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Porfiria, una anciana que vive en Chimalhuacán –Estado de México–, pide limosna todos los días en la línea 3 del Sistema de Transporte Colectivo Metro de la capital del país.

Para ella, su único ingreso fijo –los 2 mil 550 pesos bimestrales que recibe del Programa para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores– no le alcanza para sobrevivir. Tan sólo la renta del lugar que habita le cuesta 1 mil 500 pesos al mes.

Obligada a buscar más ingresos, doña Porfiria se traga su orgullo y sale a pedir caridad. Ya por la tarde noche, la anciana empieza a arrastrar su tanque de oxígeno hacia el transbordo de la estación Centro Médico –para ir de la línea 3 a la 9– y así regresar a casa.

Sus pasos son lentos, porque sufre del nervio ciático, las rodillas y tiene dificultades para respirar. A veces, como en esta ocasión, su tanque ha sido insuficiente para cubrir su jornada, por lo cual se aletarga más su andar.

Las cifras más actuales del Consejo Nacional de Población (2017) indican que en el país viven 12 millones 973 mil 411 personas mayores de 60 años. También refieren que el 41.1 por ciento de la población mayor de 65 años se encuentra en condiciones de pobreza; 34.6 por ciento sufre pobreza moderada, y 6.6 por ciento, extrema. Como doña Porfiria, el 18.4 por ciento carece de vivienda.

La anciana vive con su hija adoptiva Marisela, de 54 años de edad. Esta última también depende de las pocas monedas que consigue su madre, pues al padecer debilidad visual, artritis y úlceras varicosas no puede salir a la calle ni tener un trabajo.

Doña Porfiria nunca tuvo hijos biológicos. Cuenta que durante su vida laboral tuvo dos empleos: uno como costurera y el otro como ama de casa. Actualmente ya no puede trabajar, y por ello recurre a las limosnas.

Isaac Hernández

[CONTRALUZ]