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En el contexto del actual tifón contra las libertades de las mujeres, está la exigencia de todas las mexicanas de hacer valer su respeto en general como personas y ciudadanas, como históricamente lo han hecho desde siempre y cuyas más sobresalientes constancias, entre otras, son la presencia femenina en los tres griegos: Esquilo, Sófocles y Eurípides con las tragedias para teatro que William Shakespeare recreó de manera perdurable. Nuevamente ellas, en el mundo y en nuestro país continúan reconquistando su igualdad legal y legítima, en sus respectivas convivencias para suprimir las nuevas desigualdades sociales, políticas, económicas y culturales.

Es por esto que tenemos en nuestro país un renacimiento femenino en medio del maltrato machista que ha llegado al extremo de sus homicidios, pasando por una serie de padecimientos que prueban el abuso masculino, filtrado en todas las relaciones de las mujeres en sus diferentes quehaceres como integrantes de la sociedad; y donde los gobiernos –los gobernantes– las minimizan y desprecian, en lo que es otro de los abusos de los poderes públicos y privados. Así que para ser tomadas en cuenta para el máximo ejercicio de sus derechos constitucionales y de las leyes reglamentarias, ellas han recrudecido sus protestas, dado que están en alerta nacional hasta en el terreno judicial, ya que ha sido evidenciada la nula capacidad de estas instituciones para combatir los feminicidios.

Y es que no hay, en el total cuadro de la sangrienta inseguridad, políticas públicas para sancionar a los feminicidas, de tal manera que cunda como ejemplo para detener la dramática asfixia que las ahoga y las asesina. Sobre todo ahora que hay un régimen que quiere cambiarlo todo de tal manera que todo permanezca igual, o peor. O que nada cambie, parafraseando a Tomassi di Lampedusa. Detuvieron al país con su huelga “ni una en la calle”, como primer paso ante ese machismo político, marital, de pareja, de noviazgo y de todas aquellas relaciones bilaterales que ya dejaron un saldo criminal que tiene ensangrentada a la Nación y en aterrador pánico.

Semejante violencia también se evidencia verbalmente con exabruptos, como los enderezados contra la reportera Nancy Flores, por el majadero periodista Oscar Mario Beteta a quien ella entrevistó y quien la trató con su insolente machismo. Nancy Flores subió a sus redes el grosero comportamiento de este personaje, teniendo más de medio millón de visitas entre las que estuvo el periodista de la caricatura Helioflores, quien publicó puntillosa creación donde aparece ese Mario Beteta encarando a la reportera y expresa: “¡Cállese, vieja pendeja!”, titulada En los tiempos del machismo (El Universal, 19 de febrero de 2020).

Es un magnífico cartón en el que el periodista hizo una defensa puntillosa contra el lenguaje corriente, brusco y enfadado que la reportera recibió de este Beteta, el que vomitó sus insultos de iracundo machismo para presumir su violencia y grosería. Ha sido, pues, otro de esos casos donde el machismo muestra de lo que es capaz verbalmente, utilizando la violencia como arma. La caricatura de Helioflores nos pone ante el rostro de Mario Beteta, con todo el odio amenazante de que es capaz para abusar con toda impunidad, de esa manera, ante una reportera que únicamente trató de entrevistarlo.

Y la imagen lo dice todo: retrata de cuerpo entero al agresor verbal. Ese que ante el micrófono y en sus colaboradores periodísticas dice estar contra la violencia de género y a favor de que se detengan los feminicidios, mientras en vivo y directo actúa con violencia de género antifeminista. La agredida es una reportera que ha ejercido su profesión periodística para informar sobre los hechos. Manteniendo una honrada participación como reportera, y al ejercer su trabajo busca hacerlo con objetividad; así que no tenía Beteta porqué insultarla. Lo que le valió que un maestro de la caricatura como Helioflores, lo dibujara como un machista; como un tipo amenazante de lengua capaz de enseñar su personalidad desquiciada.

Nancy Flores hizo lo correcto en subir a sus redes lo acontecido para exhibir a un patán. Y esa información hizo que el periodista de la caricatura basara sus trazos para mostrarlo de cuerpo completo, echando pestes contra la reportera. La doble cara de Beteta: feminista-antifeminista, puso y expuso un caso más de quienes, con diferentes grados de agresividad y barbarie, enseñan su odio hacia las mujeres. No tenía por qué reaccionar de esa forma Beteta, ya que solamente se trataba de negarse a la entrevista; pero, nunca debió aceptar la llamada para soltar sus ofensas con su vulgar antifeminismo. Pero ahora conocemos al Beteta que insulta solamente porque la voz en el teléfono era de una mujer.