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El martes 31 de diciembre de 2019, el periódico El País anunció el final de su edición impresa para América Latina, y anuncia, simultáneamente, su transición ciento por ciento a formato digital. A sus lectores acostumbrados a la prensa escrita e impresa, nos deja sin poder hojearlo de domingo a sábado y para seguir su información hemos de ir a su nueva presentación. Anunció desde septiembre de 2019 que daría ese cambio de 180 grados y ya no podremos solicitarlo a los voceadores mexicanos en los puestos de periódicos o en las esquinas de las calles, para tener otra versión informativa del mundo y acceso a sus ensayos periodísticos por los cuales tuvimos una visión-concepción del mundo, particularmente de España, Latinoamérica y Estados Unidos. Y de la noche a la mañana, de un año viejo a uno nuevo, ya no lo tenemos en los Estados Unidos Mexicanos –alias México–, así como en Argentina.

No pocos de sus lectores acostumbrados a los medios impresos extrañaremos el formato tabloide de un diario que, al viajar por Europa, en casi todos los países se podía adquirir para encontrar en sus páginas las secciones: internacional, de opinión, su caricatura, la dedicada a España, Europa desde España, sociedad, cultura, deportes (siempre con demasiadas páginas); economía y trabajo (con poquísimas), gente, pronóstico del tiempo y contraportada, que hicieron honor periodístico a su primera plana. Todas ellas construidas con profesionalismo a través de sus directores, reporteros, escritores. Así como el suplemento sabatino Babelia. Era un placer su lectura diaria para completar la información aportada por los diarios mexicanos. Por cierto, las reflexiones medulares del extraordinario ensayo de Teodoro León Gross: “Prensa es democracia, Sr. Presidente”, en la edición del sábado 28 de diciembre de 2019, bien pueden dirigirse al presidente mexicano, López Obrador; mutatis mutandis, el Pedro Sánchez al que se refiere León Gross.

En su edición impresa, El País contribuyó a completar la información globalizada. Por sus páginas nos enterábamos de asuntos que otros medios no publicaban. Nos hará falta, aunque tengamos la opción digital, ya que hojearlo y detenerse donde uno quisiera; así como tenerlo a la mano todo el día, facilitaba su consulta. Ponerle fin a este formato provoca nostalgia en quienes nos asomamos a sus páginas cotidianamente, para con su profesionalismo periodístico tener un pluralismo en el ejercicio de las libertades. Y es que muy certeramente dicho, la prensa es democracia, ya que refuerza el auténtico poder del pueblo lector quien encontraba diversidad de opiniones que ayudaban a normar la perspectiva, a fin de analizar cuanto pasaba en el diario convivir.

Lo extrañaremos, tras haber doblado su última página del 31 de diciembre del año pasado y la voz de sus voceadores ofreciéndolo regularmente en las esquinas más transitadas de la ciudad. Es un final para empujarnos a la modernización, en el contexto de la avalancha para actualizarnos; con tal premura que a los antiguos, apenas si nos permite seguirle los pasos de lejos a las actuales generaciones que en lugar de libros impresos llevan sus computadoras portátiles. Estamos inmersos en la revolución digital que está haciendo de las bibliotecas unos museos con sus secciones de periódicos y revistas. Para esa meta van los diarios mexicanos. No hay otra opción desde que los linotipos arrasaron con los formadores, letra a letra, y, ahora, la digitalización es un cambio radical que también arrasa con las cartas y los correos.

El mundo antiguo ha llegado a su final, anunciando la era global, realmente mundial, posponiendo la creación de un Estado Universal para garantizar la paz y el final de las guerras (¡oh, Tolstoi, el de La Guerra y la Paz, vencedor con su “general invierno” de dos –¿tres con Stalin?–) representantes de la barbarie bélica: Napoleón y Hitler. Pero regreso al asunto de que el periódico El País abandona las calles (y crea desempleo), porque, obviamente –y eso no lo dijeron en su esquela– ya no era económicamente redituable. Sus 15 mil 509 números para la edición de América, serán sustituidos digitalmente. Es un salto en el transcurso del tiempo desde Johann Gutenberg (1398-1468), pues la tecnología nos está llevando a más inventos. Por lo pronto, adiós al formato impreso de El País. Bienvenida su versión digital.

Álvaro Cepeda Neri

[OPINIÓN] [COLUMNA] [DEFENSOR DEL PERIODISTA]