miércoles 15, julio 2020

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Berlín, Alemania. El pasado 28 de enero el presidente de Estados Unidos Donald Trump presentó junto al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, una nueva propuesta para resolver el conflicto israelo-palestino. Su “Acuerdo del Siglo” fue desvelado en sus detalles en la presencia de representantes diplomáticos de Baréin, Omán y Emiratos Árabes Unidos. El plan presentado y negociado con la parte israelita, pero en ausencia de los palestinos, prevé el establecimiento de un Estado palestino en Cisjordania y en la Franja de Gaza.

En el desglose del plan hay varias condiciones sine qua non que los palestinos tendrían que aceptar antes de obtener el reconocimiento de Israel. El nuevo mapa político de Israel contemplaría la incorporación de los asentamientos ilegales en Cisjordania, lo cual le deja el 70 por ciento al futuro Estado palestino. Además del control del valle del Jordán, el cual sirve de frontera natural con el Reino Hachemita de Jordania. Aunado a esto, el regreso de los refugiados palestinos de la diáspora sería prohibido formalmente, a la vez de que ni controlaría sus fronteras ni tendría un ejército formal para ejercer su soberanía. La existencia de enclaves israelitas y el acceso de su ejército a éstos constituirían una injerencia permanente en sus asuntos internos.

De acuerdo a este plan se le concede a Israel la capital en Jerusalén –incluyendo el sector Este reclamado por los palestinos– así como a Palestina la capital de Jerusalén en lo formal. Sin embargo aquí se trataría más bien de los suburbios de Abu Dis, los cuales fueron construidos con anterioridad con vistas de establecer ahí la nueva capital palestina. El rechazo por parte del presidente palestino, Mahmoud Abbas, fue rotundo, al igual que de la Liga Árabe y Siria entre otros más.

Además se le exige a los palestinos un reconocimiento a priori del Estado de Israel –antes de que éste reconozca a Palestina–, la suspensión del pago de pensiones a los familiares de mártires caídos considerados como terroristas por Israel. Se exige el traspaso del poder en Gaza de Hamas a Al Fatah, cuando desde 2007 ese territorio está gobernado por el grupo político igualmente considerado terrorista por Israel, a menos que explícitamente reconozca el Estado de Israel y renuncie a la violencia y al terrorismo. Es un tema delicado, al ser la división interna un punto débil de los palestinos en cara de unas negociaciones reales con Israel y sus aliados desde esa fecha.

En el caso de que la parte palestina acepte estas condiciones se podría comenzar un “proceso de paz”, el cual en el lapso de 4 años conduciría al establecimiento de un estado palestino internacionalmente reconocido. La administración de Trump agregó que planeaba invertir 50 mil millones de dólares en Palestina una vez constituida la entidad política.

El presidente palestino, Mahmoud Abbas, rechazó el plan de forma clara al declarar que “después de las tonterías que hemos oído hoy decimos mil veces no al Acuerdo del Siglo. […] No nos arrodillaremos y no nos rendiremos”. Agregó que Jerusalén no está a la venta y que los 50 mil millones de dólares prometidos son un soborno hacia los palestinos. Trump intentó contactar a Abbas por teléfono previo al anuncio pero el palestino no aceptó su llamada, según informa la oficina presidencial.

Ulteriormente el presidente anunció en una sesión de emergencia de la Liga Árabe del 1 de febrero de 2020 que no pasará a la historia como quien “vendió Jerusalén” y que rompe toda relación con Estados Unidos e Israel. “Hemos informado a la parte israelí […] que no habrá relaciones algunas con ellos ni con Estados Unidos, incluyendo los vínculos de seguridad”. Ni Ramalah ni sus aliados –entre ellos Egipto y Turquía– aceptaron los términos del Acuerdo del Siglo. Jordania, por su lado, advirtió contra una anexión de tierra palestina y reafirmó su compromiso de crear un Estado palestino en las fronteras previas al año 1967.

En marzo de 2019 el gobierno estadunidense reconoció a Jerusalén como capital de Israel y optó por trasladar su embajada ahí. Le siguieron Paraguay, Honduras y Guatemala a este paso simbólico. Después Trump reconoció la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán, territorio sirio el cual fue anexionado durante el Conflicto de los 6 días en 1967. En el Acuerdo del Siglo, Israel no solamente tendría todo Jerusalén sino los Altos de Golán y el valle del Jordán dentro de sus fronteras.

Desde el miércoles 29 de enero centenares de palestinos se han manifestado en toda Cisjordania contra el Acuerdo del Siglo y la anexión de los asentamientos ilegales en Cisjordania. A su vez, dirigentes de Hamas se han acercado a Abbas y a Al Fatah unidos en el rechazo a las medidas establecidas en dicho acuerdo. El riesgo de una escalada en la región está más alto que nunca, mientras que la alianza entre Netanyahu y Trump se solidifica. Este pacto no solamente es violatorio de la ley internacional y de resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), sino que además legitima la anexión de territorio palestino.

Ambos, Trump y Netanyahu, tienen problemas internos importantes. Mientras que el primero acaba de pasar por un juicio de impeachment por el asunto de Ucrania, el segundo sigue sin formar gobierno y teme por su carrera política por cargos de corrupción en su contra. Este acuerdo viene como una distracción sin igual para acallar a sus respectivos críticos internos respectivos. Al mismo tiempo el aval de los Emiratos Árabes Unidos y Omán al plan es un quiebre por parte del rechazo de la Liga Árabe. En la medida que Estados Unidos pueda dividir sus miembros ante la cuestión palestina.

De propserar el plan de Trump, supondría un ulterior éxito de Israel en convertirse en un territorio contiguo y coherente desde el Río Jordán hasta el Mar Mediterráneo. Habría logrado dividir a sus vecinos sobre el tema palestino creando un Estado insignificante y dependiente dentro de sus fronteras. Si ese fuera el mayor logro de Trump durante su Presidencia, marcaría su estilo para la historia reciente, la de un mandatario que impone sus reglas con base en sanciones, actos unilaterales, acompañados de un total desconocimiento de las leyes internacionales.

Con una derrota más los palestinos se dividirían entre la diáspora, los residentes en la Franja de Gaza, en Cisjordania y en Israel propiamente dicho, sin nunca materializarse sus aspiraciones de un Estado palestino propio. El proyecto de la nación de Israel de Ben-Gourión habrá podido vencer a la larga en un entorno sumamente hostil y adverso en detrimento de Palestina. A menos de que esto sea el comienzo de una seria escalada militar en la región de Oriente Medio.

Axel Plasa

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