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Reporteros e investigadores de la revista Proceso continúan con el ejemplo de su fundador, Julio Scherer García (no así el lunar negro del loezobradorista John M Ackerman y Ernesto Villanueva), manteniendo la información y la crítica abiertas –con otros diarios, sobre todo Reforma, El Universal, etcétera–, para que los mexicanos recibamos puntualmente ese binomio: crítica e información, a fin de tener cada semana el panorama de la real democracia y el republicanismo que nos permita conocer cómo el presidencialismo y sus satélites, empezando por el partido Morena y sus cómplices, intenta seguir empujando la censura que facilitaría que el autoritarismo-populista impusiera sus fines; abusando de los poderes que ha unificado en un solo hombre y que, aprovechándose de la peste del coronavirus, de facto ha suspendido derechos individuales y colectivos, sabiendo que sus garantías son de difícil acceso por la paralización económica, empresarial, política y social.

Es así que en el número 2267, del 12 de abril, la revista Proceso nos ofrece desde su portada hasta su contenido en Política, Medios de comunicación, Análisis (menos los mezquinos de Ackerman y Villanueva), esa concepción de la información veraz y la crítica sin concesiones sobre todo el panorama nacional e internacional; Ensayo, Cultura, páginas de crítica, Cine, Espectáculos, Deportes, Palabra del lector y la sección del Mono Sapiens. Están los trabajos de Juan Carlos Cruz Vargas, Claudia Villegas, Arturo Rodríguez, Mathieu Tourliere; la información de sus corresponsales; de Gloria Leticia Díaz, Jesusa Cervantes, Ana María Mergier, Juan Ornar Fierro, Neldy San Martín. De Rodrigo Vera y su brillante entrevista a Mariana Molina, integrante de la República Laica y coordinadora de la extraordinaria cátedra Benito Juárez, en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, dando en el blanco de la laicidad del Estado. La aportación de Jaime Luis Brito; los ensayos de Denise Dresser, Marta Lamas.

Mantiene, pues, Proceso, su deber periodístico, defendiendo y ejerciendo las libertades de prensa (incluso de quienes están a favor del lopezobradorismo), para integrar la defensa constitucional de la vida nacional. Y de esta manera se mantiene como uno de los ejes del contrapoder; enarbolando la bandera libertaria para amparar a todos los mexicanos que quieren información democrática y critica republicanas. Así, debe uno darse a la lectura semanal de este medio de información, junto con la demás prensa escrita, de la radio y televisión, con todos los diarios (El Heraldo, Milenio, La Razón, El Financiero; temarios como Contralínea y Fortuna, etcétera), incluso aquellos que justifican los abusos del poder de los gobernantes, para completar y ampliar la información y la crítica necesarias para tener un panorama más amplio que nos permita una mejor comprensión de la realidad.

“El ciudadano, en ocasiones, quiere elogiar al poder, porque el poder ha acertado; en ocasiones quiere criticar al poder, porque el poder se ha equivocado; en ocasiones quiere denunciar al poder, porque el poder ha abusado. La vía para ese elogio, para esa crítica y para esa denuncia son los medios de comunicación, son los periódicos. De manera que ese ejercicio del contrapoder constituye una parte esencial… somos el contrapoder del poder político” (Luis María Anson, La Prensa como contrapoder).