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El pasado 7 de diciembre falleció el luchador social Cirino Plácido Valerio, llamado tata cheé por los na’saavi de la Costa Chica y la Montaña de Guerrero. El “hermano mayor” de decenas de comunidades na’saavi, me’phaa, nahuas y n’ancué murió en un hospital público de la Ciudad de México durante los primeros minutos de ese sábado.

Se fue invicto el indígena, campesino, defensor de derechos humanos y líder na’saavi. Sufrió la represión, pero nunca fue derrotado. Se decantó por el zapatismo y fue promotor entusiasta del Congreso Nacional Indígena (CNI) en Guerrero y también del Concejo Indígena de Gobierno (CIG). Junto con otros liderazgos fue fundador de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias-Policía Comunitaria (CRAC-PC) en 1998, del Concejo Indígena y Popular de Guerrero-Emiliano Zapata (Cipog-EZ) en 2008 y de la CRAC-PC de los Pueblos Fundadores (CRAC-PC-PF) en 2013.

Originario del ejido de Buena Vista, municipio de San Luis Acatlán, Guerrero, Cirino Plácido destacó como organizador desde 1992, cuando participó en la fundación de Concejo Guerrerense 500 Años de Resistencia Indígena, Negra y Popular, y la primera Policía Comunitaria, en 1995. En 1996 construyó, junto con decenas de liderazgos indígenas de todo el país, el CNI. Veinte años después ratificaría esa convicción con su participación en la fundación del CIG.

El zapatismo fue para él un faro moral, ético e ideológico. Abrazó la lucha en defensa de los derechos y la cultura indígenas. Sobrevivió a la represión de los poderes formales y fácticos y no sucumbió ante los ofrecimientos de dinero y poder. Se mantuvo al margen de presupuestos públicos y rompió con compañeros de lucha que, consideró, fueron cooptados por las autoridades o, a su juicio, equivocaron la lucha al aceptar el reconocimiento del Estado.

Construyó un liderazgo “natural”, desempeñando cargos en su comunidad siempre bajo mandato de la asamblea. En el sistema de cargos comunitarios, fue comisario municipal (2005-2006) y presidente del Comisariado de Bienes Ejidales (2010-2013). En representación de su comunidad y de la región, fue delegado del CNI y concejal del CIG. A diferencia de otros liderazgos indígenas, igualmente legítimos y capaces, Cirino Plácido Valerio se declaró abiertamente zapatista.

De acuerdo con un comunicado para despedir a Cirino –firmado por el Cipog-EZ; el CNI y el CIG en Guerrero, y la CRAC-PC-PF–, las organizaciones guerrerenses señalan: “Fue un compañero que siempre privilegió la palabra y la toma de decisiones de manera colectiva por encima de cualquier otra cosa, pero supo empuñar el fusil cuando fue necesario”.

En su pueblo fueron recibidas con entusiasmo las propuestas e iniciativas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y del CNI y el CIG. El zapatismo también se nutrió de los pueblos indígenas de la región e irradió en Guerrero desde San Luis Acatlán.

Las organizaciones de las que hasta el día de su muerte formó parte reconocen: “La huella profunda y el legado que nos dejó Cirino Plácido Valerio, nuestro hermano mayor, nuestro Tata Cheé, y que hoy y siempre asumimos como tarea, no es menor.  Es un reto tan grande como su pensamiento. Continuaremos con sus pendientes. Sigue el sueño de construir ese espacio de aprendizaje y de compartición de saberes, que levantaremos cueste lo que nos cueste. Cirino dejó los cimientos y es tarea de las nuevas generaciones que el Centro de Saberes en el Ejido de Buena Vista sea una realidad, así como la autonomía y la libre determinación de los pueblos de Guerrero, México, Latinoamérica y el mundo”.

El Ejido de Buena Vista es un ejemplo de organización indígena exitosa al margen de los tres niveles de gobierno. Por ello, hay mucho en disputa en toda la región. Estaremos atentos a la solidaridad que reciban las sólidas generaciones de las comunidades que continúan con los proyectos. Y también a las amenazas que se ciernen sobre los pueblos cuando parten liderazgos como el de Cirino Plácido Valerio.

Zósimo Camacho

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