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Al conductor de Radio Fórmula Óscar Mario Beteta lo persiguen sus propios demonios. Su conducta misógina y grotesca con la reportera Nancy Flores (que tiene todo mi respaldo y el apoyo legal de Contralínea), quien diligente y éticamente buscó entrevistarlo para contrastar la información sobre los contratos y propuestas publicitarias de su empresa con el gobierno de Enrique Peña Nieto, lo desquiciaron al punto de gritar y agredir a la periodista.

En sus argumentaciones radiofónicas, el conductor se queja y dice ser víctima de campañas de desprestigio y difamación en su contra, de insultos y hasta amenazas de muerte, como si eso justificara sus agresiones verbales en contra de nuestra reportera, quien no hizo otra cosa más que cumplir con un trabajo periodístico profesional, de confrontar la información con Beteta para que ejerciera su derecho de responder en el mismo momento y el mismo espacio cuando se publique la investigación.

Al contrario de lo que hace Beteta, Nancy Flores defendió el derecho de réplica del conductor radiofónico, pero eso no lo entiende porque está más dedicado a halagar a los sistemas corruptos del viejo régimen que le compraban sus espacios.

Así que con esos “exabruptos”, como él les llama, Beteta pretende justificarlos por los insultos y amenazas que recibe, pero éstos no son otra cosa más que la dura crítica social ganada por su desempeño al micrófono, porque no entiende que ya no son los tiempos de antes cuando los comunicadores creían tener la verdad absoluta, en donde decían lo que querían y nadie los podía refutar; ahora, la sociedad tiene valiosas herramientas en las redes sociales y el internet para externar lo que piensa, lo que opina y lo que observa, y en ese sentido la crítica libre y abierta es pública, en donde todas las personas desde alguna posición de poder, entre ellas por supuesto los periodistas, son sujetos del escrutinio. Bienvenida la participación de la sociedad.

Así que nadie te persigue ni te difama Beteta, relax, los crímenes contra periodistas son contra quienes investigan y publican lo que está mal en la sociedad, y no contra aquellos que utilizan el micrófono para exaltar las virtudes de los poderosos, sean políticos o empresarios.

En el gremio periodístico, como en todas las profesiones y oficios, nos conocemos quienes lo ejercemos, más aún los que somos viejos y sabemos qué hace cada uno y de qué pie cojea. Tu prepotencia, Beteta, no nos intimida ni a nuestra compañera Nancy, porque no está sola, porque el periodismo serio y responsable tiene la razón de ser en Contralínea.

Miguel Badillo

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