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I. El pasado 16 de octubre se cumplieron 8 años que en su última columna –escrita el día anterior a su muerte– nos dijo adiós Miguel Ángel Granados Chapa. Dije una ocasión, en su presencia, que a mi juicio él era el Francisco Zarco de nuestro tiempo, por ser un individuo íntegro a toda prueba y por las cualidades éticas de republicanismo-democrático de su trabajo periodístico, a su paso por periódicos y revistas a los que dedicó su preparación, inteligencia, conocimientos y caballerosidad (con el “usted” por delante). Siempre humilde para con sus semejantes, hijo de una maestra hidalguense y con excepcional memoria, la gran capacidad para el manejo del idioma –con sus diccionarios de cabecera– en sus columnas fueron complemento de sus cátedras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Gran dedicación prodigaba a la amistad, dándose tiempo para sus hijos, sus amores y acceder a la Academia Mexicana de la Lengua, con el discurso: Letras de canciones como arte poética (amaba la música en general y sabía las letras de todos los boleros). En su trabajo escrito y en radio (Radio Educación) fue crítico, polémico y reconocía los aciertos de la vida pública; multiplicándose con férrea voluntad para cumplir con todas las obligaciones a las que se comprometía.

II. A Granados Chapa lo sujetaba un factor común: su racionalismo por el periodismo. “Desde niño quise ser periodista, me aficioné y hasta me obsesioné por la información. Era la época de la radio. Entonces yo era muy aficionado a la radio. De ahí viene mi apego a la música y a la información, oía los noticieros sistemáticamente” (entrevista de Leonardo Frías Cienfuegos; El Financiero, Página Cultural, 12 de octubre de 2016). En esas palabras está la autobiografía del hidalguense que en su Plaza Pública (reproducida en casi todos los diarios de los estados), hizo del columnismo una tarea por la libertad de expresión, la crítica elegantemente impecable e implacable, para dar a los lectores su opinión sobre los hechos nacionales, facilitando con ellos el diálogo-discusión. No hubo asunto que no abordara para cuestionarlo muy seriamente, pues su concepción periodística fue informarse para informar; muy atento a los acontecimientos de la vida pública y sus actores. Sin tregua alguna analizaba los hechos recogidos en su periodismo de investigación, dando en el blanco con sus comentarios. Siempre al día de los sucesos nacionales, con su apego a lo jurídico-constitucional y su criterio de las políticas republicanas, logró equilibrar el cómo, para qué y porqué de las decisiones gubernamentales y del sector privado como actores de la Plaza Pública.

III. Con el escudo de la Constitución defendió las libertades de prensa; las que ejerció sin concesiones de ninguna especie para exponer su cotidiano mirar, pensar y escribir, detrás de la seriedad que rompía con una sonrisa y acomodándose las gafas constantemente con el índice izquierdo. Profesor universitario, fue maestro de periodismo para quienes leyeron sus casi 45 mil cuartillas; las que serán seleccionadas para publicarlas como libros. La banca nuestra de cada día; Alfonso Cravioto, un liberal hidalguense; ¡Nava sí. Zapata no! ¡Escuche, Carlos Salinas!; y su último libro: Manuel Buendía: el primer asesinato de la narcopolítica en México, con prólogo de Tomás Granados Salinas, son textos que ejemplifican su tarea de investigación. Así que en este su octavo aniversario luctuoso –como todos los días desde entonces– evocar a Granados Chapa es recordar a un nuevo Francisco Zarco; también por su patriotismo, la causa del pueblo con sus demandas. Y quien no permitió ningún acto póstumo para celebrarlo, resistiendo firmemente todas las tentaciones. Ese fue y es Miguel Ángel Granados Chapa, un mexicano ensimismado más de 3 décadas en su trabajo de periodista; aunque también desempeñó actividades administrativas.

Ficha bibliográfica:

Autor:        Miguel Ángel Granados Chapa

Título:        Buendía. El primer asesinato de la narcopolítica en México

Editorial:    Grijalbo, 2012

Álvaro Cepeda Neri

[OPINIÓN] [EX LIBRIS]