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Luego de que el pasado 3 de enero el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenara un exitoso ataque con dron para asesinar al militar Qasem Soleimani –líder de la Fuerza Quds de los Guardianes de la Revolución de Irán– y al comandante Abu Mehdi Al Muhandis –jefe de la milicia iraquí aliada de Teherán–, se avivó el conflicto entre ambas naciones.

Según Trump, esa ejecución fue para “detener una guerra y no para empezar otra”. Lejos de ello, las tensiones en la región continúan luego de tres ataques con misiles a Irak, en zonas dominadas por Estados Unidos.

Soleimani era considerado la segunda persona más poderosa de Irán, una figura de resistencia nacional para la República Islámica ante décadas de constantes presiones estadunidenses y estaba al mando de la estrategia política y militar iraní.

Datos del Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques dan cuenta de que Irán vivía tensiones internas antes de este ataque: tras anunciar un incremento del 50 por ciento al precio del combustible, el 15 de noviembre de 2019 iniciaron protestas sociales en todo el país que dejaron como saldo 143 personas fallecidas y al menos 7 mil detenidas.

Sin embargo, el asesinato de Soleimani unió a los iraníes en un solo clamor: venganza.

Otros conflictos mundiales

De acuerdo con el Mapa del descontento del Centro Gilberto Bosques, otros nueve países viven actualmente una situación de choque entre la población y el gobierno, causado principalmente por dificultades económicas y el disgusto con la clase política. Cinco de ellos son del continente americano (Haití, Colombia, Chile, Ecuador, Bolivia), tres de Asia (Irak, Líbano, China) y uno de Europa (España).

Del análisis se desprende que los casos de Haití y Chile comparten la exigencia de la destitución de sus respectivos presidentes, a través de movilizaciones masivas. Los haitianos, descontentos por la escasez de gasolina y por la corrupción, piden la renuncia de Jovenel Moïse, lo que ha dejado 42 personas muertas y 86 heridas en las manifestaciones que se han desarrollado durante casi todo el año. Unos 4 millones de chilenos hartos de la desigualdad generalizada –y del aumento al costo del transporte público– salieron a las calles desde el 25 de octubre de 2019, para pedir la renuncia de Sebastián Piñera. Éste ha reprimido a su pueblo, lo que ha dejado centenas de heridos y decenas de muertos; además ha realizado cambios en su gabinete para, supuestamente, alcanzar un acuerdo y redactar una nueva Constitución.

Situación parecida viven Colombia y Ecuador: según el Mapa del descontento, las poblaciones de ambos países han expresado su malestar con sus gobiernos mediante protestas. En el primero, se convocó a un “paro nacional” contra el presidente Iván Duque para impedir que se aplique el paquete de medidas que preparó el Ejecutivo; y en el segundo, a través de manifestaciones lideradas por el movimiento indígena se han rechazado las medidas de austeridad impuestas por el presidente Lenín Moreno.

Por su parte, los bolivianos, los libaneses y los iraquíes han tenido grandes avances en la destitución de mandatarios y ministros, de acuerdo con el Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques.

En el caso de Bolivia, el conflicto se avivó con la renuncia del presidente Evo Morales el 20 de octubre de 2019, considerada por México como un golpe de Estado. Ello, porque además de ser propiciada por la milicia de ese país, estuvo respaldada por mandatarios de otros países y la Organización de los Estados Americanos, que respaldaron la presidencia interina de Jeanine Áñez.

Respecto de Líbano, el análisis apunta que las movilizaciones sociales provocadas por el incremento de impuestos consiguieron la dimisión al cargo del primer ministro Saad Hariri. Y en Irak con la presentación, el 29 de noviembre de 2019, de la probable renuncia del primer ministro Adel Abdul Mahdi, después del reporte de 50 fallecidos, tras las manifestaciones en reclamo de servicios públicos, puestos de trabajo y erradicación de la corrupción.

Finalmente, en lo que respecta a los conflictos internos en España y China, se centran en las regiones de Cataluña y Hong Kong. Los manifestantes de Hong Kong permanecen en la lucha por no perder la independencia y el status diferenciado del resto del territorio Chino, y los protestantes en Cataluña mantienen el rechazo a las sentencias de entre 9 y 13 años de prisión dictadas contra nueve líderes independistas catalanes.

Viridiana García