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Tras de ser derrotados la noche de la victoria, los españoles salieron huyendo. A los invasores no les sirvió su alianza con pueblos indígenas, ni su superioridad de armamento de guerra, caballos, cañones, perros de guerra, arcabuces, lanzas y espadas de acero. Es claro que los mexicas podían haberlos aniquilado a todos por completo, pero no lo hicieron porque no era su costumbre y los enemigos ya habían salido de Tenochtitlan.

El trayecto de los conquistadores españoles continuó de Tlacopan (Tacuba) hacia Otumba. En el camino, hacia el oriente del Valle de México, masacraron al pueblo de Calacoayan antes de pernoctar en Teocalhueyacan (actualmente San Andrés Atenco). Dicen los cronistas militares españoles que tuvieron que confrontarse nuevamente con los guerreros mexicas en el episodio conocido como batalla de Otumba, la cual terminó con la muerte del capitán mexica que iba al mando pues los perseguidores se disiparon y huyeron, pero hay fuentes que afirman que esto lo inventó Cortés para quedar bien con el Rey Carlos. De hecho, el Códice Ramírez refiere que llegaron refuerzos indígenas aliados a Cortés a apoyarlo y que él muerto de miedo y pensando que eran enemigos los atacó y luego inventó su “hazaña” de Otumba.

Finalmente, los conquistadores pudieron llegar al territorio aliado de Tlaxcala. Entre los españoles, tristes por haber perdido parte del botín, temerosos y enojados comenzó a darse la división y brotes de rebelión contra su capitán. Llegaron heridos, agotados y derrotados, por lo que Cortés con sed de venganza quería sangre y terror.

Volvió al combate, eligió atacar a Tepeaca, ubicada entre Veracruz y Tenochtitlan, donde masacraron a la población, niños, mujeres, ancianos; a los adultos, en lugar de matarlos los capturaron para venderlos como esclavos, marcándoles el rostro con hierro al rojo vivo. Así comenzó la verdadera esclavitud en el Anáhuac. Cortés se vengó de la derrota de su noche triste y aplicó en la región el terror sin piedad. Ahí se estableció llamándolo Segura de la Frontera. En esa región mató a miles de personas. Lo mismo hizo en otros sitios como Tecamachalco, Alapetlahuacan, Quechua, etcétera.

También cuando llegó a Texcoco, antes de atacar Tenochtitlan, en represalia porque la población había huido sembró el terror. Cortés, apoyado por el traidor texcocano Ixtlixóchitl, “mató a los hombres que quedaban y capturaron niños y mujeres para venderlos en pública subasta”.

Cuitláhuac, junto con Tlacohtzin que era el nuevo Cihuacóatl, convocó a los pueblos del Anáhuac a aliarse todos contra el invasor. Tenía como aliados entre otros a los tlatelolcas, los tepanecas y pueblos de Tlalnepantla, Cuautitlán, Tenayuca, Otumba y Cuauhtlalpan. Incluso Cuitláhuac, buscando la alianza con los purépechas de Michoacán que eran enemigos tradicionales, mandó mensajes sin éxito a Irecha Tangaxhan (Caltzonzin) para aliarse contra los españoles. Cuitláhuac siempre desconfió de los españoles. Fernando Alva Ixtlixóchitl afirma que en la reunión del consejo en la que se decidió recibirlos, Cuitláhuac opinó: “Mi parecer es, hueyi tlahtoani, que no metáis en nuestra casa quien nos eche de ella y no os digo ni aconsejo más”.

En septiembre se desató una terrible epidemia de viruela, enfermedad desconocida en el Anáhuac, para la que no tenían anticuerpos y los ejércitos de mexicas y aliados comenzaron a sufrir fuertes pérdidas. Desgraciadamente Cuitláhuac también se contagió de tan terrible enfermedad.

El hueyi tlahtoani Cuitláhuac continuó con energía la defensa de su pueblo y nunca fue derrotado, hasta que el 25 de noviembre de 1520 murió a causa de la viruela, enfermedad extraña en el Anáhuac antes de la invasión española. Cuitláhuac murió invicto, los españoles lo odiaban tanto que ni siquiera registran bien su nombre, lo llamaban Quetlavaca o Coadlabac y de otras formas y siempre han tratado de mantener oculto el extraordinario mérito de este heroico hueyi tlahtoani.

Incluso se dice que en realidad se llamaba Cuauhtláuac que puede venir del verbo cuitlahui?, “estar al cargo de algo” o “Águila sobre el agua” y que los españoles le pusieron Cuitláhuac, que viene de cuitlatl o excremento. También se dice que excremento no era un término peyorativo por ser un fertilizante y que incluso al oro le decían excremento divino o teocuitlatl. Y por otro lado se afirma que su madre era hija del tlahtoani de Iztapalapa llamado Cuitlahua. El hecho es de que los españoles trataron de mantener todo la referente a su persona en la oscuridad y la indefinición, ya que era el general que les había propinado una total derrota. Al morir este valiente contaba con alrededor de 44 años de edad.

Luego del asesinato de Moctezuma, y tras la muerte del hueyi tlahtoani Cuitláhuac, el Tlahtocan eligió a Cuauhtémoc, el 6 de diciembre de 1520 como hueyi tlahtoani. El valiente jóven de 24 años, que sería asesinado el 28 de febrero de 1525, era nieto de Ahuizotl y estudió en el Calmecac. Había alcanzado el grado de Guerrero Aguila y en 1515 se le nombró tlacatécatl (general en jefe junto con el tlacochcalcatl) de Tlatelolco.

El nombre de Cuauhtémoc significa “águila que desciende”, no “águila que cae”. El águila descendió para atacar a los españoles y dio una lucha heroica. El asedio de los enemigos comenzó el 26 de mayo de 1521. Cortés mandó construir 13 barcos e inició el sitio. Para entonces ya dominaba Texcoco, Tepeac, Tecamachlco, Iztapalapa, Chalco, Xaltocan, Azcapotzalco, Tacuba, Xochimilco, Cuauhnahuac (Cuernavaca), Coyoacán. Desde esa base comenzó el sitio de Tenochtitlan.

Los invasores y sus aliados destruyeron el acueducto que abastecía de agua a Tenochtitlan y cerro todas las calzadas para impedir que ingresara ayuda y alimentos. Además, cundió la viruela entre los sitiados.

Hernán Cortes contaba con gran número de aliados indígenas. Estos buscaban en la alianza con los españoles contra la triple alianza (México, Tacuba, Texcoco) establecer una nueva hegemonía. Otra alianza que dominara el Anáhuac. Nunca pensaron que una vez ganadores, Hernán Cortes los traicionaría, se adueñaría del triunfo colectivo y destruiría completamente la civilización en el Anáhuac, para imponer el colonialismo y el dominio europeo.

Tenochtitlán no cayó a la primera semana, ni al primer mes, la resistencia fue heroica. Luchaban día y noche, casa por casa, Presas de hambre, sed y enfermedades como la viruela que los diezmaba, seguían resistiendo. No había alimentos. Dice el poema náhuatl traducido por Garibay: “Hemos comido palos de coloría/ hemos masticado grama salitrosa/piedras de adobe/lagartijas/ratones/tierra en polvo/ gusanos”. En ese extremo de necesidad no comieron carne humana, no era su costumbre ni siquiera en esa hora extrema.

Lucharon niños, jóvenes, mujeres, ancianos, todos. A pesar de este esfuerzo sobrenatural, a causa de las grandes bajas sufridas, los combatientes comenzaron a escasear. Enfrentando la terrible situación el 12 de agosto el Tlahtocan dio a conocer, a través de Cuauhtémoc su último mensaje.

“Nuestro sol se ocultó

Nuestro sol se perdió de vista

Y en completa obscuridad nos ha dejado

Pero sabemos que otra vez volverá

Y nuevamente nos alumbrará

Pero mientras allá esté en la mansión del silencio

Muy prontamente reunámonos, estrechémonos

Y en el centro de nuestro ser ocultemos

Todo lo que nuestro corazón ama

Y sabemos que es gran tesoro.

Destruyamos nuestros recintos al principio creador

Nuestras escuelas, nuestros campos de pelota

Nuestros recintos para la juventud

Nuestras casas para el canto y el juego.

Que solos queden nuestros caminos

Y que nuestros hogares nos encierren

Hasta cuando salga nuestro nuevo sol.

Los papacitos y las mamacitas

Que nunca olviden conducir a los jovenes

Y enseñarles a sus hijos mientras vivan

Cuan buena ha sido

Hasta ahora nuestra amada patria Anáhuac

Al amparo y protección de nuestros destinos

Por nuestro gran respeto y buen comportamiento

Que recibieron nuestros antepasados

Y que nuestros papacitos muy entusiastamente

Sembraron en nuestro ser.

Ahora nosotros ordenaremos a nuestros hijos.

No olviden informar a sus hijos

Cuán buena será

Cómo se levantará y alcanzará fuerza

Y cuán bien realizará su gran destino

Esta nuestra amada madre tierra Anáhuac.”

Este mismo mensaje se ha encontrado traducido a 13 distintas lenguas indígenas y resuena hasta nuestros días en el Anáhuac, dándole fuerza y esperanza a los mexicanos. Los mexihkas veían venir un ciclo negativo, el de los nueve señores de la noche, que duraría 468 antes de que volviera a salir el Sol en el Anáhuac. Ese ciclo ya se ha cumplido.

Los mexicas se replegaron a Tlatelolco donde libran la última batalla. Cuauhtémoc se dirige a enfrentar a Hernán Cortés. Iba en su acalli (lancha) acompañado de Tecuixpo pero es rodeado por una fuerza superior y capturado. Iba a enfrentar a Córtes acompañado por Tetlepanquetzal, tlahtoani de Tacuba y Coannacoch, tlahtoani de Texcoco. Es decir iban las cabezas de la triple alianza a cumplir la misión. Ya estando frente a Cortes sacó su puñal y se lo dio al español: matame con él le dice … si puedes …retándolo a combate singular para decidir de esta manera la contienda pues esta era la costumbre mexica en casos similares. No se estaba rindiendo como inventó Bernal Díaz del Castillo, sino que daba la última pelea.

En garras de los invasores, el valiente Cuauhtémoc fue brutalmente torturado junto a Tetlepanquetzal para que informara donde estaba el tesoro. Pero el joven guerrero guardó un silencio absoluto a pesar de que le quemaron los pies con aceite hirviendo y los brazos también.

Al no tener ya alternativa alguna y para evitar más destrucción y muerte, el 13 de agosto de 1521 se rindió México Tenochtitlan, luego de 80 días de feroz resistencia.

Las figuras y el ejemplo de los defensores del Anáhuac: Moctezuma, Cuitláhuac y Cuauhtémoc al frente de un pueblo indoblegable siempre seguirán siendo ejemplo en las luchas que hoy libra el pueblo de México contra los nuevos colonialistas. Nuestros héroes nunca serán olvidados.

Pablo Moctezuma Barragán*

*Doctor en estudios urbanos, politólogo, historiador y militante social