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La epidemia del coronavirus Covid-19 debe ser para México un asunto de seguridad nacional, pues vulnera a la población. Especialistas en la materia aseguran que el gobierno de López Obrador se enfrenta a un gran reto, debido al dañado sistema sanitario heredado de administraciones anteriores. El titular del Ejecutivo responde a Contralínea que el gabinete de seguridad sí atiende el tema, aunque son los expertos médicos los que encabezan la estrategia

El deteriorado sistema de salud en México provoca que epidemias y pandemias, como la del coronavirus Covid-19, deban prevalecer como tema de seguridad nacional. Especialistas en el tema exponen que México debe mantener las crisis sanitarias provocadas por enfermedades pandémicas entre los principales puntos de riesgo a la seguridad nacional, debido a que afectan a uno de los principales componentes del Estado: la población.

Las ediciones de 2013 a 2017 de la Agenda Nacional de Riesgos (AGN) –documentos clasificados como altamente secretos y elaborados en el gobierno de Enrique Peña Nieto por el extinto Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), a los que en su momento Contralínea tuvo acceso–, señalaba a las pandemias como una de las 10 amenazas más graves a la seguridad nacional.

Consultado por Contralínea en su conferencia mañanera del 17 de marzo, el presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró que en la atención al nuevo coronavirus participa todo el gabinete de Seguridad. Recordó que todos los días se reúnen y ahora está invitado siempre al gabinete de Seguridad, el sector salud. “Hoy estuvieron exponiendo y participaron los secretarios de la Defensa [Luis Cresencio Sandoval González], secretario de Marina [Francisco Soberón Sanz], el secretario de Seguridad Pública [Alfonso Durazo]. “Todos. Es una acción coordinada”.

Agregó que también participan los secretarios de Relaciones Exteriores [Marcelo Ebrard Casaubón] y Educación Pública [Esteban Moctezuma Barragán], el responsable de la política migratoria [Francisco Garduño]. “Todos. Pero los que están conduciendo son los médicos especialistas, ellos son los del sector salud los que están apoyando”.

Datos de la Secretaría de Salud, al 18 de marzo, indican que en el país se han registrado 93 casos confirmados de coronavirus.

Con estos datos, “desde la óptica de seguridad nacional el tema pasó de un nivel de riesgo a amenaza; en el modelo de semáforo: del amarillo al rojo”, dice Emilio Vizarretea Rosales, doctor en ciencias políticas y catedrático en el Centro de Estudios Superiores Navales (Cesnav).

El investigador y especialista en seguridad nacional añade que se está generando una especie de “consenso (no deseado) de que en la última quincena de este mes tendremos el brote, por lo que es necesario poder trazar una especie de ruta, de hacia dónde y por dónde tendríamos los brotes ya abiertos para atenderlos de manera inmediata y oportuna”.

Ante la pandemia del Covid-19 ya se presume que en el país hay la capacidad para detectar el virus en todos los estados de la República, pero no para declarar los casos, observa el químico y maestro en ciencias Benjamín Ruiz Loyola.

En entrevista, el académico de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México dice que “vemos que cuando un estado detecta algo sospechoso lo tiene que mandar a la Ciudad de México (al Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos) para que haga la declaratoria correspondiente. Entonces, dónde está la capacidad del estado si no puede hacer la declaratoria”.

Esta situación, indica, revela “que no tenemos la capacidad diagnóstica en todo el país: es muy lamentable que exista un sólo laboratorio que pueda hacer esto. Ya desde 2009 se ha estado diciendo que necesitamos mayor capacidad, por lo que se requiere de mayor inversión”.

Explica que, en cuanto a términos, es necesario saber que una epidemia se refiere a una región muy específica, una pandemia se refiere a un problema global.

Seguridad nacional y salud en la 4T

Consultado por Contralínea en la conferencia del 17 de marzo, el doctor Hugo López-Gatell Ramírez, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud,  indicó que hasta 2010 no estaban en la Agenda Nacional de Riesgos las epidemias y las pandemias. Sin embargo, hasta hoy sigue siendo un tema de seguridad nacional. Incluso, hay unidades médicas consideradas como estratégicas.

El doctor en epidemiología dijo que como resultado de la pandemia de influenza 2009, se inició un trabajo de colaboración que perdura hasta nuestros días entre la Secretaría de Salud, “de manera específica en su momento a través de la Subsecretaría de Prevención y Promoción de la Salud, y de comunidad técnica, la Dirección General de Epidemiología, un trabajo de colaboración con el Sistema de Seguridad Nacional y también en su momento de manera específica iniciado a través del Cisen”.

Explicó que se han tomado en cuenta lecciones aprendidas de la epidemia de influenza de 2009. Además, se empezó a articular un mecanismo para tener el reconocimiento de instancias de seguridad nacional a ciertas entidades claves, como el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica; asimismo algunas entidades físicas, como el Laboratorio Nacional de Referencia, “fueron integradas al catálogo de instalaciones estratégicas del más alto nivel”.

El subsecretario explicó que “eso ha ido evolucionando en la institucionalidad del país y efectivamente nos hemos mantenido en una coordinación muy estrecha a lo largo de muchos años, pero también de manera concreta cuando inició la preparación para este fenómeno tuvimos contactos muy tempranos con todos esos mecanismos”.

Añadió que un elemento clave fue la reunión conjunta de los comités nacionales para la seguridad en salud, presidida por el secretario de Salud, Jorge Alcocer Varela, y el Comité Nacional de Emergencias, encabezado por el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo Montaño.

Esta reunión fue crucial porque “existe todavía una especie de vacío institucional que desde que empezó el sexenio tenemos en la mira de reformar, en donde el Sistema Nacional de Emergencias, coordinado por el Comité Nacional de Emergencias, no tiene los elementos para abrigar o anidar las emergencias sanitarias puras. Nos referimos a emergencias sanitarias puras a aquellas que no derivan de afecciones a la infraestructura física, como más típicamente se reconocen aquellas relacionadas con desastres naturales o causadas por el humano, que son la materia típica de competencia del Sistema Nacional de Emergencias”, expuso.

Esto incluye los fideicomisos de reserva, por ejemplo, el Fondo para la Prevención de Desastres Naturales y el Fondo de Desastres Naturales, que son fondos cuyas reglas de operación se destinan particularmente para prevenir o atender desastres relacionados con este tipo de daños de infraestructura física, “pero cuando existe una emergencia sanitaria pura, fue el caso de la pandemia de 2009, se buscaron los mecanismo para canalizar fondos para la atención y la mitigación de la pandemia de influenza y no había una manera institucional clara de obtenerlos”.

Ahora, añadió, con los mecanismos institucionales y las disposiciones legales existentes se encontró la voluntad política del presidente López Obrador, “la autoridad sanitaria número uno”, con lo que se podrán canalizar los recursos ordinarios hacia actividades estratégicas específicas como la que acabamos de anunciar, que es la compra de estos insumos.

En resumen, dice López-Gatell, para enfrentar esta epidemia se ha contemplado un universo muy amplio resumido en: todo el gobierno, toda la sociedad.

Insuficiencia en el sistema de salud

De acuerdo con el Plan Nacional De Desarrollo 2019-2024, se “encontró un sistema de salud pública insuficiente, ineficiente, depauperado y corroído por la corrupción. Millones de personas no tienen acceso a ninguna de las instituciones o modalidades de ese sistema o bien enfrentan padecimientos para los cuales no hay cobertura. Como en otros terrenos, el desastre del sistema de salud pública es resultado de los afanes privatizadores y de los lineamientos emitidos por organismos internacionales copados por la ideología neoliberal…”.

El documento elaborado por la actual administración federal indica que –como resultado de un periodo en el que proliferaron los dispensarios, clínicas y hospitales privados de todas las categorías, incluso los de gran lujo– “los establecimientos públicos han sido librados al saqueo de la corrupción, la indolencia burocrática y el estrechamiento presupuestal. Es casi normativo el que los pacientes de los hospitales del Estado tengan que llevar sus propios materiales de curación y que se vean obligados a esperar meses antes de ser sometidos a una intervención quirúrgica, tanto por la saturación de los quirófanos como por descomposturas o faltantes de equipo. Otros ni siquiera logran acceso a terapias y tratamientos porque no están afiliados a ninguna institución de seguridad social o bien porque la cobertura del Seguro Popular es insuficiente. En suma, el derecho a la salud le es denegado parcial o totalmente al sector más desprotegido de la población mexicana”.

Por ello, expertos en seguridad nacional indican que México ya debe tomar medidas extraordinarias en sus fronteras, por la “porosidad” y los números de casos confirmados de Covid-19 principalmente en Estados Unidos.

María Cristina Rosas González, coordinadora del libro Repensando la seguridad nacional de México, considera que “desafortunadamente este virus llega en una coyuntura muy complicada para el país porque estamos en una transición en el sistema de salud nacional. Además de un pleito muy fuerte que tiene la autoridad con las farmacéuticas [por visos de casos de corrupción en la venta de medicamentos], lo que ha provocado un desabasto importante de medicamentos, vacunas y tratamientos oncológicos”.

La también catedrática en el Cesnav menciona en entrevista que lo más probable es que vamos a entrar en la fase dos hacia el 30 de este mes, lo que puede llevar a “experimentar una propagación rápida y una falta de acceso de la población a servicios médicos básicos”.

Para ello, dice Rosas González, es necesario echar mano de recursos extraordinarios y llevar a cabo medidas extremas en las fronteras, “pero todo lo que se va a hacer de ahora en adelante es paliativo, para mitigar, porque se nos pasó el tiempo y ya no pudimos prevenir. La prevención fue algo que se tuvo que haber hecho hace bastante tiempo”.

Guillermo Garduño Valero, catedrático de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM-Iztapalapa), explica que las enfermedades virales como el Covid-19 son de una alta especialidad e indudablemente “no creo que tengamos una cantidad suficiente de epidemiólogos como para enfrentar esta circunstancia”, sin precisar las cifras de cuántos médicos expertos en esa área hay en México y cuántos se requerirían para enfrentar la pandemia del coronavirus.

El experto en seguridad nacional y Fuerzas Armadas añade que hay un problema todavía mayor: “desde el ámbito del gobierno no se han emitido más que recomendaciones generales, pero no políticas concretas, políticas que de alguna manera establezcan el sistema de control, de población infectada. No se están estableciendo ningún límite a la circulación de personas ni se está regulando la entrada de personas que vienen del extranjero, particularmente de Europa y Asia”.

Al cierre de esta edición, la Secretaría de Salud informó que en el mundo se contabilizan 179 mil 112 casos confirmados de Covid-19, de los cuales 81 mil 116 corresponden a China y 97 mil 996 en otros países. Hay un total de 7 mil 426 defunciones contabilizadas. Indicó que Europa es el principal foco actualmente, con 64 mil 189 casos diagnosticados.

Amenaza a la seguridad nacional

En las ediciones 2013 a 2017 de la Agenda Nacional de Riesgos se identificaron cinco escenarios de amenaza que rebasarían la capacidad de respuesta del actual sistema de salud y que podrían colapsar a país entero:

  1. Crecimiento acelerado de enfermedades crónico degenerativas [diabetes, hipertensión y obesidad] ante la falta de atención integral a factores como pobreza, estilos de vida poco saludables y falta de educación.

  2. Aparición de un virus de mayor contagio y letalidad que sea capaz de transmitirse con facilidad entre los seres humanos.

  3. Limitada capacidad de respuesta gubernamental (salud, seguridad pública y Fuerzas Armadas o del personal de áreas estratégicas) ante un contagio masivo.

  4. Brote de una pandemia que ponga en riesgo la salubridad pública del país, con alcance local, regional o global.

  5. Diseminación de plagas o enfermedades que afecten la sanidad vegetal y animal, con consecuencias negativas para la actividad agropecuaria que afecten la salud pública, economía y el comercio.

En tres de las versiones de la Agenda, a las que Contralínea tuvo acceso, se menciona la “incapacidad frente a pandemias y epidemias”, como parte de las 10 amenazas más graves a la seguridad nacional. En 2013 ocupaba el nivel tres de riesgo; es decir, medio.

Para 2014, el tema de la salud ocupó el primer lugar de la lista elaborada por el Cisen, bajo el concepto de “Desastres naturales y pandemias”, seguido por el de “Delincuencia organizada” y “Conflictos agudos focalizados”.

Ya en 2015, “Desastres naturales y pandemias” fue ubicado en el noveno lugar de las amenazas a la seguridad nacional clasificadas así por el Cisen (Contralínea 508).

La Agenda Nacional de Riesgos señalaba, entre otras “vulnerabilidades”, la “falta de coordinación entre dependencias e insuficiencia de controles sanitarios y de salud (sistemas de detección temprana) para prevenir y evitar la extensión de enfermedades transmisibles”.

El documento hacía énfasis en el “limitado control en aeropuertos y puertos para detectar y atender eventos de alta patogenicidad y debilidad estructural de las finanzas del sistema de salud pública”. Lo anterior, cuando es sabido que las pandemias se propagan en los puntos de encuentro de personas que provienen de distintos lugares.

Otra de las “vulnerabilidades” destacadas en la Agenda Nacional de Riesgos es la “limitada capacidad para investigar enfermedades infecto-contagiosas”.