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Andrés Manuel López Obrador ha demostrado durante muchos sexenios tener capacidad política, talento, visión, experiencia para ganar elecciones políticas. Sabe, como nadie, ganarse la simpatía y credibilidad de los electores, de la gran mayoría de los mexicanos. Su carisma y habilidad política lo ha llevado al máximo cargo al que aspiran los políticos: la Presidencia de la República.

Sin embargo, López Obrador no cuenta con el talento, capacidad y experiencia para administrar social y económicamente un país; no posee la nobleza de escuchar a los “expertos financieros”, técnicos petroleros, desarrolladores de técnicas productivas alternas para la productividad en las casi 200 millones de hectáreas en el campo y casi 12 mil kilómetros de litorales que tiene nuestro país. La improvisación es su principal aliada.

La realidad muy pronto se hizo evidente, sin visión, sin saber escuchar consejos para no construir ocurrencias como sus tres grandes proyectos prioritarios: Aeropuerto Internacional de Santa Lucía, Refinería de Dos Bocas y el Tren Maya.

Estas inversiones se encuentran en un momento crítico por el incremento de los costos de construcción y la mínima posibilidad de éxito económico en ellas: los costos se han elevado más del 24 por ciento y el doble de tiempo si es que los terminan en su sexenio. Deseo estar errado en este análisis por el bien de nuestro país, pero creo no equivocarme.

López Obrador llega con un atraso de 50 años: en la década de 1970 estos proyectos los hubiese realizado “muerto de la risa”, pues entonces sobraba el dinero; y tendría éxito porque sabemos que es honesto y no robaría. Le hubiese sobrado para la pagar la deuda de Petróleos Mexicanos (Pemex) y del país.

Posiblemente los técnicos actuales de Pemex no han construido una refinería petrolera, mucho menos el ingeniero agrónomo Octavio Romero Oropeza, con bajo perfil político y con experiencia agrícola que no le garantiza tener éxito como director de la petrolera; ni su jefa, la flamante y arrogante secretaria de Energía, Rocío Nahle –con muy poca experiencia en el área de exploración y producción petrolera–, a quien le pronosticó un gran fracaso en los proyectos petroleros.

Existen cientos de ingenieros petroleros con más de 70 años de edad en el país que poseen la experiencia probada en construcción de refinerías en México, que trabajaron en las refinerías de Cadereyta y Salina Cruz en 1979, y que seguramente no fueron convocados para aportar sus experiencias en el proyecto de Dos Bocas. Este tipo de técnicos de sobrada experiencia y talento son los que deben estar integrados a Pemex como verdaderos asesores, a pesar de estar jubilados: ayudarían mucho para no continuar construyendo más ocurrencias.

López Obrador busca el rescate de Pemex (llegó 50 años tarde) a toda costa, sin escuchar y con gran terquedad, realizando grandes inversiones de miles de millones de dólares en la “inútil refinería” de Dos Bocas. Si algún día la terminan, casi no habrá reservas probadas de petróleo y tendrán que alimentarla con crudo importado.

Estas impresionantes inversiones debilitan con gran riesgo a la de por si muy mermada economía de México que en 4 décadas la destruyeron los corruptos priistas y panistas: desde el jefe de la mafia Carlos Salinas, el apátrida Ernesto Zedillo, el torpe de Vicente Fox, el abusivo y corrupto Felipe Calderón y el inútil, omiso y negligente Enrique Peña Nieto. Apostarle ahora a un solo sector (el petrolero) para alcanzar el progreso nacional es un error.

Refinación

La refinación de crudo es el negocio menos rentable de Pemex. La planta de Dos Bocas, Tabasco, se está construyendo sin un verdadero estudio de impacto socioeconómico: no buscaron otras alternativas rentables en beneficio de los mexicanos.

Las finanzas públicas del gobierno federal están en crisis muy severa, asimismo las finanzas de Pemex están colapsadas. Por ello, insistir en la construcción de una nueva refinería es erróneo: Pemex tiene seis refinerías que trabajan al 40 por ciento de su capacidad, lo obvio sería repararlas totalmente para que operen mínimo al 80 por ciento, y con ello eliminarían Dos Bocas.

La recuperación de la inversión tardará prácticamente una generación, ya que la rentabilidad será mínima en Dos Bocas. Los impuestos que paga el pueblo están siendo utilizados irresponsablemente en esa refinería, obra que –reitero– debe cancelarse cuanto antes, por estar construyéndose en el peor momento de Pemex (prácticamente no tiene petróleo crudo para alimentarla), se construye con muchos sexenios de atraso, sin logística financiera y técnica.

Ante este escenario, resulta primordial que López Obrador realice otra de sus acostumbradas encuestas solicitando la aprobación o cancelación de esas tres obras prioritarias al pueblo mexicano.

Los asesores de la 4T desconocen posiblemente que, en el mundo, Pemex es la empresa peor administrada, la menos productiva, con mayor costo de producción por barril, la más corrupta, la que posee mayor número de trabajadores, la de mayor deuda, y que esto da como resultado una empresa petrolera caótica a punto del colapso, administrada por un inexperto pero incondicional empleado del presidente. Además, sus reservas probadas (1P) han caído paulatinamente desde hace 42 años: con una producción de casi 4 millones de barriles diarios en el gobierno de Vicente Fox, en 2004, frente a una producción de 1.7 millones de barriles diarios actualmente, 2.35 veces menos. Por supuesto que esto es sólo culpa de los corruptos gobiernos del PRI y del PAN. A ello se suma el hecho de que los precios actuales del barril están dos o tres veces por debajo del promedio en 40 años.

No existe justificación alguna para continuar con este arriesgado y terco proyecto de Dos Bocas. López Obrador no está rescatando a Pemex, lo está hundiendo más: le ha provocado pérdidas a la empresa y al país en los más de 16 meses de la 4T por más de 20 mil millones de dólares.

Se debe utilizar la producción de México en economías rentables y productivas, escuchar a expertos y especialistas en los diversos sectores, incluidos algunos pocos empresarios nacionalistas que no sean corruptos, si es que los hay, para que lo asesoren y para que conduzca al país por el camino correcto.

Irremediablemente estoy perdiendo la esperanza en López Obrador, por haber votado por él… Pero sin duda era el menos malo y, por mucho, el mejor presidente en los últimos 8 sexenios.

Estos errores de planeación han permitido que organizaciones de ultraderecha como la Coparmex –cuyo líder sólo piensa en sus intereses personales y extraña la corrupción de otros gobiernos– aseguren que “Pemex, la empresa petrolera más endeudada del mundo, decide emprender por su cuenta un proyecto (refinería) de esta magnitud en una línea de negocio en la que ha sido históricamente poco rentable”.

El gobierno de la 4T decidió sustituir a las mejores empresas especializadas en construcción de refinerías en el mundo por una ineficiente e inexperta funcionaria como Rocío Nahle. Por lo anterior creo que la refinería será un proyecto fallido de la 4T y será uno de los factores del fracaso económico del actual gobierno.

Pemex es la bandera política del gobierno rescatándola del derroche, impunidad, caos y corrupción en que la metieron provistas y panistas, para contribuir al desarrollo de México. Pero a López Obrador no se le ha informado que la producción de petróleo va a la baja desde 2007, perdiendo un promedio de 13.65 por ciento anual.

Y es que de diciembre de 2018 a diciembre de 2019 (primer año de la 4T) bajó la producción 27 por ciento. Tenemos más de 13 años de pérdidas de producción, nos estamos quedando sin reservas petroleras y no tendremos materia prima para alimentar a Dos Bocas, y será necesario importar petróleo crudo para que trabaje la malograda refinería.

Por otro lado, está el tema presupuestal: la refinería no costará 160 mil millones de pesos sino 212 mil millones a precio actual. Ello significa 24.53 por ciento más, aproximadamente.

Adalberto Ruiz Mojica*

*Arquitecto y petrolero