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Estados Unidos fue derrotado nuevamente en Venezuela. La incursión militar que intentó con mercenarios la semana pasada fue parada en seco por la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y el pueblo de pescadores de Chuao, Aragua. El fiasco de los estadunidenses es similar, en tipo de operación y resultados, al de Playa Girón o Bahía de Cochinos, cuando intentaron invadir Cuba en 1961.

Donald Trump ha tenido que salir a decir que su gobierno nada tuvo que ver en el asalto. Con la cara dura y tratando de sostener la arrogancia, dijo este viernes 8 que si él hubiera estado detrás del operativo, la invasión sería exitosa. Emulándolo lastimosamente, el involucrado presidente de Colombia, Iván Duque, declaró que él las cosas las “hace de frente”. Es decir, los “valientes” mandatarios no condenan la violencia ni la ilegalidad de la incursión, sino lo “mal ejecutada”.

Los halcones que gobiernan Estados Unidos no reconocerán una derrota (ni de inmediato una victoria) en este tipo de intervenciones no sólo ilegítimas sino ilegales ante el derecho internacional. Ahora se deslinda Trump como en su momento los ocupantes de la Casa Blanca se deslindaron en un principio del citado caso de Playa Girón, pero también de los golpes de Estado en Chile contra el gobierno socialista democráticamente electo de Salvador Allende (1973); en Argentina, contra María Estela Martínez de Perón (1976), y en Brasil, contra Joäo Gurlat (1964), por sólo mencionar cuatro casos de las decenas instrumentadas en el escenario latinoamericano.

Lo cierto es que Jordan Goudreau, director ejecutivo de Silvercorp USA, con sede en Florida, se adjudicó abiertamente la maniobra. Lo hizo cuando ya había fracasado su operación, habían muerto ocho de sus mercenarios y otros tantos estaban presos. Él mismo, como sus efectivos, fueron entrenados por las Fuerzas Armadas estadunidenses. No es un improvisado.

Luego se reveló el contrato por el que se adquirieron sus servicios. Aparece la firma de este “exmilitar” estadunidense, junto a la del espantapájaros Juan Guaidó, quien dice ser el “presidente” de Venezuela. Están también las de su asesor Juan José Rendón (quien fue asesor de Peña Nieto en México) y del opositor venezolano Sergio Vergara.

A cargo del “Comité de Estrategia”, Rendón –experto en guerra sucia, falsos positivos y campañas de difamación– reconoció que firmó el contrato y pagó 50 mil dólares de anticipo. Goudreau, por su parte, ha declarado que cobraría por los servicios en 211 millones de dólares. ¿Quién paga?

El plan era entrar a Venezuela el 3 de mayo, tomar el control del país, asesinar al presidente Nicolás Maduro y llevarse a Estados Unidos a los funcionarios que pudieran. ¿Y esperan que creamos que esta incursión la hicieron solos, cuando Guaidó no da un paso sin la tutela estadunidense?

El mismo día de la incursión armada, las autoridades venezolanas detuvieron a los estadunidenses Luke Denman y Airan Berry, quienes declararon tranquilamente que entrenaron a 60 mercenarios en tres campamentos en Riohacha, norte de Colombia. Y hasta el momento de redactar estas líneas el gobierno venezolano suma 31 detenciones y 22 órdenes de captura.

Otra vez, una agresión abierta, impune, a Venezuela. Sorprende que Rusia haya sido el único país que de manera clara ha condenado los hechos. Calificó la operación de “actos terroristas” que merecen una “condena incondicional y decisiva”.

¿Y nada más? ¿Tendrá que seguir el pueblo venezolano aguantando solo el siguiente golpe que desde que falló la incursión mercenaria ya se prepara?

Entre los saldos, Guaidó busca desesperadamente convertirse en “preso político” o algo por el estilo. Ya es un estorbo, ya no le funciona al Tío Sam. Por verse en los próximos días cómo lo va a desechar.