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El miedo al contagio, la incertidumbre y la desinformación –generados en esta emergencia global de Covid-19– han atizado el fuego de la discriminación y el estigma. En escenarios pandémicos, los prejuicios y las desigualdades se exacerban, lo que da pie a la xenofobia y el racismo, aseguran expertos. En México, médicos y enfermeras empiezan a sufrir expresiones de odio

La pandemia causada por el SARS-Cov-2 no sólo se ha convertido en una emergencia sanitaria, sino que se ha transformado en un grave problema social: la discriminación, la xenofobia y el estigma. En México, las expresiones de odio han alcanzado al sector más relevante en el combate a la enfermedad Covid-19: el de salubridad.

En entrevista, el doctor en historia José Antonio Maya González asegura que cuando se dan este tipo de crisis inmunitarias, las personas no sólo tienen miedo a ser contagiadas, sino que hay un claro temor al “otro”, “al infectado”. Sin embargo, aclara, este temor no es reciente: viene aparejado de miedos históricos que han estado arraigados en la mentalidad de las personas.

Desde que, en diciembre de 2019, se informó sobre la aparición de un nuevo coronavirus en China, diversos actores sociales lo relacionaron con una población específica: la asiática. Y ahora ese estigma se ha trasladado al “extranjero”, independientemente de si su migración es documentada o no.

En un principio, dicha situación provocó que a las personas con rasgos orientales se les identificara como posibles portadoras del virus, “reavivando así viejos temores y rechazos hacia el extranjero y el diferente”, explica a Contralínea la doctora en antropología Cristina Oehmichen Bazán.

La también integrante del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) indica que este virus “afloró otros virus subyacentes” alrededor del mundo, como el antichinismo, que creó la condición perfecta para esparcirse a través de los rumores y los miedos.

Ante la incertidumbre, afirma, surge lo mejor y lo peor del comportamiento colectivo, pero “lo peor es el odio” que lleva a hacer cosas atroces. Ejemplo de ello fue cuando en el siglo XIV se culpó a la población judía de llevar la peste a Europa, “lo que provocó la persecución y matanza de dicho grupo”.

En México, estos miedos y sus expresiones de odio ya han alcanzado a quienes trabajan en los servicios sanitarios, sobre todo el personal médico y de enfermería. Por ejemplo, el pasado 1 de abril en el municipio de Axochiapan, Morelos, vecinos amagaron con incendiar el Hospital General Doctor Ángel Ventura Neri, para evitar que sea habilitado para atender enfermos de Covid-19. Videos difundidos en redes sociales dieron cuenta del enojo de los ciudadanos que encaraban a los directivos del nosocomio.

Aunado a ello, en Guadalajara, enfermeras denunciaron que han sido víctimas de ataque en las calles. A una de ellas un vecino le echó agua con cloro, y otras han sido agredidas en el transporte público, motivo por el cual la Secretaría de Salud de Jalisco recomendó al personal médico vestir de civil en sus trayectos al trabajo o a su casa.

En entrevista, Geraldina González de la Vega –presidenta del Consejo para Prevenir y Erradicar la Discriminación de la Ciudad de México (Copred)– explica que cuando las primeras informaciones eran sobre un virus que se propagaba en China, la discriminación se presentó contra personas de ascendencia oriental. Sin embargo, hoy la discriminación se amplió a todos los sectores de la población: “ya todos somos sospechosos”.

Añade que el virus “lo podemos contraer todos, pero la pandemia no nos va a pegar de la misma forma, los efectos serán diferenciados y tendrán que ver con las brechas de desigualdad de siempre”.

Las consecuencias del rechazo a “los contagiados”

La legitimación de la segregación, el hostigamiento sistemático y la viralización del miedo contra las personas que se consideran “los contagiados” puede orillar a las personas a no atenderse en caso de estar infectados, coinciden los especialistas consultados.

El doctor en historia José Antonio Maya explica que el miedo está colonizando el cuerpo social de la nación, por lo que la gente que es víctima de la estigmatización se siente en permanente acecho no sólo por el miedo al contagio, sino por el miedo a ser asociado con la enfermedad Covid-19. La viralización del miedo, indica, radicaliza la otredad.

Una de las consecuencias del hostigamiento sistemático –generado por dirigentes políticos y replicado por la sociedad– puede orillar a la depresión y también al suicidio. “No es seguro que ocurra, pero la sobreexposición al hostigamiento puede generar eso o, por el otro lado, procesos de resistencia muy creativos que busquen contrarrestar esa estigmatización de la cual son objeto”, opina Maya González.

Aunado a esto, la doctora en ciencia política Olivia Gall considera que el estigma contra las personas que lleguen a portar el coronavirus puede incidir en la decisión de atenderse médicamente o no, pues su deseo de pertenencia social podría anteponerse al de su salud. “Cuanto más tiempo se extienda la pandemia y tarde la humanidad en controlarlo, más se pueden dar fenómenos de este tipo”, asegura la investigadora.

La directora de Amnistía Internacional México, Tania Reneaum Panszi,  considera que uno de los efectos que causa la discriminación es la vergüenza y quienes se identifiquen como parte de un colectivo estigmatizado preferirán esconderse y no revelar lo que les sucede. “Por una decisión personal de salvaguardar su identidad, no apelarían a su derecho a la salud”, advierte.

Las consecuencias económicas de esta crisis también serán muy graves, explica Geraldina González de la Vega –presidenta del Copred–, pues la demanda de diferentes servicios se ha reducido al mínimo.

“Afortunadamente –señala la funcionaria– el gobierno de la Ciudad de México ha diseñado un plan para apoyar con medidas económicas los empleos formales e informales que serán impactados por la pandemia”.

La sociedad puede ser un agente contra el estigma

En el texto El rumor y el racismo sanitario durante la epidemia de influenza A/H1N1 –escrito por Cristina Oehmichen Bazán y María Dolores París Pombo– se documentó cómo con el surgimiento de dicho tipo de influenza, la población mexicana fue objeto de la discriminación y el estigma por parte de otros países.

“Me llama la atención que en 2009 se decía que los mexicanos íbamos a terminar con la humanidad, que los chilangos íbamos a contagiar a todo mundo y, ahora, esos mismos prejuicios se replican contra la sociedad asiática. Hay reacciones que se repiten a lo largo de la historia”, comenta Oehmichen Bazán en entrevista.

Al preguntarle si percibe comportamientos similares a los que se presentaron hace 11 años, la antropóloga asiente, pues en ese entonces, como ahora, la sociedad mexicana realizó compras de pánico, se expuso a una sobreinformación y, por supuesto, se dio pie al racismo y la construcción de un chivo expiatorio.

“Fue un rechazo con la misma lógica: personas que tenían miedo de una infección y que pensaban que apartando a gente de cierto país o con un determinado aspecto físico se protegerían de la infección, lo cual es un grave error”, indica.

Sin embargo, una de las diferencias que dice notar Cristina Oehmichen Bazán es que ahora la gente está más apegada a las redes sociales, por lo que es más fácil caer en escenarios de pánico. Por ello, una de las recomendaciones que hace para evitar la propagación de estigmas es la de tener información oficial y no sobreexponerse a la información de los medios sociodigitales. “Hay que tener mucho cuidado y ser responsables con lo que compartimos y recibimos. No hay que intoxicarse con internet”.

El Artículo 1 de la Constitución Mexicana establece que no se debe discriminar a nadie, ni por cuestiones de origen étnico o nacional, ni por condiciones de salud, pues se atentaría contra la dignidad humana.

Por ello, como sociedad es necesario “volvernos agentes de cambio”, considera María de Jesús Medina Arellano, investigadora del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. “Hay que velar por la igualdad y no discriminar, hay que tener presente que el virus no reconoce fronteras ni personas, ni ningún tipo de organismo”.

Explica que “es importante enfrentar la xenofobia y la discriminación, pues  todos los seres humanos merecemos igualdad y acceso a la salud. Ésta es una situación de emergencia que nos pone un nuevo reto: ayudar a la formación comunitaria, libre del pánico, caos y estigmas”, pues ninguna persona debería ser considerada un riesgo para las demás, sólo por sus características.

“Tenemos que estar conscientes de que cualquiera puede contraer el Coronavirus, por lo que debemos protegernos unos a otros y no pensar que el rechazar a una persona nos protegerá de la infección”, agrega la especialista en epidemiología Ietza Bojórquez.

También recomienda informar a la gente sobre cómo enfrentar la pandemia y dejar claro que no es culpa de nadie: ni de chinos, europeos o pobres. Nadie es culpable y nadie tiene que ser chivo expiatorio. “Hay que batear todas las fake news que encontremos y dar argumentos fidedignos. Tenemos la obligación de ser solidarios con cualquier grupo que ahora sea el más golpeado, y hacerlo desde el ámbito personal, familiar, comunitario o profesional”, señala.

Por su parte, la presidenta del Copred, Geraldina González de la Vega, exhorta a la población a denunciar cualquier acto de discriminación, ya sea a la línea de la no discriminación (55565811), al teléfono del Consejo Ciudadano (55335533) o al correo electrónico quejas.copred@gmail.com.

El deber de las autoridades mexicanas

Durante la pandemia, las autoridades mexicanas tienen el deber de mantener informada a toda la población; atenderla de forma eficiente y oportuna, sin reproducir ningún tipo de estigma; hacer efectivo el acceso a la atención médica; destinar recursos a los sectores más vulnerables y, sobre todo, proteger los derechos humanos, indican los especialistas.

La autoridad tiene la obligación fundamental de evitar la discriminación contra todas las personas y esto se logrará al mantener informada a la gente sobre todo lo relacionado al Covid-19, considera el catedrático José Antonio Maya. Además, la atención en los hospitales debe ser eficiente y oportuna, sin producir estigmas sociales.

Asimismo, es importante que se haga efectivo, no sólo desde el discurso sino en la práctica, el acceso a la atención sanitaria para todos, eso es urgente. “Si bien es cierto vivimos una situación complicada y compleja, es necesario que el Estado mexicano avance y haga extensivos los derechos de acceso a una atención sanitaria a todos los que vivimos en el territorio”.

La doctora en ciencia política Olivia Gall asegura que en situaciones de tanta emergencia, es necesario que se destinen recursos a los sectores más vulnerables, como personas enfermas –nacionales o de otros países– que estén en situación regular o indocumentadas, sean de clase media, alta o baja, puesto que es obligación del Estado proteger a la población en general.

“Las autoridades debemos cumplir con nuestro deber y ahora de manera reforzada porque vamos a tener casos de personas que han sido discriminadas en cuanto al acceso a la salud y, por ende, al acceso a una vida libre de violencia. Por ello, debemos cumplir con nuestra responsabilidad de informar a la sociedad de forma verídica, así como ser solidarios con las personas que pertenecen a poblaciones vulneradas y a quienes sufrirán impactos indirectos de esta pandemia, como los de empleo informal o viven al día”, reconoce la presidenta del Copred.

Por su parte, Amnistía Internacional emitió una serie de recomendaciones que las autoridades del Continente Americano deben llevar a cabo para garantizar la protección de los derechos humanos, durante la pandemia:

Cortesía AI

“Las personas siempre tienen el derecho de regresar a su país, pero no se tiene que restringir el acceso a personas extranjeras, ya que evitar el contagio sólo sería un pretexto para elegir quién no pueden entrar a ciertos territorios (…) los Estados tiene la función de salvaguardar la salud, seguridad y los derechos básicos de las personas que estén en su territorio”, dice Tania Reneaum Panszi.

El miedo al otro

“Los seres humanos somos una especie que –desde el inicio de nuestra historia– vivimos en grupos donde construimos nuestra identidad, al compartir rasgos étnicos o culturales, pero para poder crear un ‘nosotros’ es necesario compararnos con ‘los otros’, con aquellos que creemos son diferentes porque hablan distinto, comen distinto y tienen costumbres y relaciones desiguales”, asevera Olivia Joanna Gall Sonabend, coordinadora del Seminario Universitario  Interdisciplinario contra el Racismo y Xenofobia (Surxe) de la UNAM.

“Desafortunadamente esas diferencias pueden tomar caras más amables o más violentas y, a lo largo de la historia, sólo se han visto caras violentas, pues dichas discrepancias nos parecen amenazantes, ya que ponen en jaque qué tan real es nuestra verdad”, agrega.

La también doctora en ciencia política expone que desde que se crearon los Estados-nación, los patriotismos y nacionalismos se volvieron tan fuertes que construyeron la idea de que “nosotros” valemos más que “los otros”, lo que ocasiona que se vea al “otro” como un peligro y se le aísle de la sociedad.

“Todas esas representaciones se basan en el racismo –idea de superioridad de una raza frente a otras– y la xenofobia –rechazo al extranjero–, sobre todo en conflictos fuertes como en las guerras, pandemias o luchas por recursos naturales”, reafirma.

El racismo contra los asiáticos

Las formas del racismo en el mundo se han ensañado con los asiáticos, en especial contra los chinos. En México, como en el mundo, hay una historia de antichinismo terrible, explica la doctora en ciencia política Olivia Gall.

En enero de este año, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) emitió un mensaje, a través de redes sociales, en el que exhortó a los mandatarios de todas las naciones a evitar ataques contra la comunidad china: “la alarma por el coronavirus es comprensible. Pero el miedo no puede justificar los prejuicios y la discriminación contra la comunidad asiática. Luchemos contra el racismo, acabemos con el odio y apoyémonos en esta emergencia de salud global”.

A esta medida se sumó la Organización Mundial de la Salud (OMS) y en febrero asignó al virus el nombre de Covid-19, con el fin de no identificar al virus con una nación específica, pues de acuerdo con su protocolo para nombrar enfermedades, se prohíbe hacer cualquier referencia a ubicaciones geográficas, determinados grupos de personas o animales (como gripe aviar).

Sin embargo, funcionarios de diferentes países se siguen refiriendo al coronavirus como el “virus chino” o “coronavirus de Wuhan”. Tal como lo hizo el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien –“con el poder que tiene”– sólo reafirma la idea de que la población asiática y toda la gente con rasgos similares “son el enemigo”, señala la doctora en antropología Cristina Oehmichen Bazán.

De acuerdo con los expertos en ciencias sociales, cuando el presidente estadunidense se refiere de esa forma al virus incita a la discriminación, pues lo dice como si únicamente las personas de dicha nacionalidad fueran portadoras del mismo y tuvieran la culpa de que éste hubiera aparecido.

La investigadora Oehmichen considera que este comportamiento, además de generar temor y pánico, se vuelca contra un chivo expiatorio en común: un enemigo imaginario a quien se le quiere culpar del virus, vulnerando así sus derechos humanos.

“Desde que se identifica al coronavirus con cierta población, ya sea por su nacionalidad, raza o etnia en particular, implica un tipo de discriminación”, considera Ietza Rocío Bojórquez Chapela, doctora en epidemiología por el Instituto Nacional de Salud Pública.

Esta construcción del “otro” como portador del coronavirus puede llevar a la gente cometer actos violatorios terribles, explica el doctor José Antonio Maya González, puesto que “la centralización del miedo se da como un fenómeno social, que construye chivos expiatorios, alrededor de la idea de que hay un culpable de la epidemia”.

En este sentido, María de Jesús Medina Arellano, doctora en bioética y jurisprudencia médica, indica que una de las principales medidas establecidas en el Reglamento Sanitario Internacional (RSI) –acuerdo ratificado por 196 países– es vigilar que los Estados no tomen medidas extremas e innecesarias que puedan dañar a las personas o que incentiven la xenofobia.

“En el artículo 3 del RSI se señala que cualquier medida que apliquen los gobiernos se hará con respeto pleno de la dignidad y las libertades fundamentales de las personas; es decir, que ninguna enfermedad debe, por respeto a los derechos humanos y combate a la estigmatización, hacer referencia a ninguna localización geográfica, animales o grupos de personas”, afirma.

Recientemente, E Tendayi Achiume, relatora especial de la ONU, hizo un llamado a los gobiernos para que no contribuyan a la xenofobia ni a la discriminación racial, pues es desalentador presenciar cómo autoridades, incluido el presidente de Estados Unidos, adoptan nombres alternativos para el SARS-CoV-2, en lugar de utilizar la denominación internacionalmente reconocida del virus.

La estigmatización en México: un comportamiento histórico

En México, la estigmatización contra la población asiática no es de ahora, inició en el siglo XX cuando en Sonora fueron asesinadas más de 300 personas chinas, lo que se consideró como la masacre más violenta de ciudadanos de esa nacionalidad en la historia del Continente Americano.

A dicha población, especialmente a chinos y japoneses, “se les tachó de ser opiómanos, una raza degenerada, débil y sucia. Se dijo que iban  a degenerar al país y a enfermar a la gente. Y ahora, de alguna forma, esas ideas resucitan”, expresa la doctora en ciencia política Olivia Gall.

La investigadora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades advierte que cuando “esté más fuerte la epidemia” en el país, las personas asiáticas que viven aquí podrían correr peligro y “ser violentadas físicamente”, puesto que en situaciones de pánico, la desinformación y el miedo son “el caldo de cultivo para que la gente actúe en función de los sentimientos y no de la racionalidad”.

Asegura que la gente está convencida de que hay seres humanos inferiores o superiores, de acuerdo a “su raza”, lo que es un absurdo biológico; pero a las poblaciones negras, indígenas, asiáticas, latinas, mediorientales y pobres son a quienes se les termina acusando de cualquier cosa.

Por ello, la especialista prevé que este estigma no sólo será contra una población específica, sino que estará representado en rostros de actores sociales que históricamente han sido excluidos de los proyecto civilizatorios y de modernización: los pobres, marginados sociales, personas sin hogar y migrantes.

Los “otros” rostros del estigma durante la pandemia

El doctor en historia José Antonio Maya asevera que cuando se habla de las medidas para combatir la pandemia no se toma en cuenta las alarmantes cifras de pobres que hay en el país –y en todo el mundo–, puesto que existen  muchas personas que no tienen acceso a ningún tipo de seguridad social y, por ello, se encuentran en un fuerte estado de vulnerabilidad.

No obstante, “esto es consecuencia del abandono sistemático por parte de los Estados, que permiten que se vulneren los derechos elementales de las personas, a quienes no sólo se les discrimina por su etnia o condición social, sino también por su color de piel o lenguaje”, opina.

Esta situación es profundamente peligrosa y alarmante, afirma el catedrático de la Universidad Autónoma Metropolitana, porque como ha sucedido en otros periodos históricos, empiezan a darse políticas segregacionistas basadas en características biológicas, tal como sucedió con el régimen nazi. “El miedo tiene usos políticos bien claros para el control de la población”.

La coordinadora de Surxe Olivia Gall expone que la xenofobia también ha generado consecuencias muy serias en las políticas migratorias internacionales, pues, afirma, se ha endurecido el cierre de fronteras “no por protección”, sino porque en esta etapa de “muros” se aprovecha la emergencia para legitimar la expulsión de migrantes indocumentados, sin importar si son chinos o latinos y se actúa contra las poblaciones más racializadas.

Añade que las estaciones migratorias mexicanas son lugares con deplorables condiciones de higiene: miles de migrantes que tratan de entrar a Estados Unidos se encuentran en hacinamiento. El escenario perfecto para que haya un brote de coronavirus y, “si eso ocurre, se puede desencadenar un miedo contra ellos, quienes sólo buscan un mejor modo de vida”.

“Cualquier situación de crisis generalmente trae problemas a los más vulnerables, como a las personas migrantes, a quienes les será muy difícil protegerse al no tener acceso a los medios higiénicos básicos, como lavarse las manos, tener un espacio donde aislarse o acceso a atención médica”, advierte la doctora en epidemiología Ietza Rocío Bojórquez Chapela.

Es importante recordar que la discriminación dialoga con el principio de igualdad y México es uno de los países más desiguales de la región. “Aquí podemos convivir con la riqueza, la opulencia y la pobreza extrema. Esta cohabitación expone cómo las políticas públicas se han diseñado para que haya personas que no puedan tener acceso a los derechos básicos”, apunta Tania Reneaum Panszi, directora de Amnistía Internacional México.

Y es que en el país no existen las condiciones mínimas básicas para actuar en contra de una pandemia de este tipo, asegura, pues el simple hecho de tener acceso al agua o a empleos que no pongan en riesgo la salud es un privilegio de clase. “En un país de más de 50 millones de personas pobres, será muy difícil que quedarse en casa sea la mejor forma de prevenir el contagio para todas las personas”, sentencia.