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De 2000 a este 2020, es decir, durante 20 años, han sido asesinados 155 periodistas: mujeres y hombres, en casi todo el país a la sombra de los desgobernadores y de cuatro presidentes: Fox, Calderón, Peña y López Obrador. Y casi todos permanecen en la mayor impunidad; pues muy pocos de aquellos que ejecutaron los homicidios han sido detenidos. Y ninguno de los autores intelectuales. Los que se ocultan en la desde entonces sangrienta violencia que no se detiene y que es uno de los principales factores de la inseguridad que los mexicanos seguimos padeciendo. Ahora tenemos el caso de la reportera María Elena Ferral, del Diario de Xalapa, en el Veracruz que ha sido desgobernado por panistas, priístas y ahora por morenistas; y quienes han permitido que los delincuentes se consideren el cuarto poder.

Esos mismos delincuentes encabezados por los cárteles del narcotráfico, a quienes los desgobernantes estatales y federales han tendido la mano, mientras  la violencia ha ido en aumento con homicidios dolosos, secuestros, desapariciones, feminicidios y todos los demás delitos que tienen a la nación contra la pared de la peste y la espada criminal. La información sobre María Elena Ferral, fue cubierta por varios reporteros, entre ellos, Iván Sánchez y Eirinet Gómez (El Financiero y La Jornada, 31 de marzo de 2020). Y nos cuentan que fue un homicidio, tipo ejecución, para dejar otro precedente contra quienes, como ella, persisten en difundir hechos de los políticos, de economía y, claro, de la inseguridad.

María Elena Ferral, dirigía su portal Quinto poder, simultáneamente a su puntual desempeño de reportera en la capital de Veracruz, ahora desgobernado por el morenista Cuitláhuac García, quien no ha podido implantar el gobierno de la ley. Ella fue ejecutada al filo del mediodía, mientras estaba en la cabecera municipal de Papantla. Había sido constantemente amenazada; empero, ella siguió su trabajo de reportera del periódico y de su portal, con la característica del valor civil de las mujeres mexicanas (y del mundo), que no han titubeado para autodefenderse de los feminicidios y contra la violencia que priva en todo el territorio.

En la portezuela de su automóvil, traía el letrero Quinto Poder, para mostrar su actividad y, cuando abordaba el mismo, el asesino en su motocicleta se acercó y le disparó cuatro balazos. Fue llevada a un hospital y murió en el trayecto. Se sabe que el pillo priísta Camerino Basilio Picazo, involucrado en el homicidio del exsíndico Miguel Alfonso Vázquez y de cuyo hecho la reportera informó, fue uno de los que la estuvieron amenazando. Incluso, en 2016 ella lo denunció por amenazas, motivo por el cual se abrió una carpeta de investigación en la Fiscalía Especializada de Delitos Electorales y en Delitos contra la Libertad de Expresión, adscrita a la Fiscalía General del Estado de Veracruz. Al enterarse el desgobernador Cuitláhuac García, al estilo lopezobradorista, reaccionó diciendo que era un ataque a su gobierno.

Un mes antes de estos hechos, apuñalaron y lanzaron serias amenazas a la directora editorial de La Opinión, de Poza Rica, Mireya Ulloa Valencia, tratando de obligarla a que no siguiera publicando sobre la inseguridad. En 2005 fue muerto Raúl Gibb Guerrero, director General de La Opinión y en 2017 fue atacado brutalmente Armando Arrieta, del mismo periódico. Así que estamos ante más hechos sangrientos contra los periodistas en general –a los que no escapan las reporteras– que no están dispuestos a ceder en sus trabajos. Significa que el ejercicio de los derechos de prensa conlleva toda clase de crímenes, ya que los medios de comunicación siguen siendo tribuna para ventilar los diversos acontecimientos del país.

Y como existe un constante ataque presidencial a esas libertades, otros se sienten alentados a silenciar a la prensa; pero, sus periodistas, ellas y ellos, siguen estando dispuestos a consignar en las páginas de los periódicos toda la información que recaben, acompañada de su correspondiente crítica. Mireya Ulloa, María Elena Ferral, son dos mujeres que nunca dieron un paso atrás en su deber periodístico. Y por eso fueron objeto de homicidios, en Poza Rica y Xalapa, porque los gobernantes municipales y de la entidad han dejado prosperar la violencia; quitando de en medio a quienes con ética democrática asida a la Constitución, una y otra vez han mantenido el valor de ser periodistas a cabalidad.