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I. Fue Aristocles alias Platón (427-347, antes de C.), asesor del tirano Dionisio el Viejo de Siracusa (al sur de Italia), uno de los primeros en justificar la mentira política de los gobernantes. Platón se entusiasmó con el ejercicio del poder, sobre todo el autoritario o autocrático, haciéndose pasar por “intelectual” al hacerse discípulo de Sócrates y escribiendo durante su estancia ateniense los Diálogos que hoy se conocen. “Filósofo” y encantador-embaucador enemigo a muerte de la Sofística, sentencia que: “Dios es la medida de todas las cosas”. A diferencia de Protágoras que asegura: “El hombre es la medida de todas las cosas”. Éste se pronunció por la democracia de Pericles. Aquél por las autocracias, como en su libro Las Leyes. Aunque en La República reconoció la existencia de la democracia; en esa época esclavista, pero los ciudadanos tenían derecho de elegir gobernantes, o en votación secreta –escribían su nombre en conchas– enviarlos al ostracismo por corruptos. El caso es que Platón sostuvo que los gobernantes deberían usar la mentira política; y desde entonces los gobernantes mienten para justificar sus actos. Fue Jonathan Swift (1667-1745), quien, con su amigo John Arbuthnot (1666-1735), redactó el ensayo El arte de la mentira política, como un primer libro de siete que nunca aparecieron.

II. Hasta Maquiavelo, en su descripción de la autocracia en El Príncipe, dijo que los gobernantes autoritarios usaban la mentira política. Y no así los demócratas, como escribió en Las Décadas de Tito Livio. Empero, es un hecho que hasta los demócratas llegan a echar mano de la mentira para engañar a sus conciudadanos. Aunque excepcionalmente ha habido gobernantes demócratas que siempre hablaron y actuaron con la verdad. Maestro del sarcasmo, la burla y la ironía, Swift es autor de La batalla entre los libros antiguos y modernos, donde se pronuncia por la antigüedad. De: El cuento de un tonel. Y del estupendo: Los viajes de Gulliver, donde los mediocres liliputienses del “país” de Liliput y los gigantes, representan la lucha entre el enanismo político y el gigantismo de las personalidades de la humanidad. El arte de la mentira política es nuestro tema, donde su autor, como todos los metafísicos, echa mano del mito diabólico, para sostener “que el Diablo es el padre de las mentiras… por lo que la mentira es antigua y surgió por primera vez como mentira política”; presumiendo que la política es diabólica, cuando es una creación humana.

III. El caso es que los gobernantes mienten, como cuando seudoargumentan “tengo otros datos”, contra la veracidad de los hechos; o se revuelcan en la corrupción y presumen de honrados… “Todos mienten cuando juran con exceso y reiteración… habiendo mentiras de horas, de días, de años y de siglos y considerando la natural propensión del hombre a mentir y de las muchedumbres a creer, confieso no saber cómo lidiar con esa máxima tan mentada que asegura que la verdad acaba imponiéndose”. A esto no escapan partidos y políticos, pues en ambos proliferan los mentirosos. Así llegan al poder público y ya pillados vuelven a mentir. “Hacer creer al pueblo falsedades… como las mentiras de promesas”. Publicado en 1712 en inglés, y en 1733 en francés, rápidamente circulando como información política y comentada en los periódicos (Swift practicó el periodismo en The Examiner), este texto examina el porqué desde la antigüedad platónica se sigue usando la mentira política en las campañas electorales y en el discurso de los gobernantes. De entonces a la fecha se ha reproducido a la par del ensayo de Condorcet ¿Es conveniente engañar al pueblo?

Ficha bibliográfica

Autor:       Jonathan Swift  (traducción de Francisco Ochia de Michelena)

Título:        El arte de la mentira política

Editorial:   Sequitur, 2009, Madrid, España