martes 14, julio 2020

Autor:

La Organización Internacional del Trabajo informó que el impacto mundial del nuevo coronavirus en el mundo laboral será de gran alcance, llevando a casi 25 millones de personas al desempleo, al subempleo y a la pobreza laboral, ante lo cual propuso medidas para “una respuesta decisiva, coordinada e inmediata” a nivel internacional.

De acuerdo con una evaluación, la OIT valoró que los daños por el Covid-19 podrían traer un incremento del desempleo mundial de entre 5.3 millones y 24.7 millones, provocando grandes pérdidas de ingresos para los trabajadores de entre 860 mil millones de dólares y 3.4 billones de dólares a finales de 2020. A su vez, esto implicará caídas en el consumo de bienes y servicios, al tiempo que afectará las perspectivas de las empresas y las economías.

A su vez, el estudio indicó que se prevé un aumento exponencial del subempleo, pues “las consecuencias económicas del brote del virus se traducen en reducciones de las horas de trabajo y los salarios”. También se espera un crecimiento importante de la pobreza laboral: la OIT estima que entre 8.8 millones y 35 millones de personas más estarán en esta situación, ya que “la presión sobre los ingresos resultante de la disminución de la actividad económica tendrá un efecto devastador para los trabajadores que se encuentran cerca o por debajo del umbral de la pobreza”.

Ante ello, el director general de la Organización, Guy Ryder, manifestó que “ya no se trata sólo de una crisis sanitaria mundial, sino también de una importante crisis económica y del mercado laboral que está teniendo un enorme impacto en las personas”.

Agregó que “en 2008, gracias a que el mundo hizo un frente común ante las consecuencias de la crisis financiera mundial, se evitó lo peor, la actual coyuntura requiere de ese tipo de liderazgo y determinación”.

Mediante un comunicado, la OIT pidió que se adopten medidas basadas en tres pilares esenciales: protección a los trabajadores en el lugar de trabajo, estimulación de la economía y el empleo, y el soporte de los puestos de trabajo y los ingresos. Esto incluye la concesión de ayudas financieras y desgravaciones fiscales, en particular a las microempresas, pequeñas y medianas empresas; además de medidas de política fiscal y monetaria, y préstamos a sectores económicos concretos.