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“Aquí nadie roba: si vas a estar aquí, [debes hacerlo] tranquilo y sin ofender”, dice Brayan cuando se le pregunta sobre su vida en la comunidad callejera de La Mariscala. “Yo vivo feliz y a gusto”, dice, luego de narrar que huyó a la edad de 9 años de su hogar, por decisión propia. Hoy, a sus 54 años, desarrolla su vida en las calles, juntando y vendiendo cartón. Sus herramientas de trabajo son su “carrito tamalero” y una “llave de seguridad”.

Con otras siete personas y un perro llamado Canelo, Brayan vive sobre una banqueta, en la esquina de Tacuba y Eje Central Lázaro Cárdenas, en la alcaldía Cuauhtémoc de la Ciudad de México (CMDX).

En la capital hay un total de 6 mil 754 personas en situación de calle, de las cuales 4 mil 354 habitan en el espacio público, y los 2 mil 400 restantes son atendidos en albergues y Centros de Asistencia e Integración Social, refiere el Diagnóstico situacional de las poblaciones callejeras 2017-2018.

Este análisis divide a las poblaciones callejeras en tres según sus conductas sociales: creación de grupos abiertos de cuidado mutuo, conducta solitaria y conducta adictiva.

Los habitantes de La Mariscala cumplen con la conducta de cuidado mutuo: se reúnen de forma continua durante el día, nunca están completos porque la mayoría trabaja, sólo se ven para comer, descansar y por las noches, para dormir. Aunque no son familia, se tratan como una.

José Luis Parra o Santa Marta también es integrante de la comunidad. Salió de su hogar en Puebla para no dar un mal ejemplo a su familia, debido a su adicción al alcohol y a otras sustancias. Actualmente vende chocolates, rastrillos y cigarros en las calles del Centro Histórico. En su espacio tiene lo necesario para aguantar el frío nocturno junto con su pareja, a quien conoció en las calles. Para Santa Marta, como le gusta que lo nombren, el aseo es muy importante, por eso se baña y lava su ropa en las fuentes de la Alameda Central a las 5 de la mañana.

Dentro del grupo también está José Luis, conocido como el muletas, un hombre de mediana edad, discapacitado, que pide caridad frente a la banqueta. Es de los pocos que tiene pareja dentro del grupo; ella, cuyo nombre no quiso revelar, lo apoya y vende chicles para sacar unos cuantos pesos.

Un chico huérfano de nombre Juan Adrián Montalvo, amigo de la comunidad de La Mariscala, se prefiere solitario. “La sangre y el terror me roban la confianza de vivir en las calles como ellos”. Por eso, explica a Contralínea, busca espacios cerrados y seguros, como cajeros de bancos y entradas de edificios.

La violencia que aqueja su mundo lo perturba. El joven cree fielmente que el arte de ser payaso le da el poder único de compartir amor, fé, caridad y esperanza. Se gana la vida sacando sonrisas, pero el dinero que obtiene es insuficiente para buscar asilo seguro.

Para ellos todo es violencia. Samuel se desplaza de La Mariscala a Artículo 123 esquina con Revillagigedo, donde recolecta cartón para después venderlo. De origen tabasqueño vino a la Ciudad buscando mejores oportunidades de vida. En su anterior trabajo, como recolector de limones en su tierra natal, ganaba mejor: por el cartón nacional obtiene 1 peso; por el de Estados Unidos, 1.50 pesos.

En esa calle de Artículo 123, sobre todo en la esquina con Balderas, se observa una gran población de personas en situación de calle. Todos son adictos al alcohol y las sustancias psicoactivas.

Adrián y Samuel viven a diario la discriminación y estigmatización, pese a que se ganan la vida honestamente. Lo que ganan no les alcanza para salir de la extrema pobreza en la que sobreviven.

El Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México define a esta población vulnerable como “toda persona o grupos de personas con o sin relación entre sí, que subsisten en la calle o el espacio público utilizando recursos propios y precarios para satisfacer sus necesidades elementales”.

Estas personas ocupan plazas, puentes, edificios abandonados, camellones y banquetas por diversos factores, que incluyen la falta de opciones, decisión propia, adicciones, desintegración familiar y violencia en el hogar.

Las cuatro alcaldías con mayor presencia de personas sin hogar son Cuauhtémoc, con 1 mil 303 individuos; Gustavo A Madero, con 1 mil 3; Venustiano Carranza, con 869; e Iztapalapa, con 465, indica el Diagnóstico situacional de las poblaciones callejeras 2017-2018realizado por el Instituto de Asistencia e Integración Social (ahora Instituto para la Atención de Poblaciones Prioritarias) y la Secretaría de Desarrollo Social local (ahora Secretaría de Inclusión y Bienestar Social).

Nayeli Escalona

[CONTRALUZ]