Burrow y Cotton.

Las dos confederaciones sindicales sostuvieron que “debemos salir de esta crisis con el compromiso de apoyar un nuevo modelo de prosperidad compartida y de trabajo decente para todos y para todas”.

“A medida que sorteamos la crisis, debemos aprender las lecciones que ésta nos enseña, si queremos construir economías fuertes, sustentables y más equitativas. Un sistema económico fragmentado, con empleos informales y menguantes derechos laborales, no va a servir de solución en el futuro”, advirtieron.

Otra sindicalista, la italiana Rosa Pavanelli –secretaria general de la Internacional de Servicios Públicos (SPI, en inglés), la federación mundial que sindicaliza a 30 millones de empleados estatales– analizó las consecuencias de la actual crisis sanitaria durante un seminario virtual organizado el miércoles 20 por el Instituto Transnacional, con sede en Ámsterdam.

“Hemos escuchado pronunciamientos de políticos que, como resultado de la crisis sanitaria, opinan que no se puede continuar de la misma forma”, refirió Pavanelli.

Pero “la balanza no está a nuestro favor. El peligro del desempleo, de la catástrofe económica, nos perjudica a los obreros. Debemos presionar por un cambio en la economía”, demandó.

La secretaria general de la SPI responsabilizó por los desequilibrios al modelo comercial de deslocalización industrial que consistía en “el empleo de trabajadores del Tercer Mundo porque eran más baratos”. Esto dejó en evidencia “la debilidad de la división internacional del trabajo”, dedujo.

Pavanelli enfatizó que “debemos entablar un debate muy amplio sobre la división internacional del trabajo”.

La vulnerabilidad del mecanismo de las cadenas globales de valor ha quedado en evidencia con la Covid 19, la crisis climática y las disputas entre las dos mayores potencias comerciales, Estados Unidos y China. Así lo observaron Andrew Mold, de la Comisión Económica para África de las Naciones Unidas, y Anthony Mveyange, de TradeMark East Africa, una institución de cooperación financiada por la Unión Europea, Estados Unidos y varios países europeos individualmente.

Los dos economistas estimaron que los gobiernos y las industrias de la región de África del Este deben considerar con premura un tránsito de las cadenas globales a las cadenas regionales de valor.

Las dificultades de la región para integrarse a las cadenas globales y para obtener ganancias del proceso de integración regional aconsejan poner énfasis en las cadenas regionales, que permitirían cosechar múltiples beneficios, vaticinaron.

Muchas de las cadenas globales han madurado con nuevas especializaciones que obstaculizan la incorporación de los países del Sur en desarrollo. Por el contrario, el comercio regional africano, si bien todavía en bajos niveles, tiende a aumentar y desde la crisis financiera global de 2008-2009, crece rápidamente.

Y un aspecto nada desdeñable es que el transporte por vías marítima o aérea de los bienes intermedios de la cadena global deja una huella ambiental significativa.

En cambio, la proximidad geográfica determina que la cadena regional, a diferencia de la global, tiene la posibilidad de reducir las emisiones de anhídrido carbónico, un tema preocupante en la región, recordaron Mold y Mveyange.

Como resumió Frank Matsaert, jefe de TradeMark East Africa, “tenemos que producir más en África y para África”, una reflexión que de hecho sirve para todas las regiones del Sur.

Gustavo Capdevila

 

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