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Ni alarmismo estridente ni menosprecio de la amenaza que se cierne sobre el país. Cualquiera de estas dos posiciones (que con escasa información y precaria argumentación abundan en los medios), por irresponsables, dañan la capacidad de respuesta de la sociedad y del Estado mexicano en su conjunto. Aquellas que encima calculan ventajas políticas o partidistas son, por demás, ruines.

Hasta ahora, la población ha ido de la incredulidad, indolencia y apatía al alarmismo, las compras de pánico y el miedo a salir a la calle. Hay quienes siguen sosteniendo que no pasará nada (que, incluso, se trata una impostura mundial). Y hay quienes anuncian una catástrofe humanitaria de la que pocos sobrevivirán. Ni una ni otra tienen asidero en la realidad.

Lo cierto es que el coronavirus Covid-19 –que puede llegar a provocar en las personas un nuevo Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS2)– es una amenaza a la seguridad nacional de todos los países. Pero no –hasta el momento– por su nivel de letalidad, sino por su capacidad de transmisión. Declarado pandemia, tiene la potencialidad de, en efecto, generar un contagio que alcance millones de seres humanos. ¿Qué sistema de salud podría soportar tal nivel de demanda? Ninguno en el mundo.

En descargo de la emergencia que significa lo anterior, la mayoría de quienes se contagian viven el ciclo del virus en su organismo como si se tratara de una gripe con manifestaciones leves que no necesitarán de cuidados médicos mayores, como lo han dicho las autoridades sanitarias de varios países, incluyendo México.

Ahora bien, que el Covid-19 se manifieste en la mayoría de los contagiados en su versión “leve” no debe confundir ni a la sociedad ni a las autoridades. No estamos ante una gripita. No en vano China dio la mayor respuesta ante una epidemia que se haya dado en la historia de la humanidad. Por el contrario, y como ha señalado la Organización Mundial de la Salud (OMS), el mundo camina por territorios insospechados, totalmente nuevos, en este terreno. Y ningún sistema sanitario puede bajar la guardia.

Ni alarma, ni menosprecio. Mejor que hablen los datos. Al momento de publicarse estas líneas, los casos en todo el mundo habrán superado los 150 mil, de manera inevitable. Pero trabajaremos con los registrados hasta el momento de redactar esta entrega (tarde del viernes 13 de marzo). El planeta registraba 142 mil 918 casos. De ellos habían acabado en muertes 5 mil 397. Los datos son extraídos de Worldometer, el prestigioso sistema estadístico en tiempo real.

Con los datos anteriores se podría concluir que, de todos los casos, el 3.77 por ciento habían terminado en muertes. Pero la conclusión no es tan simple. Exploremos un poco más. De todos los casos presentados, 76 mil 317 eran casos cerrados: 70 mil 920 (el 93 por ciento) se habían recuperado y 5 mil 397 habían terminado en fallecimientos (el 7 por ciento). El dato debe verse con seriedad.

Y teníamos 67 mil 747 casos activos. De ellos, 61 mil 757 (el 91 por ciento) presentaban condiciones leves de la enfermedad. Y 5 mil 990 (el 9 por ciento) se encontraban en condiciones graves o críticas.

Se trata de cifras globales y de porcentajes generales. En realidad, cada situación es distinta para cada país. En algunos lugares el porcentaje de muertes con relación al total de casos presentados es de 0.21 (Alemania) y de 0.88 (Corea del Sur), pero puede ser de 1.99 (Estados Unidos), 2.81 (España) y 3.93 (China), e incluso de 4.5 (Irán) y 7.16 (Italia), por poner algunos ejemplos. La capacidad de respuesta del país y la puesta en marcha de una estrategia adecuada hacen la diferencia. El mismo virus presentará letalidad diferente en cada nación.

Las cifras se están moviendo cada hora. Pero podemos ofrecer la lista de los países con más contagios: 1) China (80 mil 815); 2) Italia (17 mil 660); 3) Irán (11 mil 364); 4) Corea del Sur (7 mil 979); 5) España (4 mil 334); 6) Alemania (3 mil 665); 7) Francia (3 mil 3661); 8) Estados Unidos (2 mi 53); 9) Suecia (1 mi 139), y Noruega (944).

México, por su parte, hasta este momento, registra 16 casos. Todos, importados. Que ocurra un brote doméstico sólo es cuestión de días. Es inminente, de acuerdo con epidemiólogos y matemáticos. Tan desastrosas pueden ser las acciones precipitadas como la inacción. La Organización Mundial de la Salud ha avalado la estrategia y las acciones de las autoridades mexicanas. El presidente mexicano ha señalado que se enfrenta la emergencia con una estrategia basada en criterios científicos. Que sea así.