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Hace 500 años comenzó la invasión del Anáhuac. Los españoles que llegaron aquí habían masacrado desde 1492 a los pueblos originarios de las islas del Caribe, donde exterminaron completamente a toda la población indígena y comenzó la explotación de los esclavos africanos. Eran gente despiadada que salieron de las cárceles de España, por un decreto de la Reyna Isabel, ya que los marineros se negaban a embarcarse hacia estas tierras.

El 10 de febrero de 1519 sale Cortés huyendo de Cuba con 11 naves, 110 marineros, 518 infantes, 16 jinetes, 13 arcabuceros, 32 ballesteros, 200 indios y negros, 32 caballos, 10 cañones de bronce y cuatro falconetes, antiguas piezas de artillería de gran longitud. El virrey Diego Velazquez le había revocado la licencia que le dio para explorar (no invadir o “conquistar” como decían) al darse cuenta de las intenciones de Hernán que había hecho gran acopio de soldados y reecursos. Al saber que Velázquez se había arrepentido y escrito un documento para quitarle el permiso, Cortés huyó no sin antes robar un buque y abasto en Santiago de Cuba.

Llega a Cozumel y parte de ahí el 4 de marzo. A los pocos días, el 12 de marzo, llega al río Grijalva. Hernán Cortés había traicionado al virrey de Cuba, Diego Velázquez, y emprendió la invasión del Anáhuac violando la Ley de las Siete Partidas de Alfonso III que regía desde el siglo XIII que prohibía cualquier conquista sin permiso del Rey y condenaba a muerte a quien lo hiciera. Pero él arriesgándose a todo había tomado provisiones para conquistar o invadir aún sabiendo que por ese delito, según las leyes de la época le podrían aplicar la pena de muerte. Pero confiaba en sus mañas. Ambicionaba oro, poder, mujeres, fama y gloria. Además sabría cómo engañar al rey. Se sentía muy seguro de sí mismo porque era un leguleyo que había estudiado en Salamanca y se desempeñó como escribano en La Española (hoy Haití y Dominicana) y podía siempre argumentar con maña y visos de legalidad a su favor. Además confiaba en su gran elocuencia, dotes de persuasión y sugestión.

El 14 de marzo de 1519 se libra la primera batalla, la de Centla ya que el dirigente Tabscoob resiste en lo que hoy se llama Tabasco en su honor y al frente de los mayas chontales lucha en Centla. Pero prevalecen las armas, cañones, arcabuces, caballos, picas y espadas de acero contra las armas de madera y piedra y los españoles los derrotan el 25 de marzo. Funda ahí la villa de Santa María de la Victoria y derriba la ceiba sagrada del pueblo.

Dos años antes, el 25 de marzo de 1517 indígenas mayas derrotaron por primera vez en América Latina a los invasores españoles en Champotón, Campeche, en lo que los españoles llamaron la bahía de la Mala Pelea. Cincuenta y siete españoles murieron, entre ellos su capitán Francisco Hernández de Córdoba, dos más fueron capturados. El resto huyó junto con decenas de heridos. Hernández de Córdoba no llegó a invadir, solo estaba “costeando” y reconociendo terreno, pues no tenía autorización del rey para “conquistar”.

El 22 de abril, llega Cortés a Veracruz, a la Isla de San Juan de Ulua, un viernes santo y funda el Municipio de la Villa Rica de la Vera Cruz. Por medio de sobornos con oro y promesas y excluyendo de la votación a los partidarios del Virrey Diego de Velázquez. En las primeras elecciones compradas y con un “padrón” adulterado Hernán Cortés se hace nombrar capitán general y justicia mayor y nombra  regidores a Alonso Hernandez Portocarrera y a Francisco Montejo, títulos que le otorga el cabildo de Veracruz. Con esa posición de “autoridad”, buscaba saltarse al virrey y tener interlocución directa con el rey Carlos V, todo con ilegalidad, y así usurpó el poder.

El 10 de julio redacta la Carta del Cabildo para informarle al Rey y supuestamente ese mismo día redactó la Primera Carta de Relación, que nunca llegó a España. En ese mes le llega la noticia que el virrey Diego Velázquez fue nombrado adelantado de Yucatán y tiene permiso de conquistar estas tierras. La lucha entre Diego y Hernán, antiguos amigos, por lo que para ellos era el botín era encarnizada.

El 26 de julio, para sobornar al rey Carlos, le manda el quinto real, la Carta del Cabildo y supuestamente la Primera Carta de Relación de la que no se conoce el original. Manda a España a Francisco de Montejo, Alonso Hernández Portocarrero y Antón de Alaminos y se regresan por una nueva ruta vía Bahamas para evitar los barcos de Diego Velázquez. En España se enfrentaron en la corte real los enviados de Cortés y de Velázquez. El rey ya se había “ablandado” con los regalos de Cortés.

 

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