Autor:

Las noticias falsas, rumores, mentiras y versiones alarmistas en medios de comunicación –como ocurrió con el caso del empresario José Kuri Harfush, a quien se dio por muerto sin estarlo–, así como las campañas de desinformación en redes sociales sobre el Covid-19 no sólo provocan pánico, sino también pueden incrementar exponencialmente la pandemia: al tener información equivocada, las conductas de prevención son erróneas, explican expertos

La difusión masiva de información falsa (fake news), rumores, mentiras y versiones alarmistas en los medios de comunicación sobre el nuevo coronavirus (Covid-19), así como la creación de campañas de desinformación en redes sociales no sólo provocan pánico en la sociedad, sino también pueden ser un factor de incremento exponencial de la pandemia en el país, explican académicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En entrevista con Contralínea, el doctor Rolando Díaz, profesor de la Facultad de Psicología de la UNAM y experto en psicología social, señala que una de las consecuencias de compartir información errónea o falsa en los medios de comunicación es el aumento de la posibilidad de que ocurra un contagio social, lo que provocaría el crecimiento de la pandemia de “manera exagerada”.

Esto se debe a que si la población tiene información equivocada, sus conductas de prevención van a ser erróneas y, por tanto, sus métodos de cuidado no serán los apropiados, advierte el estudioso del comportamiento social.

Además, indica que otro efecto de las campañas de desinformación y noticias falsas y amarillistas es que pueden generar “sensaciones de alto temor o una especie de pánico”. Resultado de ello, quienes han sido expuestos a esas versiones alejadas de la evidencia científica y técnica pueden recurrir a las llamadas compras de pánico e incluso a acciones “que no son congruentes con la información que es verídica”.

Respecto de las consecuencias negativas de la irresponsabilidad con la que actuan medios de comunicación y periodistas, observa que a partir de las campañas desinformativas, amarillistas o falsas “nos formamos esa impresión, y como es ya parte de nosotros la tratamos de mantener y de defender; entonces eso hace que seamos menos aceptantes de información que realmente es científica”.

El escenario que describe el doctor Rolando Díaz tuvo un primer episodio el pasado 28 de febrero, luego de que el día anterior se confirmara el primer caso de un infectado por importación: de inmediato, centros comerciales, tiendas y farmacias reportaron desabasto de cubrebocas, alcohol gel para limpieza de manos, desinfectantes de todo tipo, entre otros productos.

Un segundo momento ocurrió durante el puente del 14 al 16 de marzo, luego de que se anunció el adelanto y ampliación del periodo vacacional de Semana Santa: se realizaron compras de pánico de productos enlatados, entre otros insumos del hogar.

Generar caos y obtener ganancias políticas

Sandra Soria Cortés, socióloga y profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, explica que las campañas de desinformación y noticias falsas se pueden legitimar por los medios de comunicación con el fin de utilizarse como “caldo de cultivo para generar caos. También se pueden usar como campañas de desprestigio que apuntan hacia las políticas públicas” en los tres niveles de gobierno.

Al respecto, el doctor en ciencias sociales Fabián Bonilla, también catedrático de Ciencias Políticas, señala que “se están generando huecos de información que están utilizando actores políticos con una posición crítica frente al gobierno para golpear la estrategia oficial”.

Ejemplo de ello es la difusión de la noticia falsa que hicieron diversos periodistas y medios de comunicación el pasado 15 de marzo sobre el empresario José Kuri Harfush, supuesta primera víctima mortal del coronavirus en México. La muerte que según confirmaron los comunicadores fue desmentida horas después por el gobierno federal. Algunos medios y columnistas que difundieron esa fake news ofrecieron disculpas, tras los cuestionamientos y reprobación que sufrieron en redes sociales.

El doctor Rolando Díaz Rolando indica que los comportamientos como el de difundir falsas informaciones están en el campo de la ética: “medios de información que difunden información que no es correcta son poco éticos. El medio es para transmitir conocimiento, información, noticias, pero todas tienen que estar basadas en hechos. No podemos estar inventando hechos para tener más atención”.

Otro ejemplo de las campañas de desinformación y mentiras es el video que se difundió el 12 de marzo del senador del partido Movimiento Ciudadano, Samuel García Sepúlveda, en el que asegura tener evidencias, sin presentarlas, de que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador oculta casos de infectados de coronavirus.

Al lucrar políticamente con la pandemia, García Sepúlveda dijo: “Hace unos días, y asumo con total responsabilidad lo que voy a decir, platicando con funcionarios y médicos del ISSSTE me decían que ellos están obligados a registrar todo como influenza. Aunque les lleguen con síntomas claros de coronavirus, la orden es: ‘tú registra todo como influenza. Si de plano ya es tan evidente el caso, mándamelo al Hospital Siglo XXI’. Por eso no es raro que aparezcan cinco, siete, 11 casos. Están maquillando los datos, y lo peor es que en las mañaneras no les dan la importancia debida: sigue el presidente [Andrés Manuel López Obrador] hablando de abrazos”.

Al respecto, el presidente López Obrador criticó: “hay politiqueros que hasta hacen ruedas de prensa hablando del coronavirus o videos llenos de falsedades, de mentiras, alteración de información. Ayer que fui a Sonora me encontré en el avión a un señor que me mostró: ‘¿usted está diciendo esto?’, fue algo que dije hace como una semana, lo convirtieron como información de ayer. Una falta de ética, de profesionalismo”.

Consultado sobre el impacto psicológico que tiene en la sociedad la información falsa sobre el coronavirus, el doctor Rolando Díaz explica que el cerebro funciona de una manera muy particular para absorber, tomar la información que está en su medio ambiente.

Explica que se ha demostrado con estudios que cuando la gente recibe información y después se le dice que la fuente no es confiable, sólo recuerda la información no su veracidad: se le pide que regrese 2 o 3 meses después y se le pregunta qué es lo que sabe sobre el tema, y repite la información falsa. Entonces se le cuestiona qué tanta confianza tiene en esa información, y la confianza es alta aunque la fuente no haya sido confiable.

“Lo que hace el cerebro es que toma información, recuerda la información pero olvida la fuente y entonces si nosotros estamos recogiendo información todo el tiempo, la incorporamos a nuestro cerebro y entonces ya no diferenciamos entre lo que son hechos y lo que son opiniones o creencias o información falsa o información incorrecta. Eso es un problema bastante grave porque eso hace que la gente difunda esta misma información a través de las amistades, los medios electrónicos y eso va creando una realidad alterna que, aunque no sea así, está: ya es parte de la realidad de la gente.”

Agrega que una variable que se debe tener en cuenta en el contexto de la emergencia sanitaria es la de las emociones: “esta información que se está dando en torno al coronavirus pues nos produce una emoción, cierto temor, miedo porque nos puede dañar eso que está ahí afuera [la enfermedad]; entonces eso hace que el cerebro le ponga más atención y lo haga más accesible, y puede crear una especie de círculo vicioso en donde, por todos los estímulos que vemos en torno a esa información, ya no le ponemos atención a lo nuevo sino sólo a lo que teníamos antes. Y negamos cualquier tipo de información que no sea congruente con lo que nosotros creemos que es cierto”.

Campañas de información

La socióloga Selene Aldana Santana, profesora del Centro de Estudios Sociológicos de la UNAM, explica a Contralínea que “hay algunos medios de comunicación y ciertos usos de las redes sociales que están resultando muy perniciosos porque están contribuyendo a un muy inconveniente pánico social que aviva, por ejemplo, muchos sentimientos incluso racistas y xenófobos. Los medios de comunicación que reproducen información falsa y sin análisis lo hacen, la mayoría de las veces, porque lo ven como una forma más de entretenimiento, sin darse cuenta de que causa inquietud en la sociedad.

Por ello, indica, los medios deben asumir el compromiso con ética, pues están siendo muy irresponsables con éste y otros temas. “No están cumpliendo con aquella tarea que se puso en sus manos, no están informando a la población, sino dando espectáculo”.

La académica recuerda que el de la información es un derecho humano, y critica que los medios de comunicación le dan un uso muy irresponsable asimilándolo como parte de la industria cultural, como si fuera una cosa de entretenimiento. “Y van cambiando el tema central del entretenimiento y, entonces, hay días en que el gran tema es el de las caravanas y las están dando cubrimiento todo el tiempo de forma amarillista, sin dar información y como si fuera un espectáculo; así hicieron también con el temblor de 2017, y han hecho con los terribles feminicidios de los que hemos sabido en las últimas fechas: les dan cubrimiento como si fuera espectáculo en lugar de hacer análisis útiles para que la audiencia entienda lo que está ocurriendo y entonces ahora [con el coronavirus] es igual”.

La socióloga explica que lo que debería hacer la prensa en estos momentos es un “análisis de cómo está la infraestructura de salud pública en nuestro país, si está preparada para lo que viene, sobre cómo están nuestros modelos de salud pública o cómo va el avance de las tendencias neoliberales y privatizadoras en el sector de la salud pública”, y no lo que han venido haciendo.

Por su parte, la socióloga Sandra Soria advierte que si la desinformación continúa y “llegase a haber una marea de campañas de desprestigio es porque el gobierno bajó la guardia y no proporcionó la suficiente información oportuna y veraz para que los medios ‘normales’, no los que difunden fake news, reproduzcan lo que el mismo gobierno hace”.

No obstante, considera que hasta ahora la administración federal “está actuando de manera sensata y prudente y, hasta donde se puede ver, organizada. Hay organización, coordinación y una planificación”.

Entrevistados por separado, los cuatro académicos coinciden en que la información relacionada con el Covid-19 debe proporcionarla personal experto y especializado en el tema para poder replicarla, al igual que instituciones oficiales, como la Organización Mundial de la Salud.

Fabián Bonilla considera que hasta ahora la estrategia del presidente de la República, de dar información a través de las conferencias mañaneras sobre el Covid-19 y desplegar la estrategia de realizar conferencias nocturnas del subsecretario de Prevención y Promoción de Salud, Hugo López-Gatell, ha sido adecuada.

Sin embargo, comenta que la administración federal aún tiene que trabajar en ella y adecuarla a la situación que se está desarrollando en el país. Asimismo, critica las medidas preventivas que el presidente y su gabinete han tomado y mencionó que no se han realizado acciones “tajantes” como en otros países, como la cancelación o reprogramación de eventos masivos.

Medios que difunden campañas de desinformación, sin justificación social

Al referirse al papel que juegan los medios de comunicación en las campañas de desinformación en torno al coronavirus, el doctor Fabián Bonilla considera que es necesario replantear la justificación social de los primeros, puesto que se alejan de su deber ser: el mediador entre la información y el público.

“Habría que pensar la dimensión de por qué seguirle llamando medio de información, si lo que está haciendo es darnos elementos para la desinformación [..]. No necesariamente tiene que ser una mentira o una fake news para generar desinformación.”

En ese contexto, advierte, no sólo es el medio de información el que genera una agenda o el que da a conocer una información falsa, sino también los actores políticos que los utilizan –o a las redes sociales– para generar estrategias de desinformación.

Agrega que a lo complejo que ya es el tema de la desinformación se suma el tránsito entre un modelo de comunicación de pocos a muchos –el modelo clásico que tiene como paradigma la televisión, los medios tradicionales que tuvieron episodios de desinformación u ocultamiento de información– a uno que lo está desplazando, que es el de muchos a muchos, con internet y, sobre todo, con el desarrollo de las redes socio digitales.

“Entonces la situación es más complicada al tener muchas fuentes de información, algunas que sí podemos identificar a partir de los medios de información tradicionales, ya sea en su formato análogo o digital, y otras que tienen que ver con la capacidad actual de las redes sociales para poder darnos información que puede ser de diferente calidad o diferentes magnitudes, y que puede incurrir en los usos de la información, y uno de ellos puede ser la desinformación.”