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El 19 de diciembre de 2019, la periodista Guadalupe Lizárraga en la conferencia de prensa del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, presentó entre otros el caso de Antonio Barragán Carrasco y la intervención del empresario Eduardo Gallo. Indicó el titular del Ejecutivo que la Secretaría de Gobernación (Segob), encabezada por Olga Sánchez Cordero, atendería este caso que la revista Contralínea y sus lectores ya conocen.

Los delitos por los que se acusa a Antonio Barragán Carrasco han sido resultado de una fabricación encabezada por Eduardo Joaquín Gallo y Tello en coalición con diversos funcionarios públicos pertenecientes al Poder Judicial y al Poder Ejecutivo, incluidos jueces, ministerios públicos, médicos legistas, custodios. Se destaca en aquel tiempo el juez Jesús Valencia Valencia, el ministerio público Concepción Cuevas, el policía Rey David Hernández Flores y el entonces director del Penal de Atlacholoaya, Morelos, Jesús Sebastián Insunza Gutiérrez.

Prueba de esta fabricación de delitos de la que ha sido víctima Barragán Carrasco, es que en ninguna de las causas que obran en su contra existe prueba plena que lo vincule con alguno de los delitos que se le acusa y que, en algunos de ellos, ya ha sido sentenciado.

No se tomaron en cuenta los testimonios e insistentes señalamientos del involucramiento que tenía el señor Gallo con autoridades del penal de Atlacholoaya. Lamentablemente no estuvo al alcance de Antonio ni de sus coacusados aportar los elementos de prueba, no obstante los esfuerzos realizados ante el ministerio público, el juez de alzada y los organismos públicos de derechos humanos.

Como ejemplo se cita la ratificación de declaración ministerial de Antonio del 10 julio de 2002. En ella se señala:

“Que no ratifica [Antonio Barragán Carrasco] su declaración ministerial [del 28 de septiembre de 2001], tampoco la declaración preparatoria [del 24 de septiembre de 2001], pero que sí ratifica su declaración [del 9 de marzo de 2002]. Agrega: ‘yo quiero declarar la verdad desde el principio, cuando me detuvo el señor Eduardo Gallo Téllez, el papá de Paola, no sé cómo se llame; este señor me obligó a declarar. Desde el momento en el que me detuvo a golpes, confesé todo lo que él quiso. Este señor me decía que si no aceptaba los homicidios de los secuestradores de su hija mataría a todos mis hijos. Yo tenía que declarar que sí era culpable porque Luz Edith mencionaba que nosotros habíamos matado a los secuestradores. Me preguntaba que si yo conocía a Gilberto Aguirre y a su hermano y al gordo. Y que si no decía que ellos me habían acompañado a matar a los secuestradores, él va a violar a mi hija ya que los tenía bien ubicados. Con todo esto me hizo declarar lo que declaré; pero la verdad yo, Antonio Barragán Carrasco, Gilberto Aguirre Bahena y Guadalupe Aguirre y el Gordo la verdad no tenemos que ver nada con [esos hechos]. En la segunda declaración que declaré aquí me desistí de la primera declaración donde no aceptaba yo los homicidios. Este señor entro aquí dentro del penal a torturarme y amenazarme con matar a toda mi familia y obligarme a aceptar los homicidios de los tres secuestradores de su hija, Paola Gallo. La segunda vez volvió a entrar a este penal a torturarme, ordenándome que me sentara a en una silla y luego me amarró de pies y manos, poniéndome mucha cinta canela en la boca y diciéndome que él se encargaba de mis hijos, de buscarles un nuevo padre. Por todas estas amenazas me hizo declarar y me obligó a declarar lo que declaré en contra de Gilberto Aguirre; pero todo lo que declare fue porque ya no aguantaba las torturas. Como prueba de todo esto, mandé una queja a derechos humanos, y me contestaron que todo era mentira. Me decía Eduardo Gallo que no tenía derecho a tener ningún abogado particular, que él me iba a poner uno de oficio para que me llevara mi caso. La prueba de esto: yo tenía un abogado particular que se llama Bernardo Ortiz Coronel. El día que iba a tener el primer careo con las personas involucradas en esto, en presencia del agente del ministerio público y el licenciado Jesús Valencia Valencia, mi abogado particular abandono el caso por amenazadas de ese señor. Su careado tiene razón: no debemos nada de esto. Y quiero dejar bien claro que el día que el señor pasó a torturarme en el penal, mi mamá y mi esposa me vieron cómo estaba de golpeado [27 de marzo de 2001]. Yo declaré así, porque este señor Eduardo Gallo me preguntaba por Gilberto, su hermano y el gordo […].”

El 28 de agosto de 2002 se llevaron a cabo los interrogatorios entre Antonio Barragán Carrasco y Eduardo Gallo, como obra en el expediente:

“…Interrogatorio: Que diga si recuerda las fechas en que refiere entró al penal el señor Gallo.

“Respuesta: una fecha sí la recuerdo, el 27 de marzo 2002. Ese día tenía visita íntima y me fueron a sacar, las otras fechas ya nos recuerdo. El señor entraba con otro más, de visita. Sí lo reconoce y si lo ponen enfrente sí lo reconozco […].”

El director del penal de Atlacholoaya, Morelos, en ese tiempo, Jesús Sebastián Insunza Gutiérrez, permitió que Eduardo Gallo ingresara sin dejar registro en la aduana del Centro de Readaptación Social para interrogar y torturar a Antonio Barragán y coacusados, en aquellos años inicios del nuevo siglo.

Además de su complicidad en actos de tortura, recordamos que el director del penal de Atlacholoaya fue acusado de cobrar servicios a los internos. Por ello, ya el 27 de enero de 2009 más de 100 reclusos de la Penitenciaría Central de Santa María Ixcotel, en el municipio conurbado de Santa Lucía del Camino, Oaxaca, se amotinaron y lo retuvieron en el patio central durante unas 3 horas, para exigir su destitución.

El señor Gallo cometió como particular múltiples excesos en el ejercicio de su carácter de “vengador”, cometiendo ilícitos y daños, causando secuelas de orden jurídico los que la autoridad tendría que conocer y juzgar.

Adrián Ramírez

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