martes 14, julio 2020

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En Centroamérica, las crisis políticas y económicas, la violencia, el autoritarismo, las violaciones a derechos humanos, la extorsión y la colusión de cuerpos de seguridad con el crimen organizado obligan a miles de personas a migrar. En México, el tema se complica por la incapacidad institucional para darles refugio y, ahora, también por la pandemia de Covid-19

Con la angustia que corre por sus venas, Wilmer –a secas: “así me gusta que me llamen”– arenga a un público que poco caso le hace y nulo apoyo le brinda en uno de los vagones del Metro de la Ciudad de México. Pide una limosna para enviarla a su esposa y sus cuatro hijos que sobreviven en Tegucigalpa, Honduras, tierra de violencia, desempleo y sin esperanza de vida.

Wilmer, 43 años a cuestas y 20 días de travesía rumbo a Caborca, Sonora –donde asegura que le espera un trabajo temporal en el campo mientras prosigue su camino rumbo a Estados Unidos–, cuenta que viaja con cinco de sus paisanos librando maras, policías municipales y lacras de toda laya que los  despojan de lo poco que obtienen para paliar su miseria.

Desaliñado, tenis raídos, ropa sucia y sin sus dedos de la mano derecha, Wilmer y sus acompañantes acampan en las vías del tren –La Bestia– en Lechería, Estado de México. De ahí se desplazan a la capital mexicana para reunir fondos y poder comer: subir un poco de peso, recuperar energías y pagar la cuota a los delincuentes que controlan el trayecto desde Tapachula, Chiapas, hasta su destino. En Sonora solicitarán asilo a Estados Unidos, o de plano pedirán refugio en México.

Wilmer es un ejemplo de cómo los migrantes se encuentran en condiciones cada vez más precarias debido a la falta de apoyo institucional para cubrir sus necesidades básicas y garantizar sus derechos económicos, sociales y culturales. Situación que es más grave en casos de familias, personas con capacidades diferentes, de diversidad sexual, indígenas, niños y adolescentes.

Las políticas antiinmigrantes del gobierno estadunidense, cada vez más agresivas y punitivas, así como la colaboración del gobierno mexicano con su contraparte para frenar los flujos migratorios y disuadir a los solicitantes de asilo han provocado que muchas personas se vean obligadas a solicitar refugio en México.

Por ello, este país vive ya una crisis en las fronteras Sur y Norte, gestada durante los últimos años a medida que se intensificaban las migraciones forzadas de Centroamérica, que se refleja en el funcionamiento de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) y el DIF.

En estas condiciones, si no se toman medidas drásticas para ampliar sustancialmente la capacidad de respuesta, es probable que México se enfrente a corto plazo al colapso de instituciones de ayuda a refugiados, y a una crisis humanitaria en materia de refugio, asegura María Dolores París Pombo, coordinadora del Observatorio de Legislación y Política Migratoria del Colegio de la Frontera Norte.

Por su parte, Carlos Barrichina –catedrático investigador en la Universidad Anáhuac– considera que no existe una crisis del refugio en México. Lo que existe es un problema de migración porosa incontrolable, que ahora el gobierno de Andrés Manuel López Obrador pretende contener con el uso de la Guardia Nacional, para beneplácito de Estados Unidos.

El investigador hace cuentas diferenciando entre migrantes y solicitantes de refugio que viven en el país. “Estamos hablando de una invasión de migrantes”; sin embargo, aclara que de los migrantes documentados que hay en México, solo el 0.8 por ciento en 2020 son naturalizados. “Son 351 mil 935 personas, es decir, nada”, lo cual refleja la capacidad de absorción del país.

En entrevista, Barrichina señala que la migración y el refugio en México son temas de seguridad nacional. Y explica que el tránsito cotidiano en la frontera Sur de México de migrantes documentados, de 2006 a 2018, fue de 26 millones 972 mil 483 en los 8 puntos fronterizos con Guatemala y Belice.

“Comparado con países de Europa, con todo y sus problemas regionales que enfrentan, similares a los de México, vemos que la capacidad de absorción es bastante grande y la afectación a la seguridad nacional es relativa”, apunta Barrichina.

“En enero pasado, en la primera caravana migrante, el protagonista fue la Guardia Nacional que detuvo, no rescató, a 500 migrantes”. En México han sido detenidos este año –aunque se dice que han sido asegurados para rescatarlos del crimen organizado– 298 mil 211 migrantes; y hasta junio de 2019, se habían repatriado a 80 mil personas a Centroamérica.

De 2001 a 2007 con el programa Pamsur, México repatrió 1 millón 127 mil centroamericanos y cubanos; de 2008 a 2013 –cuando cambió la ley migratoria y ya no era delito transitar por territorio nacional y surgió el tema de derechos humanos en las regulaciones migratorias, sólo se regresaron 367 mil 362 migrantes: hay una reversión, voluntad política o caos en las instituciones migratorias; y en 2014-2018, se pasa a 626 mil repatriados.

A este contexto de por sí complejo, ahora se le suma la problemática derivada de la pandemia del nuevo coronavirus. Al respecto, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos alertó el 24 de marzo que las medidas de contingencia de salud contra el Covid-19 impuestas en varios países, como el cierre de fronteras, han propiciado “el aumento de personas en contexto de migración alojadas en estaciones migratorias y estancias provisionales del Instituto Nacional de Migración (INM).

Por ello, llamó a ese Instituto y a la Secretaría de Relaciones Exteriores a gestionar acuerdos internacionales para repatriar a los extranjeros varados en territorio mexicano, garantizando sus derechos fundamentales.

La crisis del refugio en México

María Dolores París Pombo, coordinadora del Observatorio de Legislación y Política Migratoria del Colegio de la Frontera Norte, sostiene que durante los últimos 6 años, se incrementaron las solicitudes de refugio, que han llevado a una crisis aguda en las fronteras Sur y Norte.

La Comar registró en 2013 a 1 mil 296 solicitantes, mientras que en 2018 fueron 29 mil 634 personas las que solicitaron refugio y sólo durante los primeros 7 meses de 2019, el número de solicitantes fue de 39 mil 983 (Gráfica 1).

En 2019, más de 62 mil 710 personas solicitaron refugio, un aumento de casi 4 mil 700 por ciento en 6 años, señala el titular de la Comar, Andrés Ramírez Silva; quien calcula que cerca de 80 mil personas podrían solicitar refugio este año en México si se aplican las medidas anunciadas por el gobierno de Estados Unidos, ahora en impase por el Covid-19.

En total, la Comar tenía pendiente de resolver la solicitud de 50 mil 680 personas al finalizar junio de 2019. A pesar del aumento de casos, el número de solicitudes finalizadas ha disminuido entre 2017 y 2018. (Gráfica 2).

Poco presupuesto, sarampión, viruela…

A pesar de que el gobierno había registrado un aumento importante de  solicitudes cada año, durante el gobierno de Enrique Peña Nieto el presupuesto de la Comar se estancó, y al inicio del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, el presupuesto decreció en más de 25 por ciento.

“En términos relativos y en pesos constantes, el presupuesto asignado por cada solicitante de refugio en México ha disminuido de 8 mil 972.3 pesos en 2015 a 331.7 pesos en 2019”, señala París Pombo en su informe La crisis del refugio en México.

En 2019, la Comar tuvo un apoyo sustantivo del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), con recursos humanos financieros y asistencia técnica, para la contratación de personal, apertura de  oficinas, equipamiento, capacitación, asesoría técnica y simplificación del procedimiento de determinación de la condición de refugiado.

Aun así, el representante del ACNUR en México, Mark Manly, señaló que esta ayuda es temporal y que México deberá cumplir a corto plazo con sus obligaciones internacionales y con sus propias leyes en materia de refugio, aumentando significativamente las capacidades de recepción y acogida de refugiados.

De las 29 mil 600 solicitudes por nacionalidad y por entidad federativa donde se realiza el trámite de personas que solicitaron refugio en 2018, 21 mil 207 son de Honduras, El Salvador y Guatemala. De éstas, 16 mil 450 solicitaron refugio en Chiapas. (Mapa 1)

De acuerdo con el general de Brigada Armando Gómez Mendoza, director del Colegio de la Defensa, una estación migratoria requiere para su operación de 500 mil pesos diarios. “Son 15 millones mensuales, solo para repatriar a gente de África o la India”.

Durante su participación en el foro “Seguridad nacional en el siglo XXI”efectuado en febrero de este año en la Cámara de Diputados–, Gómez Mendoza expuso que el presupuesto designado en 2019 para atender solo el tema de refugiados fue de 1 mil 330 millones de pesos.

“Son aspectos económicos que nos pegan. En tema de salud tenemos brotes de sarampión y viruela, enfermedades de transmisión sexual y prostitución” entre los solicitantes de refugio y migrantes, sostuvo Gómez Mendoza.

Dijo que a México no sólo llega gente de Sudamérica, Centroamérica y del Caribe, sino también de la India, África y Sri Lanka. Algunos de ellos, enfermos de VIH. “Son nuestros migrantes, hay que atenderlos, darles medicamento porque hemos firmado convenios internacionales”.

Asimismo, indicó que miles de migrantes provenientes de Asia, África y el Caribe se encuentran varados en la frontera Sur de México debido a la falta de alternativas para su regularización o para que continuaran su trayecto hacia Estados Unidos.

Por su parte, París Pombo destaca que “muchas personas que huyen de persecución o por la violencia podrían verse obligadas a quedarse en México y solicitar la condición de refugiado en este país ante la falta de oportunidades de asilo en Estados Unidos”.

Hasta 2019, migrantes y solicitantes de asilo caribeños y extracontinentales solían tramitar un “oficio de salida” en las Estaciones Migratorias (EM), principalmente en la Siglo XXI.

La Ley de Migración (2011) denomina oficio de salida a la resolución que permite la salida de la persona extranjera de la estación migratoria para iniciar trámites de regularización, dentro del plazo que le otorgue la autoridad migratoria. En los hechos, el oficio era utilizado como un permiso de tránsito para llegar hasta la frontera Norte e intentar solicitar asilo en Estados Unidos.

La mayor facilidad de movilidad con el oficio de salida (al menos hasta 2019) explica por qué las personas con distintas nacionalidades a las de Centroamérica solían solicitar refugio en otras entidades federativas que las del Sur-Sureste del país. Sin embargo, a partir de las políticas cada vez más restrictivas del gobierno de Estados Unidos y a las presiones contra el gobierno mexicano para que detenga los flujos, el INM dejó de otorgar oficios de salida a migrantes caribeños y extracontinentales, y elevó el número de deportaciones de personas de nacionalidad cubana y haitiana, refieren los expertos.

Así, mientras que entre enero y junio 2018 el gobierno de Peña Nieto devolvió a 81 cubanos, en el mismo periodo de 2019 el gobierno de López Obrador devolvió a 710 personas de esa nacionalidad. En el caso de los originarios de Haití, durante el primer semestre 2018 ninguna fue devuelta a su país, mientras que en 2019 fueron devueltos 105.

Entre enero y junio 2018, 65 cubanos solicitaron refugio en la Comar; durante el mismo periodo de 2019, lo hicieron 2 mil 713 cubanos, con un crecimiento de 4 mil 74 por ciento. Si bien el número de solicitudes de refugio aumentó considerablemente durante los últimos años, siguen representando menos del 20 por ciento en relación con el número de migrantes detenidos por el INM.

Por ejemplo, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Gobernación, entre enero y septiembre de 2018 fueron presentadas 100 mil 417 personas ante la autoridad migratoria. En ese mismo periodo, se presentaron 17 mil 116 solicitudes de refugio ante la Comar.

Son pocos migrantes detenidos que solicitan refugio debido a que, a pesar de la presencia de organismos nacionales e internacionales que monitorean sus condiciones de detención, la mayoría de ellos sigue sin tener acceso a información sobre su derecho a solicitarlo, y porque podría prolongarse considerablemente su detención.

El drama de niños y adolescentes no acompañados

Aunque la mayoría de niños y adolescentes migrantes no acompañados que llegan a México han sufrido situaciones de violencia en sus países, que podrían calificarlos para medidas de protección internacional, menos de 1 por ciento de los que transitan por México son reconocidos como refugiados.

Los que solicitan refugio ante la Comar permanecen durante varios meses –a veces más de 1 año– en condiciones de detención. Entre 2013 y 2018 el número de solicitudes de refugio en México se multiplicó por más de 22, pasando de 1 mil 296 a 29 mil 634 casos.

Los menores no acompañados que solicitan refugio en México son en su  mayoría adolescentes originarios de Guatemala (10 por ciento), El Salvador (15 por ciento) y Honduras (63 por ciento). El 99 por ciento de éstos que son detenidos en México y devueltos a sus países de origen en 2018 fueron de esos tres países.

A pesar de los cambios permanentes a las leyes mexicanas para  reconocer la problemática de la niñez migrante, poco se ha avanzado en materia de alternativas a la detención para estos grupos de edad.

En concreto, advierte París Pombo, el número de personas con necesidades de protección internacional no tenderá a disminuir en los próximos meses y años. Considerando las políticas cada vez más restrictivas del gobierno estadounidense, aumentará la presión sobre México para reconocer y brindar condiciones de protección a refugiados.

La crisis de migrantes y solicitantes de refugio en México se agudiza a medida que avanza la pandemia del Covid-19, pues miles están varados en campamentos improvisados en ambas fronteras. Otro tanto, empero, van por la libre escapando de las garras de los maras centroamericanos, policías municipales, agentes migratorios.

En medio de la confusión, algunos migrantes evaden obstáculos, se internan en el país y avanzan a paso lento rumbo a Estados Unidos, en una operación hormiga de la que aún no hay datos oficiales.

Es el caso de Wilmer, migrante hondureño entrevistado en una estación del Metro de la Ciudad de México, quien no duda en contar cómo ha ido sorteando obstáculos durante su larga trayectoria hasta llegar desde Tegucigalpa a Lechería, estado de México.

“Ya llevamos en la Ciudad de México 20 días. Intentamos llegar a un albergue cercano a las vías del tren, pero lo hemos encontrado cerrado. Estuvimos trabajando pintando casas, pero se acabó el trabajo, así que hoy nuevamente vamos a intentar subir al tren carguero, la Bestia.

“Tuvimos problemas con los mareros en Tapachula. Nos robaron. Pues, qué nos pueden quitar, las pocas monedas que llevábamos. Vimos situaciones que querían agarrar mujeres. Secuestraban a las mujeres sí en Tapachula, es el control de las maras. Los mareros son los que nos dan permiso de subir al tren carguero pagándoles una cuota, si no, no tenemos permiso. Nos pueden pedir 2 mil o 1 mil varos, pero no los tenemos y, pues, les enseñamos “mira lo que tenemos… órale, pues, ya súbanse” y sí, amigo, van mareros, también, todavía suben arriba, hasta más adelante, no recuerdo cuál es el pueblo, y ya de ahí pa´ acá, ya es menos riesgoso.

“¡Imagínese, allá en Honduras hay mareros, en el camino de allá para acá hay mareros, también, bastantes! En El Salvador, Guatemala, bueno, no pasamos El Salvador, pasamos Guatemala, pero sí está bastante duro. Aquí en México, en Tapachula, Chiapas, también está bastante duro: ahí hay muchos más mareros, pandilleros, vaya.

“Vimos a la Guardia Nacional, pero cuando los vimos intentamos, no sé, meternos a un restaurante o pasar como si nada, como somos pocos. Ya tenemos casi 2 meses de camino, entramos por el río Suchiate de madrugada y como éramos pocos llegamos hasta Ciudad de México. Todos quieren venir haciendo bulla y, pues, así nunca van a llegar. Nosotros tenemos que entender que la frontera mexicana, es como la frontera de Estados Unidos. No podemos faltar al respeto, sabemos que estamos faltando al respeto al meternos ilegalmente, pero si nos esperamos a un dictamen, a que nos den permiso…

“Trabajamos picando caña, picando elote también, y nos vamos derecho y nos vamos de filo porque sabemos que no hay de otra… Queremos llegar a Sonora, a un rancho donde nos han ofrecido trabajo, ahí tenemos a un familiar, les brindan casa, comida y pagan 2 mil pesos a la quincena, con la meta de llegar a  Estados Unidos y, pues, vamos animados. Trabajamos en el campo en Veracruz, en Loma Bonita, nos quedamos a cortar piña durante 20 días y ya nos andábamos quedando a vivir ahí. La verdad es que vimos una oportunidad de vida más o menos, pues porque nos dan trabajo. En Honduras es difícil…”

Wilmer viaja con un hermano, un sobrino y tres connacionales que salieron de Tegucigalpa hace mes y medio y, entre escala y escala, llegaron a Lechería, donde para la Bestia, mudo testigo de tragedias de miles de migrantes.

“Gracias a la gente de México hemos llegado lejos. Sé que hay mucha gente que viene haciendo desmanes. No sé si pudieran entender que la situación en la que nosotros vivimos en Honduras ha orillado a que mucha gente, que era gente de paz, que era gente buena, la necesidad de llevar alimento a su hogar los ha orillado a delinquir, a meterse a las maras.

“Ahorita llevamos una semana sin trabajar, se nos acabó el trabajo en la pintura de la casa de gente nos ha ayudado. Yo he logrado juntar hasta 600 pesos sin trabajar en esta semana que los pude mandar a mi casa.

“No tengo mucho que hablar de los mexicanos. En hora buena, son un país que tiene mucha oportunidad, claro, el que quiere trabajar, por supuesto, y el gobierno también les da mucha oportunidad, también a los migrantes. Allá [en Caborca], la persona que nos está esperando dijo que el dueño va a hacer todo lo posible por arreglar los documentos para que estemos bien en este país.

“Caborca es la meta que llevamos, no sabemos cuántos días nos falten porque no podemos llegar en un solo día. Hay ocasiones en que hemos estado 3 días en tres cargueros, montados, porque tampoco nos podemos bajar cuando va de motor, así que tal vez nos tardemos 3 días más.

“En el Metro ya ahorita me agarró un vigilante. No me dio permiso, nomás me escuchó. Se paró y me dijo que no podía estar pidiendo; me desalojó de las instalaciones y, bueno, pues, entonces, lo que hago yo es cuidarme un poco más.

“Ya tenemos un punto donde más o menos va a parar el tren, que tenemos que caminar de ahí de Lechería, subirnos a un bus, a una combi que nos va a llevar a Huehuetoca, ahí donde para el tren, ahí es donde nos vamos a subir, y hoy en la noche es cuando tenemos planeado ir, a Querétaro o más adelante a Guanajuato, creo.

“En Honduras sí hay trabajo, pero ya no alcanza para todos, hay que tener, como dicen aquí, una palanca. Así que no puedo mantenerme más allá porque… Y eso tendría que empezar a delinquir, a empezar a hacer malas cosas, a ponerme malhechor, y bueno, pues yo prefiero cruzar este camino que llegar a ser eso porque en una de malas, pues está la vida.

“Planeo quedarme en Caborca, porque ahorita, para pasarse a Estados Unidos  está muy difícil. Hay muchos compañeros que saben que, me da pena decirlo, pero hay mucha ignorancia en el país; así que eso es lo que los orilla a llegar hasta la frontera a sabiendas de que ya no se puede pasar, eso, anteriormente, hace unos 8 o 9 años llegaba uno a la frontera, cruzaba uno a Estados Unidos y ya, nos agarraba migración y nos daban permiso.

“Hoy pues ya no es lo mismo: sabemos que ya no hay intentos de pasar y si nos agarran nos mantienen encerrados 4 meses, 6 meses y con la situación de que los regresan para acá. Incluso si tenía uno familiar en Estados Unidos nomás les llamaban a ellos para que nos fueran a recoger. Ese era un beneficio que tenía Honduras, pero esto que ha pasado con las caravanas ha acabado con ese beneficio.

“Y es que hay mucha gente que viene pagada, con eso de las caravanas: no es gente que venga por su cuenta, los controlan. No sé cómo sea. Hay muchos rumores, yo he visto que incluso pues les pagan dinero políticos mexicanos, que son los que están manejando esto. Al parecer, no estoy muy seguro, pero se trata de hacerle daño al gobierno, por eso es que no vienen 500, vienen miles porque reciben un dinero para venir a provocar problemas aquí.

“Sabemos que son políticos mexicanos que quieren que hagamos desmanes aquí en México para darle una mala imagen al gobierno. Por allá se anda oyendo mucho lo que López Obrador anda haciendo cosas buenas, que es lo que allá sabemos, pero aquí mucha gente dice que no, que está haciendo muchas cosas malas. Eso ya nosotros no podemos opinar, no vivimos aquí, solo vamos de paso, lo que vemos es que nosotros estemos bien, y pues si Dios permite que logremos obtener documentos para poder estar bien e ir a ver a nuestra familia.

“Una guerra no se gana de la noche a la mañana, se tiene que estar viendo los campos que hay que bombardear. Así como nosotros, que tenemos que ir despacio, si alguien me ofrece trabajo ahorita por supuesto que lo agarro y, pues, que tenga así la mano no significa que no pueda moverla, así que si tenemos suerte más adelante vamos a ir a trabajar al campo y a quedarnos ahí unos 20 días o un mes para poder agarrar más fuerza, ayudar a nuestra familia, estar en paz para poder ver bien el camino que llevamos cada día, porque si vamos desvelados, mal comidos, vamos a prisa, y sin un peso en la bolsa, no se puede llegar a ningún lado en esas condiciones…”