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En el caso del presidente de la Suprema Corte de Justicia (e injusticias) de la Nación, Arturo Zaldívar, no fue López Obrador quien sometió ese Poder Judicial al poder del Ejecutivo Federal que preside el inquilino de Palacio Nacional. Es el propio Zaldívar quien ha ido entregando esa institución para anular de un plumazo la división de poderes y su separación, tal y como lo exige la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Con lo cual, ya en una persona se reúnen esos dos poderes; a los que además está sumado el Legislativo, para regresar a la transformación de Santa Arma y a la de Porfirio Díaz.

Éstos, los personajes que llevaron a cabo las dos desastrosas centralizaciones políticas, económicas y sociales de la historia nacional; y ahora, de la historia lopezobradorista cuando su líder ha logrado ir de la unión a la unidad. Arrastrando de esta manera a las principales instituciones del Estado federal a su desaparición y reinstalar el Estado Unitario para ir anulando, de pasada, a la Constitución Política de 1917, con las reformas y contrarreformas que cada presidente y sexenio han impreso en ella, y que va desde Venustiano Carranza al mismo López Obrador.

Sí es cierto –como se dice– que Calderón presionó en al menos dos ocasiones a la Suprema Corte: en los asuntos de Florence Cassez y en el de la Guardería ABC de Sonora (se rumoró que fue para darle impunidad a una de las dueñas del local por ser familiar de su esposa Margarita Zavala; pues en el lugar murieron calcinados 49 niños y más de 100 resultaron con quemaduras que los afectarán por el resto de su vida). El caso es que también tenemos hoy las presiones de López Obrador, en una ellas para obligar a la renuncia de un ministro corrupto, para ir “alineando” a la Corte a los intereses presidenciales, tal y como lo hicieron los presidentes de la República desde Miguel Alemán Valdés a enrique Peña Nieto.

De esta manera se continúa con la misma historia de abusos del poder. Así que para esquivar las nuevas presiones, Zaldívar optó por entregar la Corte –ya no priísta ni panista, pues asimismo Fox y Calderón abusaron del poder para presionarla–; convirtiéndola en morenista. Por lo que hoy, en lugar de tres poderes tenemos uno. Ha llegado a tanto esa unidad que han deslizado la propuesta lopezobradorista de cobrar impuestos a quienes soliciten amparos para controlar ese derecho y que nadie se atreva a interponerlos, como en el caso del proyecto aeroportuario de Santa Lucía; el cual han declarado como de seguridad nacional para construir una nueva pista, al lado de las dos militares.

Zaldívar, pues, haciendo malabarismos verbales, hizo de la independencia de la SCJN una actual dependencia, lo cual dificulta y casi anula que los mexicanos podamos tramitar amparos para todos los efectos de defensa y libertades, como lo establece la Ley Suprema ya casi abrogada; es decir, a punto de perder vigencia. Y todo porque el presidente de la Suprema Corte se doblegó ante el lopezobradorismo, en lugar de “pintar su raya” acatando la legalidad de nuestro derecho positivo, y se sometió al morenismo para entregar a la Suprema Corte. En lo que lleva López Obrador en Palacio Nacional, Arturo Zaldívar ha ido a ese recinto varias veces para recibir, “con todo respeto”, las presiones del presidente de la República en vías de perder lo republicano.

Álvaro Cepeda Neri

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