Autor:

El duelo por la muerte de un ser querido durante la pandemia vulnera la salud mental: ese proceso se complica por el distanciamiento social y la incertidumbre. Aunado a ello, la emergencia ha aumentado la angustia, la desesperación, ansiedad y miedo en la población, observa el coordinador de la Clínica del Programa de Salud Mental de la UNAM.

Detrás de una pandemia está la muerte. Al medio día del 14 de mayo, la Covid-19 había causado 300 mil 315 muertes en el mundo –de acuerdo con la Universidad Johns Hopkins–, de las cuales 4 mil 477 corresponden a México, indican datos de la Secretaría de Salud.

La defunción súbita de un ser querido a causa del nuevo coronavirus SARS-CoV-2 conlleva un duelo distinto que vulnera la salud mental de la población y debe ser tratado por especialistas. Y es que de por sí ha aumentado la demanda de servicios de salud mental por la angustia, el dolor, la desesperación, ansiedad y miedo a la muerte que causan las emergencias. Si a esto se añade un fallecimiento cercano, el duelo se complica debido al distanciamiento social por el cual se han cancelado servicios funerarios.

El coordinador de la Clínica del Programa de Salud Mental de la Universidad Nacional Autónoma de México, doctor José Benjamín Guerrero López, explica a Contralínea que en situaciones como la de esta pandemia es más fácil que los duelos se compliquen. “En general la respuesta de duelo tiene muchas características parecidas a la depresión; sin embargo, no es un cuadro depresivo como tal: algunas personas en estado de duelo si se complican con depresión, tienen el duelo más depresión”.

El experto en psiquiatría agrega que “el problema es que en casos de emergencia estos duelos se complican con depresión y las depresiones frecuentemente se agravan por la impotencia, la frustración que genera y el enojo que no se puede manejar por el encierro. Entonces, sí tendríamos que estar muy atentos si el número de muertos se incrementa grandemente”.

Y expone en un duelo sin depresión, los pensamientos y sentimientos de tristeza y pérdida –ese sentir de que las cosas ya no van a ser como antes– se relaciona totalmente con la muerte del ser querido. En cambio, con depresión, esos pensamientos y sentimientos no sólo se centran en el fallecido, “sino de decir: ya qué caso tienen mis amigos, mi trabajo, mi desarrollo, qué caso tiene mi vida. Se extiende más allá de la pérdida del ser querido”.

Por su parte, Patricia Solís González –psicóloga tanatóloga del Instituto Mexicano de Tanatología– explica a Contralínea que la muerte durante la pandemia se toma con mucha angustia. “El ser humano quiere hablar de todo menos de la muerte, menos del sufrimiento, menos de las enfermedades y esto [la pandemia] nos viene a poner muy vulnerables y frágiles”.

Añade que “hay incertidumbre de quién se va a enfermar y qué es lo que me va a pasar. Por esto el terror a la pandemia, porque nos confronta a nosotros mismos, sabemos que vamos a morir pero no queremos pensar nunca cuándo, ni nosotros, ni nuestros seres queridos”.

La muerte durante la pandemia se clasifica como súbita y los familiares no tienen tiempo para prepararse; en ese sentido, es importante contemplar que la sociedad deberá de experimentar o permitirse vivir el duelo frente a la contingencia, asegura Leticia Ascencio Huertas, psicóloga en cuidados paliativos del Instituto Nacional de Cancerología.

Al respecto, el doctor Guerrero López explica el impacto que tiene en los deudos el hecho de no poder realizar funerales: “lo que vamos a encontrar son grandes repercusiones emocionales en la gran mayoría de las personas. [Esto] también depende de la personalidad y las costumbres de cada quien: hay gente que prefiere que este tipo de eventos, cuando se pierde a un ser querido, sean más privados, más íntimos. Claro, también hay gente que prefiere que el evento sea más social, que participen los vecinos, todos los familiares, en fin. Definitivamente la gente que está esperando que el evento sea más social […] sí va a tener una repercusión mayor. Y la repercusión se va a dar en sentimientos de enojo, impotencia, frustración, tristeza y quizá se prolongue más el duelo”.

Por ello, el psiquiatra recomienda a esas personas que, en cuanto termine la contingencia, realicen actos religiosos más públicos o reuniones familiares y con amigos “para recordar al difunto y esto ayude a resolver el duelo”.

La muerte en México

Aunque en México hay poca experiencia de la muerte por Covid-19, se sabe que la mayoría de las defunciones está asociada a comorbilidades como la hipertensión, diabetes, sobrepeso, obesidad, tabaquismo [alto factor de riesgo], asma e inmunosupresión.

La sociedad está reaccionando ante la pandemia psicológicamente con mucho miedo, ansiedad por el encierro e incertidumbre ante la muerte asevera en entrevista Felipe Martínez Arronte, presidente de la Asociación Mexicana de Tanatología, AC.

De acuerdo con la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, actualmente la población que vive en grandes ciudades tiene más miedo a morir, ya que existen fenómenos que contribuyen a posponer la muerte, como los descubrimientos en la medicina y la educación.

Cuando una persona se encuentra en los últimos momentos de vida regularmente es atendida en un hospital y una vez que fallece es velada en una funeraria, esto contribuye a que los cercanos al finado se familiaricen con su muerte. En el caso de la pandemia, la muerte es “tajante” y súbita: hay miedo e incertidumbre al no poder visitar al ser querido, y esto “va desarrollando en la gente un sentimiento de xenofobia que hace más difícil el proceso del duelo”, explica el doctor José Benjamín Guerrero López.

El especialista en psiquiatría asegura que con la Covid-19 –al ser una enfermedad transmisible– las familias evitarán tener contacto con el ser querido que podría enfrentarse a la muerte; por miedo al contagio de sus familiares y de sí mismos, haciendo el proceso más doloroso.

El duelo durante la pandemia

La pérdida de un ser cercano se experimenta de distinta manera. Las personas pasan de forma diferente por una etapa que se conoce como duelo, durante la cual se experimenta una serie de sensaciones físicas, emocionales y espirituales.

“La muerte es una separación: una experiencia de desprendimiento tanto para el que muere como para los que quedamos vivos. Morir no es sólo perder el cuerpo, es algo más profundo y doloroso que implica siempre la posibilidad de un aprendizaje”, expuso la tanatóloga Margarita Bravo Mariño en su artículo Cómo afrontar la pérdida de un ser querido.

En este contexto de pandemia también hay personas que mueren por otras enfermedades o circunstancias, y el duelo es ese “que hay que hacer para llegar a la aceptación”, dice la tanatóloga Patricia Solís.

Ese proceso sirve para resignificar la vida sin la presencia del ser querido. Martínez Arronte –presidente de la Asociación Mexicana de Tanatología– detalla que “el duelo es un proceso, no una enfermedad”, que se lleva a cabo de forma individual, y su complejidad depende de quién es la persona que muere y de cómo ocurre su partida.

Al respecto, el psiquiatra Guerrero López señala que, en la sociedad, la muerte de personas jóvenes se siente como una tragedia. En cambio, las defunciones de personas de la tercera edad o con enfermedades se sienten como un descanso. Pese a ello, comenta que en este contexto de pandemia, la población que tiene familiares en situación de vulnerabilidad sufren mucha incertidumbre por la posibilidad de infección y muerte.

Por su parte, Sandra Fernández Vera –psicóloga especializada en duelo en LECI, AC– explica que tras la muerte llega primero el shock, posteriormente la emotividad y finalmente la aceptación. Es un proceso que dura de 9 meses a 2 años en promedio.

La especialista añade que las implicaciones psicológicas son la existencia del “temor, la inseguridad, una subjetividad irreal: no hay una aceptación de la realidad como tal”. Menciona que la sociedad no está preparada para pérdidas tan espontáneas como las originadas con esta epidemia.

“No son muertes normales, son muertes súbitas o accidentales. Entonces, viene muchísima tristeza, demasiado dolor, miedo, ansiedad por la pérdida de la seguridad que te da el hecho de estar con alguien y perderlo de momento; y también tu propia seguridad porque, ante una pandemia, no puedes saber si eres el siguiente, y comienza la incertidumbre.”

Afectaciones del distanciamiento social durante el duelo

El tanatólogo Felipe Martínez Arronte explica que, en un principio, el encierro –a causa del distanciamiento social– funcionará en el proceso del duelo debido a que las personas necesitan estar solas; pero, a medida que pase el tiempo, querrán expresar lo que están viviendo: su dolor y su angustia, lo que se conoce como proceso de catarsis, y es ahí cuando necesitan la presencia de alguien. En ese marco, el proceso del duelo se complicará si la persona está sola.

Por ello, el encierro se vuelve un riesgo emocional: las personas necesitan contar la familia, con grupos de apoyo y con profesionales. “Los psicólogos estamos tratando de activar este sistema de apoyo de forma virtual, donde puedas compartir tu sentir, que te sientas apoyado por personas que están experimentando lo mismo que tú y que acaban de tener la pérdida de un familiar por la pandemia”, dice la psicóloga Leticia Ascencio.

Agrega que es importante vigilar los síntomas porque un duelo mal cuidado se puede convertir en un trastorno depresivo o de ansiedad. Al respecto, el psiquiatra José Benjamín Guerrero López explica que los duelos en condiciones de emergencia se pueden complicar con depresiones que frecuentemente se agravan por la impotencia, la frustración y el enojo que no se puede manejar durante el confinamiento en casa.

Por ello, los especialistas recomiendan estar atentos al incremento de número de muertes porque afectaría de forma masiva la salud mental de la población. Para las personas que ya están pasando por un duelo, lo mejor es estar en contacto con familiares, con amigos aprovechando la redes sociales y video llamadas.

Para la psicóloga Sandra Fernández, es importante hacer uso de la creatividad, hacer oraciones o pequeños rituales –dependiendo de la creencia– y recurrir a psicólogos especializados en tanatología o a psiquiatras vía telefónica.

Prolongación del duelo a causa de la prohibición de funerales

Las medidas de protección en México incluyeron suspender los funerales, debido a la exposición y a la posible propagación del brote del nuevo coronavirus. Éste tema es relevante debido a su implicación espiritual en la población mexicana.

El doctor Felipe Martínez Arronte aclara que la función del funeral es que el individuo vea la situación, y que el apoyo espiritual cumple la función de ayudar a vivir el proceso de la muerte.

Sin ese ritual es más difícil transitar el duelo, ya que la persona “necesita cerciorarse de que su familiar se murió, y los rituales nos ayudan a aceptar la muerte”, expone la tanatóloga Patricia Solís.

A pesar de que no habrá funerales, “eso no quita el acompañar a alguien, haciendo unos rituales, haciendo unas ceremonias dentro de lo que se puede y lo que está permitido; no ponernos en riesgo tampoco”, dice la psicóloga Leticia Ascencio.

Agrega que al no estar el cuerpo presente por las medidas para evitar contagios de Covid-19, se podría hacer un ritual a distancia. “Aquí sería importante acudir con especialistas, con tanatólogos, con terapeutas que puedan hacer este ritual para que la persona que se va lo haga en paz, y las personas que se quedan puedan realizar exitosamente el proceso de duelo.”

Expresa que los afectados tendrán que velar por su salud y la de los demás. La alternativa que se presenta es el uso de las tecnologías o hacer la despedida del cuerpo una o dos personas, respetando las medidas sanitarias.

En la contingencia de la Covid-19, “la relación con la vida y la muerte es algo que tenemos que aceptar dada la situación de higiene que existe. El hecho de que a las personas se les haga un funeral y todos estos ritos implica la exposición y, por lo tanto, puede ser un riesgo para las personas que acudan a este tipo de eventos”, dice la psicóloga Sandra Fernández.

El tanatólogo Martínez Arronte menciona que, a través de redes, amigos y familiares podrán encontrar el apoyo y solidaridad que ayudan a afrontar el proceso de duelo.

Entrevistados por separado, los expertos recomiendan hacer meditaciones u oraciones desde su misma casa, dependiendo de la necesidad espiritual, recurrir a profesionales que acompañen el proceso y utilizar las tecnologías –como video llamadas– para despedir en familia al difunto.

Departamento de Psiquiatría de la UNAM atenderá a estudiantes en duelo por muerte a causa de Covid-19

El 23 de marzo pasado, la Facultad de Medicina de la UNAM lanzó su Plan de Contingencia por la pandemia de Covid-19, por la cual los estudiantes de la Universidad que requieran atención psiquiátrica, psicológica y psicosocial podrá recurrir a distancia al Departamento de Psiquiatría y Salud Mental.

La razón es el aumento del requerimiento de estos servicios a causa de la pandemia de Covid-19. El programa de atención se enfoca en las personas que sientan amenaza a la seguridad y al funcionamiento de la vida diaria, lo que genera diferentes grados de miedo hasta el pánico, malestar depresivo y problemas de conducta.

Además, por las medidas de aislamiento también puede haber respuestas de enojo, frustración, indignación y desesperación, consecuentemente, abuso de sustancias, de conducta violenta y suicidio.

Al respecto, el doctor Benjamín Guerrero López –coordinador de la Clínica del Programa de Salud Mental del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la UNAM– asegura a Contralínea que este programa se realizó con la finalidad de seguir atendiendo a la comunidad universitaria a pesar de la contingencia. Agrega que la alternativa fue la atención a distancia.

Sin embargo, expresa que están preparados por si las muertes aumentaran y los alumnos solicitaran más atención para superar el duelo. En un escenario así, indica, se modificará el programa de atención. “Sabemos que en este tipo de emergencias siempre hay manifestaciones psicológicas antes de la emergencia, durante la emergencia y posterior a la emergencia”.