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Montado en su caciquismo chihuahuense, Javier Corral Jurado (consentido en un noticiero para autojustificarse y donde le echan porras, gratuitas o pagadas: es decir, la publicidad disfrazada de información), por enésima vez ha mostrado de lo que es capaz un cacique que ambiciona ser candidato presidencial. Resulta que custodiado por sus guardaespaldas y armado de palos y pelota, el desgobernador se puso a practicar sus tiros de golf en un deportivo público, y un reportero le tomó fotografías, lo que provocó una más de sus rabiosas furias y dando gritos desesperados, ordenó a sus empistolados: “¡Chéquenme a este cabrón, es del narco”, como lo reportaron Jesús Estrada y Rubén Villalpando en La Jornada (1 de diciembre de 2019).

Corral Jurado tiene a la entidad en la peor de las inseguridades, pero colérico ordenó detener al reportero Gabriel Venzor Fabián del diario La Opción de Chihuahua, que se edita en la capital de ese estado, y a quien los guaruras de Corral se le fueron encima como bestias, le arrebataron su celular, le torcieron los brazos y lo retuvieron por más de una hora, al modo arbitrario del abuso del poder que ha ejercido este desgobernador. Al otro día de los vómitos de Corral, toda la información de los medios acusaba endemoniados encuentros entre los delincuentes de los cárteles del narcotráfico que tienen a Chihuahua en un baño de sangre.

Pero el desgobernador estaba jugando golf y ordenándole a sus policías que aprehendieran a un periodista que en cumplimiento de su deber lo fotografiaba practicando su deporte, en horas que debería estar trabajando. Corral no ha podido resolver los problemas de la entidad y la criminalidad lo ha rebasado, a tal grado que los mexicanos que habitan ese territorio sobreviven a esa barbarie que en su incapacidad ha permitido el desgobernador, y que genera una violencia mayor. Eso sí, no deja de arremeter contra la prensa y utiliza un noticiero de la capital del país para autoelogiarse y que la locutora lo cubra de elogios por su desempeño; aunque éste sea el de un cacique que abusa del poder.

Los policías de Corral, además, arremetieron con otros periodistas a quienes les arrebataron sus teléfonos y no se los regresaron, como lo informó el director de La Opción de Chihuahua. Éste dijo, además, que ante las denuncias de varios ciudadanos sobre Corral jugando golf a sus anchas, decidió enviar al reportero Gabriel Venzor para cubrir el asunto. Y furioso por ser fotografiado en esa acción, Corral reaccionó acusándolo de narco, a sabiendas de que es un periodista. Encima, éste externó que el jefe de escoltas de Corral, se le acercó y le dio un mensaje amenazante: “¡Dile a tu jefe que ya le baje de huevos, que se deje de mamadas!”.

Esto retrata a Corral como un déspota solamente interesado en hacer cumplir sus excesos con cargo al uso arbitrario del poder, mientras no garantiza ni el mínimo de seguridad a los mexicanos de ese territorio. Y es que es terrible lo que sufren allá, mientras Corral juega golf. Pero éste enfurece porque la prensa informa que practica esta actividad recreativa, en horas cuando debería estar concentrado en administrar y gobernar con eficacia.

Esto nos demuestra que es tal la impunidad en general de delincuentes y funcionarios contra la población en general, que no escapan a los ataques que cualquier patán como Corral les endereza. Así que una y otra vez embiste a la prensa con hechos y amenazas, como que sabe que la información y la crítica lo exhiben. Y por eso, narcos y politiquillos convertidos en funcionarios, no han dejado de agredir y hasta matar a reporteros. Lo que padeció el periodista de La Opción de Chihuahua Gabriel Venzor es una muestra más de la intolerancia infame de ese desgobernador. Lo que ordenó y ejecutaron sus guardaespaldas merece más que simplemente iniciar una queja ante la CNDH, es necesario hacer formalmente una denuncia penal ante la Fiscalía General de la República, para hacer todo lo posible y sentar ante un tribunal al desgobernador. Basta ya de recomendaciones por violación de derechos. Es necesario deslindar responsabilidades, para sentar un precedente contra los funcionarios que abusan a sabiendas de que gozan de impunidad.

Corral fue capaz de insultar al reportero, llamándolo narco y soltar a sus policías para que lo detuvieran, le quitaran su teléfono y borraran lo que había captado fotográficamente. Fue una agresión y una difamación, por lo que la CNDH y sobre todo la FGR deben conocer de una denuncia penal contra Javier Corral y sus guardaespaldas, quienes arremetieron agresivamente contra el periodista. Y contra la prensa, al estilo de los caciques que tienen el terror del poder para cometer sus ataques, a sabiendas de que la impunidad vigente los ampara para ser otros delincuentes.

Álvaro Cepeda Neri

[OPINIÓN] [DEFENSOR DEL PERIODISTA]