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Las autoridades de la Universidad Nacional Autónoma de México, del Colegio de Ciencias y Humanidades y del plantel Oriente “hacemos un llamado a los estudiantes del plantel Oriente para que exijan la devolución de las instalaciones; de igual forma, a los profesores para que se manifiesten en contra de estas acciones de violencia en su escuela; también nos dirigimos a los trabajadores para que exijan respeto a su trabajo y no permitan la destrucción de las instalaciones”.

Ello, a pesar de que indicaron que “no estamos por la violencia, partimos del supuesto de que el diálogo es la única forma de resolver, entre los universitarios, nuestras diferencias”.

En el CCH Oriente, como en otras escuelas y facultades, se mantiene paro de actividades para denunciar la violencia sexual y de género que se padece en los recintos universitarios, y que hasta ahora permanece impune en la mayoría de casos y sin una solución a las demandas de generar espacios libres de violencia de género.

En un comunicado, las autoridades de la UNAM reconocieron que los jóvenes paristas anunciaron que este miércoles 12 nuevamente se continuaría con el diálogo entre ellos y los representantes del gobierno de la Ciudad de México.

También indicaron que el más importante acuerdo de los estudiantes que lleva a cabo el paro “es el presionar para que renuncie el director, y así evitar la ‘reasignación’. En los hechos, esta demanda del grupo de jóvenes que realiza el paro de actividades académicas administrativas, es despejar el camino para que su candidato a la dirección pueda ser nombrado”.

Al descalificar el movimiento estudiantil, las autoridades señalaron que los parista están “encabezados por exalumnos y asesorados por los profesores Mario Santiago Galindo, José Alfonso Lazcano (quien supuestamente es su candidato a director); Sonia Jiménez, Odilón González, además de profesores jubilados (incluido un exdirector del plantel), entre algunos otros, no es una expresión democrática”.

Según las autoridades, “la agresión, a través de las redes o en las asambleas, su cerrazón al diálogo y la destrucción de las instalaciones, son el ejemplo evidente de su irracionalidad. Se quejan de la violencia y sus acciones son extremadamente violentas. Le apuestan a la impunidad, porque parten de la idea que nadie puede actuar en contra de ellos”.